SELECCIÓN MASCULINA

Guía para conocer a Luis Enrique

Luis Enrique, ayer. :: efe/
Luis Enrique, ayer. :: efe

Pese a la apariencia del 'caso Alba', ninguna situación es irreversible con un seleccionador que se estrena en 'La Roja'

P. RÍOS

barcelona. «He tenido entrenadores que entraban en el vestuario y los jugadores seguían hablando como si no hubiera nadie allí, pero cuando aparecía Van Gaal, el silencio era absoluto». No es que Louis van Gaal sea el referente único como técnico de Luis Enrique, pero esta antigua frase del asturiano revela la importancia que da al respeto por la persona que manda en un grupo, al principio de autoridad. Y cuando eso se rompe por actitudes reprochables en privado o declaraciones públicas, peligro. Seleccionadores como Javier Clemente o José Antonio Camacho responden más a su forma de llevar un grupo, con buena sintonía con los jugadores en las distancias cortas, pero manteniendo la disciplina y la exigencia, con profesionalidad estricta.

La forma de ser de Luis Enrique puede explicar su primera polémica como seleccionador: la ausencia de Jordi Alba. Es una secuela de una relación que se rompió en el tercer y último año del gijonés como entrenador del Barça, cuando quiso revitalizar a un equipo que había bajado su nivel pasando de un 4-3-3 a un 3-4-3. El lateral zurdo llegó a jugar como uno de los tres centrales y no se sintió cómodo. Casi hubiese pasado desapercibido porque Alba siguió entrando en rotaciones, pero el catalán tensó la cuerda, sabiendo que Luis Enrique no iba a renovar, y ya se recreó en los primeros meses de Ernesto Valverde, alabándole de forma exagerada con la finalidad de compararlo con Luis Enrique.

El perdón de Alba

Al final, el 3-0 en Roma y el KO europeo evidenciaron que nada había cambiado tanto: buen rendimiento en España del Barça y catástrofes a domicilio en la Liga de Campeones. Pero Luis Enrique tomó nota de la inoportuna locuacidad verbal de Alba. Quizá por eso, nada más acabar el 8-2 al Huesca, Jordi Alba negó haber tenido algún problema personal.

Queda claro que a Luis Enrique como entrenador le cuesta diferenciar lo personal de lo profesional. Ninguna situación es irreversible. Pero lo de marcar la línea de entrada, a la vieja usanza, lo mantiene. Luego ya aflojará, como ocurrió con Totti y De Rossi en la Roma o Messi en el Barça. Con todos ellos acabó mejor de lo que empezó. Pero, ojo, bien harán jugadores que se sienten los amos de 'La Roja' por los éxitos logrados, como Sergio Ramos o Busquets, en no pensar que están por encima del nuevo seleccionador porque no le temblará el pulso. Si hay pulsos, la Federación estará al lado de Luis Enrique porque la selección viene de tres fases finales rindiendo bajo mínimos.

Deportivamente es más flexible que otros entrenadores. Lo demostró citando a Iago Aspas nada más conocerse la ausencia de Diego Costa por problemas familiares (paternidad). Se adapta a los jugadores que tiene, potenciando las individualidades si van a ser decisivas o al colectivo si no hay un crack que lo vaya a resolver casi todo. Todo sin látigo, pero con disciplina. Y respeto a un cuerpo técnico al que protege más que a él mismo.

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