MUNDIAL DE RUSIA 2018

SUSPIRO DE ALIVIO EN KAZÁN

Silva trata de rematar en posición acrobática rodeado por seis jugadores de Irán y ante la atenta mirada de Diego Costa, que volvió a marcar anoche. :: afp
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Silva trata de rematar en posición acrobática rodeado por seis jugadores de Irán y ante la atenta mirada de Diego Costa, que volvió a marcar anoche. :: afp

España ofrece una pobre versión y sufre una tortura para derribar el muro iraní gracias a un gol de rebote y un chivatazo benéfico del VAR

JON AGIRIANO

Estrellada contra el muro iraní todo el partido, España logró ayer en Kazán una de esas victorias agónicas que se celebran con un gran suspiro de alivio. A falta de un fútbol imaginativo y dinámico, que es lo que exigía el rival, el equipo de Fernando Hierro necesitó de un gol de rebote de Diego Costa y un chivatazo benéfico del VAR, ambos en la segunda parte, para sumar tres puntos que dejan muy encarrilado su pase a octavos. Bastaría con empatar en Kaliningrado ante Marruecos, ya desahuciada y se supone que deprimida por la mala fortuna que le ha perseguido en este Mundial. Ahora bien, mucho tendrá que mejorar España respecto al encuentro de ayer si quiere tener opciones en Rusia 2018. Una cosa es que Irán fuese un dolor de muelas, que lo fue, y otra acabar con el corazón en un puño. Taremi, de hecho, tuvo el empate en el minuto 83 en un cabezazo desde el borde del área pequeña.

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Desde el arranque, España se encontró con lo que esperaba, pero en una dosis mayor. Imaginaba cucharada y tuvo cucharada y media. De una Irán ultradefensiva, se entiende. Los pupilos de Queiroz, plantados con un 5-4-1, con Azmoun como único hombre arriba, o incluso con un 6-4-0 si veían que el rival ganaba terreno y se les acercaba al felpudo del área, se metieron en faena como un solo hombre. Les gusta defender y se les nota. Sus jugadores son de los que se felicitan y dan palmadas y abrazos de obrero tras un buen despeje, un cruce puntual o una oportuna cobertura.

Irán
Beiranvand, Rezaeian, Hosseini, Pouraliganji, Haji Safi (Mohammadi, min. 69), Ebrahimi, Taremi, Ezatolahi, Amiri (Ghoddos, min. 86), Ansarifard (Jahabakhsh, min. 75) y Azmoun.
España
De Gea, Carvajal, Piqué, Sergio Ramos, Jordi Alba, Busquets, Iniesta (Koke, min. 70), Lucas Vázquez (Marco Asensio, min. 79), Isco, Silva y Diego Costa (Rodrigo, min. 89).
Gol
0-1: min. 54, Diego Costa.
Árbitro
Andrés Cunha (Uruguay). Amonestó a Amiri y Ebrahimi.
Incidencias
Partido correspondiente a la segunda jornada del grupo B del Mundial de Rusia 2018, disputado en el Kazan Arena, ante 42.718 espectadores.

Están en su salsa resistiendo asedios y hay que suponer que se enorgullecen de su labor ingrata pero honrada. Si a un tipo de rival así, tan convencido de su propuesta, de su efectivo catenaccio persa, se le unen miles de seguidores en las gradas del Kazan Arena haciendo sonar una especie de trompetas horribles, al estilo de las vuvuzelas sudafricanas de infausto recuerdo, no es exagerado decir que la selección española vivió una tortura desde el pitido inicial.

LAS CLAVES La falta de concentración y fragilidad defensiva que mostró la tropa de Hierro en el arreón final iraní Taremi tuvo el empate en el minuto 83 en un cabezazo desde el borde del área pequeña

Imaginación a cuentagotas

Y lo llevó mal. Su dominio en la primera parte fue absoluto. Irán sólo se aventuró dos o tres veces en campo rival. Ahora bien, no sirvió de nada. Salvo un par de remates peligrosos de Silva, Beiranvand apenas tuvo que intervenir. Fernando Hierro había hecho una apuesta ofensiva, consciente de las dificultades y de la necesidad de abrir mucho el campo. Arriesgó con Carvajal y metió a Lucas Vázquez en lugar de Koke. Quería profundidad por las dos bandas. Y no la tuvo. España no encontró resquicios en la montonera iraní, donde defendían todos. Taremi, un buen delantero que acabaría demostrándolo en la recta final del encuentro, se dedicaba a tapar las entradas de Jordi Alba.

Recordaba un poco a Eto'o jugando con el Inter, cuando Mourinho le puso a defender por la derecha ante el Barça en la Champions. Irán, de hecho, era un poco aquel Inter, aunque con peores jugadores. Eso sí, en lo que se refiere a voluntad de achicar agua, despejar balones al infinito y más allá o perder tiempo, muy parecido. Era un día para llevar la imaginación al poder. Isco, Iniesta y Silva, sin embargo, no lo consiguieron durante toda la primera mitad y sólo con cuentagotas en la segunda. También era un día para buscar golpeos desde fuera del área o una oportunidad a balón parado, pero España, imprecisa y ansiosa, no acertó a provocar ese tipo de situaciones. Necesitaba más ritmo y los persas se lo negaban por todos los medios. Puestos a pedir, también necesitaba La Roja un pellizco de suerte, arma letal contra la que no valen las murallas.

Pues bien, justo esto es lo que tuvo en el minuto 54. Había salido con más velocidad en la reanudación, con Isco muy activo por la izquierda e Iniesta más enchufado. Una jugada del manchego terminó con un pase a Diego Costa del que pareció que no iba a salir nada y salió petróleo tras un rechace de Rezaeian que rebotó en el delantero hispano-brasileño y se coló.

Exceso de tranquilidad

El gol tuvo un efecto doble. Tranquilizó a los españoles hasta en exceso, como el montañero que se toma un respiro tras hollar un ocho mil. Y agitó a Irán, que tuvo un pequeño arrebato y salió en busca de aventuras. En el minuto 61, rascó una falta cerca del área de De Gea. Tras el lanzamiento se produjo un barullo que terminó con un gol de Ezatolahi. Los persas lo celebraron como el de Iniesta en Sudáfrica.

Andrés Cunha, sin embargo, recibió una advertencia del VAR. Fueron dos minutos de enorme tensión que terminaron con la anulación del tanto por fuera de juego y el suspiro del equipo español. Normal. Se le venía encima una situación de enorme riesgo con su rival eufórico y las trompetas de Jericó (o de donde fueran) anunciando la gloria eterna de los chiíes.

La gestión de la media hora final fue muy pobre por parte de La Roja. Alarmante, se podría decir. Siendo grave, lo peor no fue que no consiguiera aprovechar los pequeños espacios que empezó a tener. Aunque es cierto que, en una jugada ensayada, el 2-0 pareció hecho en un remate de Sergio Ramos que ni Piqué ni Diego Costa fueron capaces de empujar sobre la raya, no creó ocasiones. No. Lo peor es la falta de control y fragilidad defensiva -como se evidenció en un derechazo de Ansarifard justo antes del gol de Costa- que mostró la tropa de Hierro en los desesperados arreones iraníes del tramo final del partido. Ese sufrimiento no estaba previsto. No podía estarlo.

 

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