Solari y su admiración por Ronaldo

Santiago Hernán Solari, durante un entrenamiento del Real Madrid en la Ciudad Deportiva de Valdebebas. :: GABRIEL BOUYS / AFP/
Santiago Hernán Solari, durante un entrenamiento del Real Madrid en la Ciudad Deportiva de Valdebebas. :: GABRIEL BOUYS / AFP

Compañero del 'Fenómeno' en el Real Madrid, el argentino destaca la importancia en el vestuario del carioca

RODRIGO ERRASTI MADRID.

Seguro que cuando Santiago Hernán Solari y Ronaldo Nazario jugaron su último partido juntos, un 1-3 al Zaragoza en La Romareda el 28 de mayo de 2005, nunca pensaron que se enfrentarían en un Real Madrid-Valladolid (mañana en el Santiago Bernabéu), uno como técnico y otro como máximo mandatario del club rival. Aquella no fue una buena campaña. Era el casi final de la 'era galáctica'. La temporada empezó con José Antonio Camacho, cuya dimisión dejó paso a Mariano García Remón y después a la llegada navideña de Vanderlei Luxemburgo. El argentino optó por irse al Inter, de donde había llegado el 'Fenómeno' al Real Madrid. Volverían a medirse en el derbi de Milán, en un partido en el que Ronaldo marcó un gol a la que fue su afición cuando le estaba pitando mientras el 'Indiecito' estaba en el banquillo.

En su etapa de columnista en 'El País' el ahora técnico madridista le dedicó varios artículos al que consideró «el mejor futbolista de su época» y en ellos, además de su juego, destacó su personalidad, forjada a prueba de lesiones. Ronaldo, para Solari, fue «la excepción de la industria». «El talento rotundo. La fisión nuclear del átomo. El purasangre en la gatera. La victoria del instinto. El disparo quirúrgico. La técnica acabada. La pureza arquetípica del engaño y la finta. La imaginación desconcertante. Todo enfocado en una sola y obsesionada dirección: el gol. Cada jugada una sensación vespuciana de descubrimiento. Cada gol una sentencia inapelable. Izado en lo más alto de su generación, flamea solitario. Hay entre él y los demás un eslabón perdido, una fase misteriosa de la evolución que nos elude, un salto genético. Su nombre ya es de un material incorruptible como lo son Pelé, Di Stéfano, Garrincha, Maradona. Pero vos sos presente y acá todos esperamos tu sonrisa. ¡Vamos Ronie, todavía!», le decía Solari en 2008.

El día que Ronaldo anunció que colgaba las botas, en febrero de 2011, Solari usó la «melancólica» frase del brasileño en su despedida: «Jugar fue maravilloso».

«Contagiaba a todos con su humor y sencillez y siempre estaba dispuesto a divertirse»

En cualquier caso, Solari siempre quiso destacar que Ronaldo, en la caseta, «era un tipo que vivía con alegría». «Contagiaba a todos con su humor y sencillez. El vestuario era, en su mundo, una continuación del patio del colegio y siempre estaba dispuesto a divertirse. Después de ganar la Copa Intercontinental, en medio de festejos, le vi entrar en él con una gigantesca llave de plástico dorada con el nombre impreso de una conocida marca de autos japoneses. Había ganado el premio al mejor jugador del partido: una gran camioneta blanca. Le pregunté si, por casualidad, no le habían entregado también las llaves. Me miró con complicidad, intuyendo la travesura infantil. Nos escapamos a la cancha otra vez. Ronaldo no se limitó a dar vueltas olímpicas, convirtiendo el Estadio de Yokohama en una pista de Nascar», añadía.

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