Un equipo en trance con un mariscal al frente

Dzyuba, la estrella de Rusia, celebra con su entrenador, Stanislav Cherchesov, el 3-0 frente a Arabia Saudi. :: EFE/
Dzyuba, la estrella de Rusia, celebra con su entrenador, Stanislav Cherchesov, el 3-0 frente a Arabia Saudi. :: EFE

Cherchesov manda con mano de hierro en el rival de España en octavos, al que Golovin y Cheryshev dan brillo en este torneo

CÉSAR GRANERO

¿Cómo es la Rusia del Mundial de Rusia? El rival de España en octavos es un equipo encorajinado, que va con la luz larga tras dejar atrás un periodo marchito e insignificante. El propio Putin, a quien no le gusta el fútbol, interrumpió la rueda de prensa tras la goleada a Arabia, para alabar a su amigo Cherchesov, que se levantó para atender el teléfono mientras Cheryshev, a su lado, respondía a los medios. «Me ha llamado para felicitarme y dar las gracias al equipo», dijo el seleccionador. Es el ejemplo de que el país, que no creía -se llegó a promover una campaña de firmas para la disolución del equipo- se ha subido al carro, engallado por una primera fase de vino y rosas y un hombre, Cherchesov, cuyo mostacho ya es viral y farolea sobre un país que mañana quiere derribar a España.

La Rusia que España tendrá enfrente es un equipo infatigable, que hace más kilómetros que nadie, se apoya mucho en las bandas y cuenta con una estrella inesperada: Cheryshev, que ha pasado de suplente a figura. Un partido portentoso ante Arabia, refrendado con otro gol frente a Egipto, le ha conferido un estatus que no tenía al principio. Cheryshev triunfó en las bases del Madrid, donde llegó a ser declarado el mejor tirador juvenil, pero cobró más fama por una sanción que por sus goles. Zarandeado por las lesiones y ninguneado por Benítez, que no le dio bola hasta que lo puso ante el Cádiz en la Copa, saltó a la palestra por su alineación indebida en ese partido. En el Camp Nou se ha llegado a cantar «Cheryshev, te quiero», pero el jugador no ha desfallecido y está en el escenario perfecto para cambiar la burla por el elogio. Cuando Putin llamó a su amigo Cherchesov, era él quien hablaba al lado. Fue la primera figura del Mundial y quiere seguir siéndolo. Titular ya ante Egipto y Uruguay, no acabó la primera mitad del último partido, cuando Smolnikov fue expulsado y Cherchesov lo quitó para encementar la defensa a costar del brío ofensivo.

Con él Rusia ha encontrado un botín, tras ganar en desborde y llegada, y hallar un compañero perfecto de Golovin, un jugador tremendamente joven y talentoso, que atesora flashes en este Mundial y algo más: el Barça le ha echado el ojo, engatusado por su elegancia y su visión de juego con solo 22 años. El mediocentro es un futbolista pulcro y pulido gracias a que empezó en el fútbol sala, más fácil de practicar que el fútbol en su inclemente Siberia natal. Fue Capello quien lo hizo debutar en 2015.

Rusia ha sido capaz de enderezar el rumbo tras no ganar en los siete partidos previos al Mundial

Jóvenes y con escaso bagaje

Golovin es uno de los ejemplos más claros de lo que se cuece en la actual Rusia, heredera de la etapa de Capello (seleccionador de 2011 a 2015), cuando el italiano pidió que se pusiera freno al exceso de jugadores foráneos en la liga rusa para abrir la puerta a los talentos más jóvenes. El propio Putin llegó a decir que había demasiados extranjeros e implementó un ramal de medidas, haciendo el fútbol local más autárquico y menos competitivo. La actual Rusia es un ejemplo, con futbolistas jóvenes y escaso bagaje, como Golovin, pero a los que Cherchesov ha dotado de carácter y orgullo. «Yo es que no leo nada de lo que se dice por ahí. El otro día puse la tele y la apagué cuando vi el análisis que hacían», ha llegado a decir. Él sí ha sabido reverdecer a una Rusia cojitranca, incapaz de ganar ninguno de sus siete partidos previos -empates ante Irán, España y Turquía, y derrotas ante Argentina, Brasil, Francia y Austria-, pero a la que ha desperezado el Mundial.

Meticuloso e inflexible, tras la calva y el mostacho más populares se esconde un seleccionador de hierro, capaz de dejar fuera durante un año a Kokorin, pese a su estatus de estrella en el país, por sus desmanes extradeportivos. Cherchesov es poco dado a la improvisación y se dice que reservó a parte de sus figuras ante Uruguay para ser segundo y seguir por el lado del cuadro aparentemente menos minado. España, que igualó a tres con Rusia en un amistoso en noviembre pasado, dirá si se equivocó o no. Esta vez no quiere el empate en un torneo y un cruce que no admite bromas. Tendrá enfrente a un equipo que es puro fervor, pero quiere ganar y acabar con la euforia rusa. Quiere mostrar que el marcial Cherchesov se equivocó.

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