LIGA ASOBAL

La máquina franjivina de los errores

Imanol Garciandia busca el pase ahogado entre hombres del Atlético Valladolid. :: F. Díaz/
Imanol Garciandia busca el pase ahogado entre hombres del Atlético Valladolid. :: F. Díaz

El Logroño consuma su primera derrota víctima de sus fallos ante un serio Atlético Valladolid

Martín Schmitt
MARTÍN SCHMITTLogroño

Tenía que llegar algún día. Pero la primera derrota causó mucho escozor al equipo franjivino. Justa y merecida, además. Porque el Ciudad de Logroño cometió demasiados errores para poder sacar algún punto en su enfrentamiento con un serio Atlético Valladolid, que supo cuándo y cómo hacer daño a un equipo riojano alocado, desorientado y que se llevó alguna pitada por parte del público. Algo que puede ser anecdótico pero refleja lo que transmitió el conjunto de Miguel Ángel Velasco a su afición. Fue una máquina de cometer errores, que, como no podía ser otra cosa, se tradujo en la primera derrota de la temporada.

El equipo logroñés, amparado en el buen papel defensivo y de su portero, se mostró demasiado atascado en ataque, muy lento y descentrado. Poco vertical. Acumuló cerca de una veintena de pérdidas. Y así ningún equipo es capaz de ganar. Y eso que, al margen del inicio dubitativo, comandó el encuentro hasta los últimos quince minutos. Luego llegó la debacle, con una defensa permeable y una portería que dejó de aportar.

LAS CLAVES

Demasiadas pérdidas
Por culpa de la desconcentración, el cuadro riojano cometió demasiados errores que acabó pagando muy caro
El equipo pucelano olió sangre y le derrotó.
Ataque espeso
La defensa franjivino funcionó a ratos
Pero el ataque se volvió muy previsible, sobre todo para los lanzadores como Garciandia y Del Arco.

Las malas vibraciones se sintieron en el Palacio desde el inicio. Porque el Ciudad de Logroño comenzó el encuentro muy torpón, cometiendo demasiados errores en la circulación del balón y el pase al pivote. No encontraba la fórmula Eduardo Cadarso para superar el 5-1 con el que se plantaron los pucelanos en el Palacio de los Deportes. Un esquema defensivo que se le atragantó a lo largo del encuentro. Dirigidos por Diego Camino, el Atlético Valladolid sí parecía carburar mejor que su adversario. Se enfrentaban dos equipos de similares características y en los primeros movimientos en el tablero de ajedrez eran más letales los pucelanos que los franjivino.

Con la derrota de ayer, el equipo riojano cae a la quinta plaza justo antes de visitar el Palau

Erik Balenciaga relevó a Cadarso en la dirección del equipo y tampoco cambió la cosa, sobre todo en las primeras acciones con el vasco en el centro de la primera línea riojana. La defensa sufría a mares el veloz movimiento de balón de los vallisoletanos. De momento, la retaguardia comandada por Kule Kusan y Miguel Sánchez-Migallón ataba a Abel Serdio en el pivote, uno de los mayores peligros del equipo de David Pisonero, aunque el daño llegaba desde los laterales, a través del brazo de Víctor Rodríguez.

Pero el Logroño ajustó su defensa y empezó a correr al contraataque. Y después de un inicio muy igualado, en el que siempre fue a rebufo del Recoletas, apareció Javi Muñoz después de un mes y medio para marcar dos goles consecutivos de contraataque para dar vuelta el asunto (11-9). Las sensaciones mejoraban y el Ciudad de Logroño daba otra imagen, sobre todo cuando empezó a ensanchar las diferencias, que al descanso era de tres goles (15-12).

Pese a ese margen, y a que en el inicio de los últimos treinta minutos pareció empezar a decidir el duelo, los disparates y los fallos continuaron en aumento. Pocos creían que el Ciudad de Logroño fuera a lidiar con semejante problema. Sólo el buen estado de la defensa permitió a los Velasco mantenerse en pie hasta doce minutos antes del final, cuando los franjivino encadenaron fallos en serie para dar alas a un Atlético Valladolid amparado en la experiencia de Diego Camino, las internadas de Adrián Fernández y el brazo zurdo de Rubén Río.

Enloqueció el conjunto riojano y no tuvo la suerte de encuentros anteriores. Cada vez que se levantaba a pelear después de un gol, volvía a enredarse en la confusión, en los descuidos y en los fallos. Uno tras otro. Para colmo, Imanol Garciandia y Juan del Arco tenían ayer la pólvora mojada. Y cuando los balones no entran, la mente empieza a jugar malas pasadas en forma de inseguridades. Pases a la grada, fallos en lanzamientos desde los seis metros, penaltis errados...

Eso acabó por desquiciar al Ciudad de Logroño y a un pequeño sector de su parroquia. Con esta derrota y las victorias del Ademar, el Bidasoa y el Granollers, el conjunto franjivino cae a la quinta plaza de la Liga Asobal justo antes de su visita al Palau Blaugrana y a la maratón de encuentros que incluyen la eliminatoria contra el Kadetten Schaffhausen. Un mes de frenesí en el que, además, se despide el jugador que más veces ha vestido la camiseta franjivina, Gurutz Aginagalde. Ahora, esta joven plantilla que había evidenciado desparpajo, es cuando debe mostrar su imagen más adulta.

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