Malcom ya no es un extraño

Malcom llora tras su gol en Milan. :: reuters/
Malcom llora tras su gol en Milan. :: reuters

El brasileño recupera la confianza con un gol a pesar de que Valverde no contaba con él

P. RÍOS BARCELONA.

Que Malcom no fue un fichaje con el visto bueno de Ernesto Valverde quedó claro desde el primer día, cuando se conoció por sorpresa que el FC Barcelona había pagado 41 millones al Girondins de Burdeos por el extremo de 21 años. Que hubiera marcado 12 goles en la última Ligue 1 no le sirvió de aval para ilusionar al técnico, quien en su primera valoración matizó con toda la intención que «es un fichaje del club». Pero a él le exigen resultados y no está para formar a nadie. Sabe que su paso por el club azulgrana no se prolongará demasiado. Es su segunda temporada y no tiene claro si firmar una tercera, porque no se fía de los que mandan, que ya pensaron en echarle por un mal día con KO europeo en Roma pese a que se estaba a punto de conquistar Liga y Copa, como así fue. Por eso, puestos a pedir, solicitó el fichaje de Willian (Chelsea) pensando en el ahora. Pero el club inglés exigía 70 millones por un jugador de 30 años y el Barça fue a por Malcom, sabiendo que Monchi lo tenía casi firmado con la Roma.

En ese contexto hay que entender la situación de Malcom en el Barça. En verano todo iba bien, pero tras las primeras suplencias, una lesión en el tobillo le frenó y a su regreso Valverde le hizo quedarse en la grada con frecuencia. Primero porque Dembélé comenzó como un tiro, luego porque dio entrada a un medio más defensivo como Arthur y finalmente porque apostó por Rafinha cuando se lesionó Messi. Todos pasaban por delante de Malcom, también Munir. Era la última opción en ataque.

La oportunidad como titular fue una emboscada en León ante la Cultural, en un partido de Copa ingrato. Fue un desastre. El club pensó en la cesión o el traspaso antes de que perdiera valor. Hasta Valverde entendió que merecía otro escaparate y le dio diez minutos en Milán ante el Inter. Poco tiempo y en un partido nada transcendental, pero él se la tomó como la única, la de su vida. Y logró un gran gol que dio el pase matemático a su equipo tras el 1-1 final. Lloró en la celebración. «Nada en mi vida ha sido fácil. Siento que mi sueño en el Barça continúa, no me quiero marchar y voy a seguir dando todo porque quiero jugar más», comentó Malcom.

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