El Tour adelanta la fiesta nacional francesa

De Gent muestra su incredulidad al entrar en meta. :: J. PACHOUD / AFP/
De Gent muestra su incredulidad al entrar en meta. :: J. PACHOUD / AFP

De Gendt gana en Saint-Etienne, donde Alaphilippe recupera el amarillo y Pinot lanza su candidatura al podio de París

J. GÓMEZ PEÑASAINT-ETIENNE.

La víspera del 14 de julio, Francia prepara los fuegos artificiales y lustra sus uniformes para los desfiles de la fiesta nacional. El Tour forma parte del patrimonio cultural y sentimental del país. Y en esta octava etapa la 'Grande Boucle' se convirtió en parte de la fiesta.

Tras cinco horas arriba y abajo por los cráteres del Macizo Central, Julian Alaphilippe encendió el primer cohete en la corta y bruta cuesta de Jaillere, el último de siete puertos, el que calcinó a Nibali, ya descartado. Todos intuían que el francés iba a buscar en la bonificación que esperaba en la cima los seis segundos que le separaban del liderato. Lo sabían, pero sólo Pinot soportó su arrancada. Cuando Alaphilippe coronó la montaña por allí ya había pasado el último mohicano de la fuga, el mejor escapado de esta generación, Thomas de Gendt, que se llevó los ocho segundos. A Alaphilippe le quedaron cinco de botín. Insuficientes. Apretó los dientes. Francia le coreaba.

Y tiró cuesta abajo con Pinot hacia la meta de Saint-Etienne, donde Hinault entró con la nariz rota y chorreando sangre en 1985 en el que fue su quinto Tour, el último que ha ganado un francés. El país espera, más de tres décadas después, un heredero. Alaphilippe y Pinot no alcanzan la talla de Hinault y no alcanzaron a De Gendt. Pero sí abrieron la fiesta nacional. El grupo de Thomas, Landa, Quintana, Urán, Fuglsang y Ciccone no se puso de acuerdo. Y, entre dudas y racaneos, cedieron 20 segundos. El maillot amarillo regresa a los hombros de Alaphilippe. Misión cumplida. Y como premio añadido, Pinot enarbola ya la candidatura gala al podio de París. Fuegos artificiales. Fiesta en Francia por Alaphilippe y Pinot, y fiesta en el ciclismo por De Gendt.

Cada uno es ciclista a su manera. A Thomas de Gendt, en realidad, le va más el cicloturismo. Para este otoño ya tiene plan: las Montañas Vacías, las sierras sin casi pueblos que decoran Teruel, Castellón, Cuenca, Zaragoza, Soria... Mientras llega ese momento, vive en fuga en este Tour.

Tres mil kilómetros en fuga

En eso es el número uno del mundo. En 2018 estuvo tres mil kilómetros en fuga. «Me gusta. Es un juego. Me aporta un pico de adrenalina. Además, así me libro del estrés del pelotón, tan lleno de nervios, roces, gritos...», explica. A De Gendt le va correr libre. Y en esta dura octava etapa por las colinas del Macizo Central, le acompañaron De Marchi, Terpstra y King.

Detrás, el pelotón sacaba la cabeza de la madriguera. Se le veían las intenciones. El Sunweb tiraba para buscar una victoria al sprint de Matthews. El Trek controlaba en favor de Ciccone, el líder, que esperaba el ataque de Alaphilippe en el último puerto. Y, por último, el Astana colocó en la proa del grupo a Pello Bilbao, Omar Fraile y Gorka Izagirre porque algo tramaba con su elegido, Jakob Fuglsang. El Education First (Urán) ayudó al Astana a pisar el acelerador. Entre todos devastaron las piernas del pelotón. Estaba claro que algo iba a pasar.

Y pasó. En una curva antes de la subida a Jaillere, la última, patinó Woods. Bomba. Sobre él cayó medio equipo Ineos, incluidos Thomas y Moscon, que partió en tres su bicicleta. Alarma. El Ineos mantuvo la calma. Castroviejo y Poels acercaron a Thomas hasta el grupo, que más que correr huía. Todos sin aliento. La cuesta hervía. De Gendt ya había ahogado a De Marchi, el último de los que le resistía. Ningún otro corredor habría ganado un pulso así frente a los mejores del mundo con apenas medio minuto de margen. De Gendt es único, un ciclista solitario jaleado por una cremallera de público que le rendía honores.

Mientras, Alaphilippe alegraba a Francia. «Estaba claro que Julian iba a atacar ahí para recuperar el liderato», dijo Pinot, que subía soldado a su rueda. Alaphilippe es un ciclista con luz propia. De los que iluminan. No tiene ni tendrá el tamaño de Hinault. Pero, a su escala, emociona. Apretó en el momento justo, cuando más dolía la rampa del 15%. Su estela retumbó en Francia. Hace unos días ganó en la tierra del champán; ahora, se viste de amarillo en la antesala de la fiesta nacional. El padre de Alaphilippe dirigía una orquesta en bodas y festejos populares. Su hijo maneja la batuta en el gran coro francés del Tour. Eso sí, la ronda gala dejó que un solista tuviera su hueco estelar en esta fiesta gala.