BICICLETA DE MONTAÑA

Un récord histórico con regusto amargo

Coloma, exhausto en la llegada :: la rioja/
Coloma, exhausto en la llegada :: la rioja

Coloma concluye su vigésimo Mundial consecutivo en la 18ª plaza tras una carrera de sangre fría

VÍCTOR SOTO

logroño. El reto era difícil, casi imposible. Como alcanzar el final del arcoíris. Pero Carlos Coloma tenía que intentarlo. En Suiza, el país de Nino Schurter y de la armada de ciclistas de montaña más potentes del mundo, saliendo en vigésimo séptima posición y en un circuito que penaliza cualquier mínimo retraso, el albeldense lo intentó hasta el final. Peleó hasta el último segundo por seguir subiendo peldaños en la clasificación hasta acabar decimoctavo, la plaza que mantuvo en la recta final de la carrera. Se quedó a cinco segundos de la decimoquinta plaza. Todo un mundo.

Pero Coloma, en su vigésimo Mundial consecutivo, demostró que sigue ahí, entre la élite. Fue el primer español, por delante de Valero que salió muy bien pero tuvo problemas y sólo aguantó la primera vuelta en cabeza, y por delante de Mantecón. Fue, además, el que tiró del carro en todo momento, imponiendo su ritmo y dejando que otros se pegasen a su rueda. Y fue, sobre todo, un ejemplo de pundonor. A punto de cumplir 37 años, con una temporada complicada y muchos proyectos de futuro, siguió rindiendo a tope hasta la última pedalada.

En el bosque suizo de Lenzerheide la batalla estaba planteada por delante. La regularidad durante el año premiaba a los mejores con un puesto de privilegio en la salida. Coloma, desde atrás, se veía envuelto en una maraña de piernas, pedales y bielas. Le sobraron, incluso, estos últimos. En la primera bajada, ante el atasco, tuvo que echar pie a tierra y buscarse la vida tirando de su Mondraker. Por delante no había guerra, sólo horizonte. Por detrás, una pelea por cada centímetro. En el primer intervalo, el albeldense ya había perdido 48 segundos y ocupaba el trigésimo puesto. Tocaba, como de costumbre, remontar.

En la segunda vuelta, el riojano logró remontar siete plazas pero ya no pudo mantener su progresión

El riojano iba preparado para eso, sin volverse nunca loco. La obligación era remar desde atrás. Poco a poco. Pasó la primera vuelta, en la que ya mandaba Nino Schurter, en vigésimo quinta plaza, a 55 segundos. Sabía que en la subida de la segunda era el momento para pegar el hachazo y lo hizo. En menos de un kilómetro alcanzó la decimoséptima posición, que mantendría en el segundo paso por meta. Reaccionaron su compañero de equipo Ondrej Cink, el helvético Frischknecht y el italiano Luca Braidot y Coloma no pudo seguirles. Tocaba contemporizar. Incluso cayó a la vigésima plaza, en la cuarta y quinta vuelta. Los cadáveres caerían y él no quería ser uno de ellos.

En cabeza, Kerschbaumer y Schurter protagonizaban un pulso épico, de otra galaxia. Mientras, Mathieu Van der Poel, último ganador de La Rioja Bike Race, se rehacía de una mala salida y, en la tercera vuelta, arrancaba las pegatinas de siete rivales en el tramo más duro de subida. Otro detalle más de un portento que se hizo así con la tercera plaza, que ya no abandonaría.

Al paso del ecuador del Mundial, Coloma pugnaba con el belga Schuermans antes de formar un pequeño grupo con él y el checo Skarnitzl. Coloma tiraba y el resto se aprovechaba del esfuerzo. Pero el albeldense confiaba en sus posibilidades. Ni las raíces ni el cansancio le hacían desistir. El belga logró abrir un pequeño hueco, pero Koretzky, desfondado, cayó. Y Coloma seguía el decimoctavo. No iba a cambiar ya de posición para entrar en meta a cuatro minutos y medio de Schurter, que en la séptima vuelta logró despegarse de Kerschbaumer para sumar su séptimo título mundial.

Veinte años después, Coloma sigue dando guerra. El resultado no es satisfactorio, pero demuestra que aún tiene mucho que decir. Tokio 2020 ya está a la vuelta de la esquina y toca deshojar el calendario con sangre fría, como la que mostró ayer.

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