Ridículo máximo del Barça en Roma

Konstantinos Manolas celebra el tercer gol de la Roma, que significa la eliminación del Barcelona. :: reuters
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Konstantinos Manolas celebra el tercer gol de la Roma, que significa la eliminación del Barcelona. :: reuters

El conjunto catalán, irreconocible y superado por la presión del equipo local, nunca supo frenar a Dzeko, un dolor de cabeza para la defensa culé Los italianos barrieron al equipo azulgrana, que no estuvo a la altura y volvió a caer en cuartos

JESÚS BALLESTEROS

Madrid. El Barcelona está fuera de la Champions League. La máxima competición continental tendrá que esperar otra temporada más, porque el equipo azulgrana culminó el peor partido posible en el Olímpico de Roma y confirmó un ridículo mayúsculo al caer goleado, 3-0, ante la Roma tras el 4-1 de la ida. No busquen excusas, no las hay, no existen. El cuadro italiano barrió por completo al equipo de Ernesto Valverde que, como sus jugadores, demostró no estar a la altura del choque.

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Superado el técnico azulgrana por completo, miedoso a la hora de hacer el once inicial y los cambios durante el partido, esperó a ir 3-0 en el marcador para sacar todo lo que tenía en el banco. Quizás espejo o reflejo de lo que estaba sucediendo en el campo, donde apenas se salva Ter Stegen. Todo llegó tarde o no llegó. Porque del Barcelona de hace unas semanas no se supo nada en la cita continental.

AS Roma
Alisson, Florenzi, Manolas, Fazio, Juan Jesús, Kolarov, Nainggolan (El Shaarawy, min. 77), De Rossi, Strootman, Dzeko y Schick (Cengiz Ünder, min. 73).
FC Barcelona
Ter Stegen, Semedo (Dembélé, min. 85), Piqué, Umtiti, Jordi Alba, Sergi Roberto, Busquets (Paco Alcácer, min. 85), Rakitic, Iniesta (André Gomes, min. 81), Messi y Luis Suárez.
Árbitro
Clement Turpin (francés). Amonestó a Fazio, Juan Jesús, Piqué, Messi, Luis Suárez.
Goles
1-0: min. 6, Dzeko. 2-0: min. 58, De Rossi. 3-0: min. 82, Manolas.
Incidencias
Estadio Olímpico de Roma. 70.000 espectadores.

Irreconocible, superado por la presión de la Roma, el Barça sufrió lo indecible en un partido al que no salió con la tensión competitiva del adversario. También era algo previsible teniendo en cuenta el 4-1 de la ida disputado en el Nou Camp. Pero tras el gol de Dzeko a los seis minutos de partido, llegaron nuevas y claras ocasiones de marcar para los italianos que no daban respiro alguno al equipo de Ernesto Valverde.

Los errores eran continuos en el Barça a la hora de sacar el balón jugado. La presión era tal que el cuadro azulgrana se veía incapaz de hilvanar unos cuantos pases seguidos. Ni rastro del Barça jugón. Hay que echar la vista muy atrás en el tiempo para recordar un partido tan flojo.

Con el paso de los minutos, la Roma fue creyendo que la machada era más que posible. De hecho el 1-0 se antojaba corto al descanso visto lo visto. Mostró una actitud encomiable desde el pitido inicial y Dzeko se bastaba solo arriba para poner en jaque a todo el entramado defensivo culé. Tras un soberbio gol, tuvo el doblete en su cabeza, pero la puntería primero y Ter Stegen más tarde evitarían que el choque se pusiera cuesta arriba para el Barcelona.

Ver a Luis Suárez y a Messi a casi 50 metros de la portería de Alisson era sintomático. Abusando de los balones en largo, el peligro del Barça no existía. Necesitaba Ernesto Valverde un cambio radical para evitar que el segundo asalto ante el cuadro italiano se convirtiese en un auténtico drama.

El poder de Dzeko

Pero los cambios en el cuadro azulgrana llegaron tarde. El sufrimiento se convirtió en drama nada más iniciarse el segundo tiempo. Porque la Roma no bajó el pistón, porque el Barça era una caricatura sobre el verde y porque Dzeko se bastaba solo para tumbar a los defensas rivales. Ni Umtiti, quien jugó el peor partido que se le recuerda, ni Piqué, que le hizo un penalti clarísimo, pudieron pararle. El atacante bosnio le sacó la pena máxima al zaguero catalán para que el capitán de la Roma, De Rossi, pusiera el Olímpico patas arriba.

La grada romanista estallaba sabiendo que la clasificación estaba a un único gol. El equipo de Di Francesco había logrado lo más difícil, desconectar al Barça y colocarlo contra la espada y la pared.

Pero lo peor estaba por llegar. La Roma estaba dispuesta a todo y confirmó, a trece minutos del final, que el ridículo culé estaba marcado en rojo romanista. Ter Stegen retrasó el fracaso con una soberbia parada a El Shaarawy, pero el alemán nada podría hacer en el remate de cabeza de Manolas. Era el tercero del conjunto local, la puntilla para un Barça que tendrá muy difícil recuperarse de este mazazo por mucha Liga que tenga ganada.

La desesperación quedó reflejada en los rostros de un equipo que soñaba con un triplete que se fue por el sumidero. Iniesta penaba desde el banquillo el bochorno y Messi, con Piqué de delantero centro, buscaba hacer lo que no había sido capaz en todo el choque. Un despropósito que tiene mala cicatriz.

 

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