Premio para Sagan y castigo para Luis León

El último golpe de riñón. Peter Sagan se impone en la misma línea de meta al italiano Sonny Colbrelli. :: reuters/
El último golpe de riñón. Peter Sagan se impone en la misma línea de meta al italiano Sonny Colbrelli. :: reuters

En otra etapa de caídas, gana el eslovaco y el murciano deja el Tour con cuatro costillas y un codo rotos

J. GÓMEZ PEÑA

la roche-sur-yon. «Mal. Jodido». Lo poco y mal que podía andar Luis León Sánchez lo hacía como una momia. Tieso. Más que hablar, balbuceaba: «Cuatro costillas rotas». Eso dijo. Eso y que también tenía partido el codo izquierdo. El pelotón del Tour se había desbordado sobre una mediana. Allí quedó varado, partido, el ciclista murciano, víctima del Tour, tan fantástico y electrizante como cruel.

Antes de la victoria de Peter Sagan en La Roche-sur-Yon hacían cola la malas noticias. A 40 kilómetros de meta sonó el zafarrancho. El pelotón circulaba enloquecido sobre la cuerda floja. Un bandazo bastó. La mala suerte eligió un dorsal, el 127: Luis León Sánchez. «En cuanto he visto cómo caía, he tenido claro que se iba para casa», relató su compañero Omar Fraile. Acertó. Luis León, con los hombros en carne viva, se encogía, como protegiéndose del dolor creciente por el golpe contra el bordillo. Hizo un leve amago de seguir, pero no podía. Negó con la cabeza. Le dañaba hasta respirar. La ambulancia lo sacó del Tour. Esta carrera es como el alambre de espino. Siempre acaba por herirte.

Mouilleron Sain-Germain
Etapa
Nombre Tiempo
1. Peter Sagan (Bora) 4h06
37

La lista de desgracias no terminó ahí. El roce de las espuelas anunciaba el esprint. Gaviria, el líder, el ganador de la primera etapa, ordenó acelerar al Quick Step. Pero el Bora, el equipo de Sagan, le tomó la delantera. Gaviria-Sagan, un duelo gigante. Son amigos. El colombiano quiere ser como el eslovaco. Le idolatra. La meta les esperaba ansiosa y entre curvas. El bochorno hacía inútil la sombra. Fuego en el asfalto. Y a 2 kilómetros de la pancarta había que sortear un giro a la derecha con perfil de guadaña. Zas. Caída entre los que se pegaban por un hueco en el esprint. Matthews, Gaviria, Laporte... Patinazo. Estrés. Ríos de sudor frío y adrenalina. Ese corte seco dejó a sólo nueve ciclistas por delante. Entre ellos, Sagan, claro. El campeón del mundo se giró. Pasó revista: estaban los rápidos Demare, Kristoff, Colbrelli y Degenkolb, y los potentes Valverde -siempre con los mejores- y Alaphilippe. Sagan pulsó su instinto, que casi nunca le falla. Se fijó como objetivo ser la sombra de Demare.

«Peter (Sagan) es el mejor del mundo a la hora de elegir la rueda del ciclista más rápido», apunta Patxi Vila, director del eslovaco en el Bora. En el tramo previo al esprint de La Roche-sur-Yon, Sagan vigiló primero a Gaviria. Algo no le gustó. El colombiano iba demasiado atrás. Sagan dio un paso adelante y por eso no le pilló la caída que tumbó a Gaviria. Sin ese rival y con la meta a la vista, el eslovaco desenfundó de nuevo su instinto. Era una recta con ligero desnivel. Le beneficiaba. A por Demare. Se agazapó tras él y saltó por encima justo al final para ganar la etapa. Ojos fijos, precisión de periscopio. Sagan midió mejor. El arcoíris del ciclismo. El nuevo maillot amarillo del Tour (por la bonificaciones).

Hace un año le expulsaron los árbitros de la ronda gala por un codazo a Cavendish que nunca propinó. Aquella decisión fue injusta. La Unión Ciclista Internacinal (UCI) lo reconoció cinco meses después. Tarde. Los jueces privaron al Tour de un dorsal que es una bendición para este deporte. También lo es Valverde, que se acerca a los 40 años como nuevo. De todos los que pueden luchar por la general fue el único que salvó el corte por la caída previa al esprint. Al final, los jueces les dieron a todos el mismo tiempo, pero quedan avisados. Valverde ha venido al Tour con el colmillo afilado. No se corta ni para hablar. «Eso de reducir el número de corredores por equipo para hacer más seguras las carreras es una tontería. Las caídas vienen por la velocidad y la tensión», dijo. Y punto. El Tour lo acelera todo. Una victoria aquí justifica una carrera deportiva. Fiebre del oro. Incluso una escapada cotiza alto.

Como la de Sylvain Chavanel, que se hizo ciclista en esta región atlántica, que ya tiene 39 años y que presume de ser el corredor que más veces ha disputado el Tour: con esta, son 18 ediciones. Deja atrás a Voigt, Hincapie y O'Grady (17), como atrás dejó los 16 Tours de Zoetemelk. Eso sí, el viejo holandés los acabó todos: ganó el de 1980 y fue segundo seis veces. Chavanel no alcanza esa altura. Si llega a París, le igualará con 16 recorridos completados. Su escapada era un autohomenaje. Le aplaudió el público. Le palmearon la espalda otros ciclistas. Chavanel, dice, sigue en esto, porque mantiene «el alma de un niño».

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