Oiz asume toda la emoción

Alejandro Valverde, en la crono de ayer. :: afp/
Alejandro Valverde, en la crono de ayer. :: afp

Yates refuerza su liderato en la crono, en la que Valverde defiende su candidatura y emergen Kruijswijk y Mas

J. GÓMEZ PEÑA TORRELAVEGA.

A la emoción de esta Vuelta, el cronómetro de Torrelavega le dio cita para la etapa siguiente, la del monte Oiz. De ganar la contrarreloj se encargó el esperado, Rohan Dennis, que vino a por dos etapas, el prólogo y ésta. Ya las tiene. «Era lo planeado», zanjó tras destrozar el 'crono'. Rostoff y Castroviejo, a 50 segundos, fueron los que menos cedieron. «Ahora me voy a casa», soltó Dennis. Doble misión cumplida. Frío Dennis. Calculador. Menos mal que la emoción de la carrera no depende de él.

Afortunadamente, para la disputa de la general hay cola. Simon Yates se cargó de argumentos para reclamar la Vuelta. Fueron siete segundos mejor que Valverde y le sacó 42 a Quintana. De los que preocupan a Yates, solo Kruisjwijk y el joven Enric Mas le superaron. Los dos son peligrosos. Y ambos se suman a la lista de aspirantes al podio. Los aerogeneradores que coronan Oiz, Balcón de Bizkaia, soplarán sobre la mesa a la que aún se agarran los dorsales de muchos aspirantes.

Yates manda con 33 segundos sobre Valverde, que en su único día de libertad se ganó el liderato del Movistar. A 52 segundos de Yates está ya Kruijswijk, un ciclista sin complejos. Valiente. A 1 minuto y 15 segundos viene Quintana, que no mejora contra el cronómetro y que ya no intimida en la montaña. Quinto en la general es Enric Mas, sano ya. Sin la gripe que le ha atravesado la garganta. Respira a gusto. Y acecha a minuto y medio. 'Supermán' López, a 1.34, está condenado a jugársela en las montañas que vienen. La primera es Oiz.

«Nadie sabe lo que va a pasar en esta Vuelta», repetía Valverde. Enarcaba las cejas cada vez que le pedían un pronóstico en la meta del velódromo de Torrelavega. A su derecha, las fachadas gastadas de Sniace, la fábrica de celulosa que tanto tiempo dio de comer al pueblo. Ahora, apenas da 500 de los más de 3.000 puestos de trabajo que tuvo. Sniace construyó el velódromo. Aquí ganó Eddy Merckx en la Vuelta de 1973. Y aquí comenzó la bronca eterna entre Bahamontes y Loroño. El toledano no admitió que le pagaran menos que al vizcaíno en aquel critérium de Torrelavega.

Las disputas son la sal del ciclismo. Valverde y Quintana son, oficialmente, colegas. Pero cuando se apoya la oreja en la pared del Movistar se escucha otra versión. Valverde, que aventaja en 42 segundos a Quintana, se ha ganado los galones. «Sigo en la pelea», avisaba el murciano, que salió desbocado en el inicio de la 'crono', en Santillana del Mar. Ni santa, ni llana, ni tiene mar. Al murciano le engaño el recorrido. Pagó su entusiasmo en los repechos de Cóbreces y Golbardo. «He sufrido con el viento en contra», reconoció. «Pero me he venido arriba al final». Cierto. Su rendimiento fue un tobogán: le quito siete segundos a Yates en primer tramo, luego cedía 15 y al final entró con siete de pérdida. «No soy el único líder del Movistar. Con Nairo podemos jugar con la estrategia», concedió. Valverde tiene tres etapas para restarle 33 segundos a Yates. «Todo es posible en esta Vuelta. Estamos muy igualados», concluyó.

Simon Yates es un ciclista hermético. «Nadie me conoce realmente, pero aquí estoy mejor que en el Giro», dice. Confiado. Aunque sin un gran equipo a su lado. «Sé que la etapa del País Vasco, como siempre allí, va a ser muy dura», vaticinó el líder, reforzado en el velódromo de Torrelavega. Y en una curva de esa pista el joven Enric Mas, apenas 23 años, miraba sin casi creérselo la clasificación general. Ha venido a la Vuelta, como Yates, a conocerse. Alberto Contador le designó como su sucesor. Está en camino.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos