Viviani no es el mejor, pero sí el que más gana

El más rápido. Viviani celebra la victoria en la meta de Alhaurín de la Torre. :: EFE
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El más rápido. Viviani celebra la victoria en la meta de Alhaurín de la Torre. :: EFE

El italiano vence en Alhaurín de la Torre antes de que Valverde y los favoritos se midan en Alfaguara, donde fusilaron a Lorca

J. GÓMEZ PEÑA

alhaurín de la torre. La tercera etapa de la Vuelta hizo memoria, se acordó de algunos ausentes. Como Pantani. Elia Viviani, el ganador en el esprint de Alhaurín de la Torre, es ciclista por 'El Pirata'. Hace veinte años, Viviani era un niño y le vio ganar lo que nadie ha podido luego: el Giro y el Tour en la misma temporada. El velocista italiano no podía ser Pantani; nació demasiado corpulento. Se ajustó a su arquitectura física y se hizo campeón olímpico en el velódromo de los Juegos de Río de Janeiro 2016. En el pasado Giro ganó cuatro etapas, y en Alhaurín se llevó su primera victoria en la Vuelta, por delante de Nizzolo, Sagan y Bouhani, a los que aplastó. Nunca será Pantani, aunque sea ciclista por él. Por eso, su victoria más íntima fue la primera, en 2010, en Cesenático, cuna del 'Pirata'. Viviani se estrenada como profesional y levantó los brazos en el Memorial Pantani siete años después de la muerte de su ídolo. En Alhaurín de la Torre, donde ha agarrado su último triunfo, falleció el viernes Javier Otxoa, el excorredor del Kelme al que un coche sin ojos había empezado a matar hace 17 años.

En la salida de Mijas corrían los botellines. El Movistar, por ejemplo, preparaba unos 200: a 25 por corredor. Ni la brisa consolaba, aunque hacía volar los cromos del mercado de fichajes. El colombiano Sosa se va al Trek, Dani Navarro al Katusha... El Astana confirmaba la contratación de los hermanos Izagirre. Ion, el pequeño, es ahora el líder del Bahrain. Nibali, que ya no cuenta tras replegarse en el Caminito del Rey, le ha designado como su relevo. «Es una responsabilidad y una motivación», le agradece el guipuzcoano, que ya sudaba sin dar aún una pedalada. La Vuelta es sudor 24 horas al día. A gotear. Salida. A correr.

Campos intermitentes de olivos, pinos, pinsapos. Pueblos blancos. La Serranía de Ronda es un bien a proteger. Luis Ángel Maté, que nació en la orilla de Marbella, nunca le ha dado la espalda a su montaña. Por segundo día se fugó con su coto privado, con dos compañeros del día anterior, Héctor Sáez (Eukadi-Murias) y Rolland, y con tres viajeros nuevos, Simón, Peters y Molina. A Maté le llaman 'el lince'. Otra especie protegida. A cuidar. Y él da ejemplo. Camino de Ronda echó un trago y rebuscó en los bolsillos de su maillot hasta dar con una barrita energética, combustible para los 178 kilómetros entre Mijas y Alhaurín de la Torre. Comió y guardó el envoltorio. No lo tiró. Uno no escupe en el pasillo de su casa. La sierra merece respeto. Maté se llevó su plástico al hotel.

Temor al calor de hoy

A cielo abierto, a todo sol, la fuga subió a Ronda. Otra perla engarzada en la montaña. Sorprende encontrarla ahí, tranquilamente colgada al borde del abismo. El poeta Rilke tuvo que llegar a este lugar perdido para encontrarse a sí mismo. La escapada de Maté no encontró la meta. Las etapas destinadas al esprint son escasas. El pelotón no se podía permitir desperdiciar ni la primera. Mantuvo a tiro a los escapados, sin gastarse en exceso porque la jornada que viene, la que terminará en la cuesta de Alfaguara, da miedo. No por las rampas, que no son para tanto, pero sí por el calor. En alguna esquina de Alfaguara, pegada a Granada, otro poeta halló su tumba. Allí mataron a García Lorca una madrugada de agosto de 1936.

A los fugados los fusilaron camino de Alhaurín de la Torre, el pueblo de la cárcel donde acaban los mafiosos de Marbella. En la localidad tenía casa Javier Otxoa. Su madre estuvo con los niños de 'La Vuelta Cofidis', que recorren los últimos kilómetros de las etapas antes de la embestida del pelotón. Para llegar al esprint había que sortear otra sierra, la de Mijas. Y el Barranco Blanco de Coín, tan verde. Tierra dura que presume de sol 320 días al año. Aunque a medida que se acercaba la carrera, el cielo se fue nublando. El Quick Step, la escuadra de Viviani, se había exprimido para imponer el esprint. Demasiadas cuestas. Se quedó sin lanzadores. «Todos me daban como favorito y, por eso, nadie nos ha echado una mano», protestaba Viviani.

En realidad, sí les ayudó el Movistar. Ayuda interesada. El equipo español tiró para colocar y proteger a Valverde y Quintana. Su colaboración acabó con Posltberger, el último fugado. Ya exterminados los escapados, Viviani, ciclista por Pantani, ganó a lo bestia en la última morada de Otxoa. «He mirado por el rabillo del ojo a Sagan y he visto que podía pasarle», contó. Viviani, 16 victorias este año, es el velocista de moda: «No sé si soy el mejor, pero sí el que más gana».

«Yo voy día a día»

Ahora viene la etapa de otra sierra, la de Alfaguara, donde mataron a Lorca. Kwiatkwoski es el líder, con 14 segundos sobre Valverde, 25 sobre Keldermann y 30 sobre Ion Izagirre. «Yo voy día a día», dijo el polaco mientras, cucharada a cucharada, se zampaba la merienda.

Algún favorito será incinerado en Alfaguara, ese horno granadino. Valverde, que se divierte como nunca, asegura que está «tranquilo». Y confirma lo que ya se sabía: «Hombre, se me hace muy difícil levantar el pie. Si es por causa mayor lo haré, pero...».

Ya no piensa tanto en el Mundial, ni tanto en Quintana. Con 38 años y tanto pasado, su futuro es el presente. Y hoy, es la sierra de Alfaguara.