Jupp Heynckes busca 'rejubilarse' con otro triplete

El técnico colvió al Bayern por su amistad con Hoeness y como un acto de lealtad a un club al que ha dirigido hasta en cuatro etapas

R. ERRASTI MADRID.

«No era mi intención estar aquí porque ya había terminado mi carrera. Es algo extraordinario volver al escenario del fútbol en una edad mayor para un entrenador. Y además tener el privilegio de llegar a las semifinales de la Champions y quizá llegar a la final eliminando al Madrid», explicó sonriente ayer un Jupp Heynckes que hace 7 meses no se imaginaba esta situación.

Su amigo Uli Hoeness insistió tanto que al final le convenció de que era el idóneo para sustituir a Carlo Ancelotti. Siempre tuvieron una relación muy estrecha desde que se conocieron hace 50 años siendo jóvenes talentos de la Mannschaft. Quizá por eso en 2012, cuando todo el mundo esperaba que le destituyesen por perder la final de la Champions en el Allianz Arena ante el Chelsea le mantuvo en el cargo pero fichó a Pep Guardiola desde enero. Fue una grieta en su amistad, pero se curó. Jupp decidió que sería su último banquillo y logró un triplete (46 victorias en 54 encuentros y 151 goles) que dejó el listón muy alto para Pep.

Se alejó del fútbol, se refugió en Schwalmtal, de apenas 20.000 habitantes, sólo para aparecer en galas benéficas y rechazó mareantes ofertas. No sólo de China, sino también una del PSG. Aprovechó su tiempo libre, además de disfrutar de tiempo con su esposa Iris, leer y pasear con su perro Cando, para visitar a Uli en la cárcel de Landsberg. Allí, en la misma prisión que en su día pisara Adolf Hitler, cuando el dirigente no tenía los privilegios penitenciarios que finalmente tuvo para cumplir su condena por evasión de impuestos, se veían cada dos semanas aquellos delanteros que asustaban en los 70.

Hoeness tenía el encargo de Karl-Heinz Rummenigge, director general del club. Y acabó ablandando a Jupp. «No se trata de un nuevo comienzo, sino de un acto de amistad; y sólo lo hago por todo lo le debo al club», confesó el entrenador el día de su presentación allá por octubre. Eso sí, para no caer en la tentación de renovar -algo de lo que intentaron convencerle sin éxito tras ganar en el Sánchez Pizjuán- optó por alojarse en un hotel. En el de concentración del equipo, el Vioer Jahreszeiten, así podría regresar cuanto antes a su casa a cinco kilómetros de Mönchengladbach y a tres de la frontera con Holanda. En él es uno más, tal y cómo desveló él mismo antes del duelo con el Sevilla. «Entró en el ascensor una pareja de americanos. Me vieron con una bolsa del Bayern. '¿Eres aficionado al Bayern?. Así es'. ¡Schweinsteiger es un genio...!», insistieron los seguidores sin reparar que era el mismo que había logrado un triplete histórico.

Ahora, gracias a un balance brutal (32 victorias, 2 empates y 3 derrotas) ya tiene en el zurrón otra Bundesliga, se ha metido en la final de la copa y está a tres encuentros de otra 'orejona', esa que ganó con el Madrid en 1998 y 15 años después con el Bayern. Es curioso, pero siempre que ganó la Champions no siguió en el club. Tras la 'séptima' y pese a romper décadas de sequía no siguió. «Vivo en el presente, tengo muchas cosas en mi memoria en el Amsterdam Arena. Contra Zidane, Deschamps... Fue un momento muy bonito cuando pitó el final y el Madrid ganó la Copa de Europa 32 años después. No era normal ganar la Champions. Recuperó la identidad internacional y se h a convertido en el número uno».

 

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