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Senegal aprovecha el desastre polaco

El senegalés Salif Sané agarra a Grosicki para despejar el balón. :: reuters
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El senegalés Salif Sané agarra a Grosicki para despejar el balón. :: reuters

Un gol en propia puerta de Cianek y un regalo del errático Krychowiak sirven en bandeja el triunfo al combinado africano

MIGUEL OLMEDA

Hubo un tiempo huérfano de 'smartphones' en el que la numerología cumplía funciones de Google en la previa de los partidos mundialistas. El '6' era mediocentro y el '10', enganche. En la Copa de los 'millenial' Polonia debutó con un '6' disfrazado de '10', pero el engaño duró menos de un cuarto de hora. Krychowiak echó por tierra con tres pérdidas en el eje y una amarilla a la seguidilla el dicho de que la pelota no se mancha. Daba pena verla.

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El exfutbolista del Sevilla es un fiel reflejo de toda una generación polaca que en su día ilusionó con talento pero al que las lesiones han terminado por esquilmar. De los Piszczek y Blaszczykowski que jugaron la final de Champions en 2013, ni rastro. Del Milik que costó hace dos veranos 30 millones, tampoco.

Polonia
Szczesny, Piszczek (Bereszynski, min. 83), Pazdan, Cionek, Rybus, Blaszczykowski (Bednarek, min. 46), Krychowiak, Grosicki, Zielinski, Milik (Kownacki, min. 73) y Lewandowski.
Senegal
N'Diaye, Wague, Koulibaly, Sané, Sabaly, Mané, A. N'Diaye (Kouyaté, min. 87), Gueye, Ismaila, Diouf (N'Doye, min. 60) y Niang (Konaté, min.75).
Goles
0-1: min. 38, Cionek (p. p.). 0-2: min. 61, Niang. 1-2: min. 86, Krychowiak.
Árbitro
Nawaf Shukralla (Baréin). Amonestó a Krychowiak, Sané y Gueye.

Llevan los gurús más de dos décadas avisándolo: el próximo Mundial lo ganará una selección africana. Por descontado que no será el caso de esta Senegal, aunque Sadio Mané continúe empeñado en demostrar que es buenísimo. El extremo del Liverpool no puede hacerlo todo y hasta nueva orden el fútbol sigue siendo un deporte de equipo. Para sacar el balón debían aparecer futbolistas como Koulibaly y para llevarlo al campo rival debían erigirse otros como N'Diaye. Debían, pero no lo hacían.

LA CLAVE Entre Bednarek y Szczesny dejaron la casa sin barrer y el balón franco para que Niang marcase el 0-2

En pleno despropósito fue la selección africana quien se llevó un botín inmerecido. Qué culpa tendrían los pobres aficionados desplazados a Moscú de quedarse sin celebrar goles por primera vez en este Mundial. Piszczek le perdió la cara al balón en una acción dividida y de su descuido infantil nació el tanto senegalés. Niang, antes villano fallando un mano a mano, recuperó la pelota que Gueye alojó lejos del alcance de Szczesny gracias a Cianek. Un gol en la línea de la primera parte: feo y repleto de rebotes.

Adam Nawalka movió ficha en el vestuario, retiró un extremo y colocó a un central más. No era ese el problema de Polonia, que siguió sin ofrecerle opciones a Lewandowski. El delantero del Bayern avisó como pudo, al estilo Juan Palomo: él recuperó en el centro del campo, él condujo el balón, él provocó la falta y él la lanzó buscando la escuadra. Lástima para el polaco que a N'Diaye le diera por descolgarla de ahí arriba.

Los focos del partido se posaron de nuevo sobre Krychowiak, desubicado en el panorama europeo en los últimos años. A la vista está que merecidamente. No contento con el recital de pérdidas en el mediocampo, de giros lentos y controles defectuosos, se convirtió en el mejor socio de la delantera de Senegal asistiendo al desmarque de Niang con un pelotazo a tierra de nadie a espaldas de la defensa polaca. Tuya-mía, mía-tuya, entre Bednarek y Szczesny dejaron la casa sin barrer y el balón franco para que Niang empujase a la red el 0-2.

Ya con el partido empinadísimo, por no decir imposible, Polonia se afincó en campo rival y de maduras cayeron las ocasiones para los de Nawalka. La primera en un centro raso de Piszczek desde la derecha que Milik punteó en el primer palo ligeramente desviado. En la segunda, a falta de cinco minutos y por intentar enmendar una tarde para olvidar, Krychowiak cabeceó a gol una falta lejana. Todavía le quedó tiempo para colgar un par de balones a la desesperada, aunque ya era demasiado tarde. Para su generación en un gran campeonato, también.

 

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