La leyenda del 'Pupas' continúa

La derrota de Lisboa resucita los viejos fantasmas ante los que siempre luchó Luis Aragonés

Luis Aragonés, en una imagen de archivo. /
Luis Aragonés, en una imagen de archivo.
IGNACIO TYLKOMadrid

Hace 40 años, el gol de un tal Schwarzenbeck en el último minuto de la prórroga nos privó de un título importante en Bruselas y esta vez en Lisboa nos destrozó un cabezazo de Sergio Ramos que pudo irse arriba, abajo, al centro o a la calle. Estamos jodidos pero ya me gustaría competir todos los años en la final de Champions y perderla. Mientras en el vestuario rojiblanco se lamían las heridas y aparecían esos ojos humedecidos que ni el rudo Cholo Simeone pudo evitar cuando le aplaudieron los periodistas extranjeros tras la final, Enrique Cerezo explicaba el sentir de los atléticos tras escapárseles entre las manos otra 'orejona' que ya sentían muy suya.

No hay consuelo en la ribera del Manzanares tras el peor final posible para una temporada histórica. Un título de Liga, el décimo en más de un siglo de existencia, y una final de Champions representan un bagaje extraordinario para un club con casi cinco veces menos de presupuesto que el campeón, pero la sensación es de cerrar el curso con un profundo pesar, con esa amargura de la que hablaba Simeone en las entrañas de Da Luz.

El fútbol es maravilloso y cambiante, como la vida misma, y ofrece lecciones a diario. Según ese catecismo del Cholo que siguen sus discípulos con una fe ciega, cuando se da todo no deben aflorar lágrimas, ni perdurar el sentimiento de tristeza. Es el momento de estar juntos, restañar las heridas y seguir compitiendo y molestando, insistía el técnico argentino, molesto por esos cinco minutos añadidos por el holandés Kuipers.

Acabó expulsado Simeone, desquiciado porque sabe que quizá él comenzó a perder la final al alinear a Diego Costa lesionado. Fue un error mío y asumo mi responsabilidad. Cruzamos miradas y le sustituí porque no podíamos perder más tiempo. No se sintió como en el entrenamiento previo a la final, confesaba este entrenador que ha conquistado cuatro títulos en dos años y medio y ha perdido dos finales, la de la 'décima' madridista, éxito del eterno rival que agrava la depresión colchonera, y la Supercopa a doble partido ante el Barça. Simeone se quedó en puertas de la gloria, igual que su compatriota Juan Carlos 'Toto' Lorenzo en 1974. De los lamentos de Reina, Adelardo, Luis Aragonés y Gárate, a los quejidos de Courtois, Godín, Gabi o Villa.

La derrota de Belgrado

Argumentó el pasado lunes Simeone que no alinearía a jugadores que no estuvieran al cien por cien, pero luego reculó. Cualquier análisis desde el resultado es ventajista, pero el viaje relámpago de Costa a Belgrado para ponerse en manos de la doctora Marijana Kovacevic fue un craso error. Alteró los hábitos de todo el curso, mostró la dependencia extrema de un futbolista y evidenció el temor rojiblanco.

Con una rotura de fibras, no caben recuperaciones milagrosas, ni médicos extraterrestres, ni pócimas mágicas. Se asume la baja, se prepara el partido con una alternativa, como Simeone ha hecho siempre, y punto. El Cholo trasladó ahí un mensaje perdedor y de desconfianza hacia sus jugadores y quebró el patrón establecido.

Tampoco es muy lógico el viaje a Madrid del doctor turco en quien confía Arda Turan, al final descartado. Pregonó Simeone que ganaría quien se aislara del entorno y de los pensamientos ajenos a la pura preparación del partido, y el caso de Diego Costa desvió la atención e hipotecó la final. En un duelo de una dureza extrema y con las fuerzas tan justitas después de una campaña extenuante, gastar un cambio en nueve minutos es un pesado lastre. En el Camp Nou salió cara, pero en Lisboa la moneda mostró la cruz.

También erró Simeone al retirar del campo a Raúl García y apostar por José Sosa. El navarro estaba fatigado y amenazado por una tarjeta, pero tiene más agallas y sentido táctico que el 'Principito', bastante desorientado desde que se incorporó pasada la hora de partido. Sin el pamplonés, el Atlético perdió el centro del campo, ya que Koke no vivió su mejor día, Tiago resoplaba y un Gabi inmenso no podía contra todos.

El tercer cambio, poco antes del empate, fue obligado por la lesión de Filipe Luis, insustituible en este equipo. Tuvo que jugar Alderweireld por el perfil izquierdo y, aunque no cabe culparle del desplome final, no aportó nada. Ni siquiera pudo cerrar a Bale en el segundo gol. Si le hubiera quedado un cambio, podría haber apostado por la calidad, el toque y el desequilibrio de Diego Ribas o el empuje de 'Cebolla' Rodríguez. El caso del brasileño merece un análisis. Fue un fichaje exigido en invierno por Simeone, su titularidad coincidió con las derrotas ligueras ante el Almería y Osasuna, y a partir de ahí se fue cayendo del equipo hasta no jugar ni un minuto en las finales del Camp Nou y Lisboa.

Crueldad

La historia no se cambia tan rápidamente, lloraban hinchas atléticos presentes en la final. La derrota fue un palo, pero es mucho más grave que reaparezcan viejos fantasmas que parecían desterrados con este grupo ganador liderado por Simeone. La leyenda del 'Pupas' continúa y ese victimismo del que tanto se quejó Luis Aragonés, presente en la mente de todos durante la final, siempre fue nocivo para el Atlético. El gol de Ramos dibujó ese momento trágico del que habló Gabi. Nos quedamos sin fuerzas para más, añadió. Sólo los faltó un minuto, loró Courtois, que seguramente disputó su último partido con el Atlético porque Mourinho le reclama en el Chelsea.

Es un gran revés pero lo hemos dado todo. Este es un grupo ganador, animaba Filipe Luis. El abnegado Juanfran lanzó un mensaje de ánimo a la afición. Tranquilos, sois los mejores del mundo. Algún día volveremos a disputar una final de Champions. Esa hinchada que se quedó coreando a los derrotados e incluso les recibió en Barajas al grito desgarrador de ¡campeones!. Un apoyo que compromete a Tiago a dar la vida por estos colores. Simeone ya planifica las altas y las bajas.

Evitar el desmantelamiento

El club se esforzará para evitar que el equipo se desmantele y el Cholo pueda replantearse incluso su continuidad. Si Courtois y Diego Costa confirman que se marchan, la columna vertebral se rompe. Además, Godín y Filipe Luis barajan grandes ofertas y la progresión geométrica de Koke no pasa desapercibida para nadie. 'Cebolla' y Diego Ribas no seguirán y la actual ficha de Villa es inasumible. Casi tanto como la derrota en Da Luz.