Cristiano, fundido; Diego Costa, roto

Costa se retir del campo. /
Costa se retir del campo.

El portugués, muy mermado a causa de su lesión muscular, apenas dispuso de tres tiros libres, y no hubo milagro con el hispano-brasileño, que sólo duró nueve minutos

AMADOR GÓMEZMadrid

Se dirigió Cristiano Ronaldo al túnel de vestuarios en el descanso maldiciendo, y no sólo por su rendimiento individual, sino por el de su equipo. El delantero portugués, renqueante por su rotura fibrilar, se había tirado toda la primera parte moviéndose por el frente de ataque, desde la izquierda al centro e incluso a la derecha del medio campo. Muy mermado, fundido al final, ni siquiera se atrevió, no a disparar, sino a centrar con la zurda, afectada por la tendinitis rotuliana y por la posterior lesión muscular que sufrió hace ya casi dos meses, el pasado 2 de abril en la ida de cuartos ante el Borussia Dortmund. En las últimas tres semanas solamente había jugado ocho minutos, en Valladolid.

Con quien no hubo milagro fue con Diego Costa, pero el goleador hispano-brasileño que sólo duró nueve minutos en el terreno de juego había comprobado desde el banquillo que su Atlético había mordido bastante más que el Real Madrid y que había sido superior en ese primer tiempo al eterno rival, lastrado por el estado físico de Cristiano, pero también de Benzema y Khedira. Peor que lo de Cristiano era lo de Diego Costa, a quien Simeone vio con miedo y con muchas dudas en el arranque del encuentro y no tardó en retirarle, quedándose los rojiblancos sin un cambio con casi toda la final por delante.

Diego Costa, roto, no quería perderse cita tan histórica, pero no estaba para nada, aunque el Mono Burgos declarase minutos antes del choque que el delantero colchonero se encontraba "bien". No era verdad. Cristiano, después de haber batido el récord de goles en esta Champions (17), también quería ayudar a su equipo a ganar la décima, pero no estaba ni al 60%. El astro portugués es sobrenatural, pero sin estar en condiciones, el Madrid, que tantísimo depende de Cristiano, lo sufrió, como era previsible, aunque Sergio Ramos forzase la prórroga a un minuto y medio de la gloria rojiblanca.

También era de esperar que Diego Costa no aguantase ni un cuarto de hora, aunque no fue porque volviese a romperse. Ya estaba roto. No fue él quien pidió el cambio después de haberse demostrado que no podía ni presionar. La placenta de yegua no funcionó en el bíceps femoral derecho de Diego Costa, lesionado el 1 de abril en el Camp Nou y con una recaída tras otra hasta retirarse llorando el 17 de mayo en el mismo estadio azulgrana, en el último partido de Liga.

Tres faltas

El estado de Diego Costa era pésimo para disputar una final. Simeone ya había advertido que no quería futbolistas que no estuviesen en plenas condiciones, aunque entonces no se entiende que el internacional español fuese titular, con el riesgo de poder perderse incluso el Mundial. Sin embargo, el de Cristiano tampoco era el idóneo, aunque, como había reconocido Ancelotti, el Madrid necesitaba al que es ahora el mejor futbolista del mundo.

No pudo ser Cristiano determinante, porque apenas le llegaron balones, y por ello se enfadó en más de una ocasión con sus compañeros, y porque tan sólo dispuso de tres tiros libres en toda la final, uno de ellos en la prórroga. Los dos del tiempo reglamentario fueron arruinados por Courtois. El primero, en el minuto 27, lanzado al centro a las manos del meta belga, perfectamente colocado, y el segundo, en el 54, cuando el Atlético ya iba ganando la Copa de Europa, y Courtois sacó un puño genial a córner tras pegar en un defensa.

Ese era el clavo ardiendo al que se agarraba entonces ya a la desesperada el Real Madrid. A la posibilidad de una falta de Cristiano, porque el juego de los blancos fue hasta mediada la segunda parte nulo, y el delantero portugués seguía moviéndose sin éxito de una banda a otra y desesperándose ante la falta de profundidad del equipo. El siempre explosivo Cristiano no estaba "confiante", como él suele decir. "El sábado estaré al mejor nivel", había garantizado cinco días antes. Como en el caso de Diego Costa, tampoco era verdad. Pasada la hora de partido, no llegó de cabeza a rematar desde la posición de 9 un centro de Sergio Ramos desde la izquierda, y volvió a lamentarse con rabia. Aún así, el portugués se llevaría una pequeña alegría al final de la prórroga con un gol de penalti que no le haría ser el mejor Cristiano pero, eso sí, le permitiría irse con un buen sabor de boca de la final de la Liga de Campeones.