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Un valiente Logroño se va de vacío de Berlín con polémica

Un valiente Logroño se va de vacío de Berlín con polémica
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Los franjivino se mantuvieron con opciones ante el Füchse hasta el final pero acabaron pagando las expulsiones de Migallón y Kusan y las controvertidas decisiones arbitrales

Martín Schmitt
MARTÍN SCHMITTLogroño

Con coraje y mucha disciplina, el Ciudad de Logroño le disputó de igual a igual al Füchse Berlin en el mismísimo Max-Schmeling-Halle colmado. Pero no pudo ganar. En realidad, no le dejaron vencer. Un más que polémico arbitraje impidió que los franjivino se llevasen algo positivo en su visita a la capital alemana. Varios fallos discutibles, y algunos que no tienen razón de ser, privaron a los riojanos de meterle mano a los zorros berlineses. Y en su propia madriguera. La pareja arbitral compuesta por los suecos Rickard Canbro y Jasmin Kliko se cebó con el equipo riojano, sobre todo en los momentos críticos, negándole puntuar ante el actual campeón de la Copa EHF.

En esos últimos minutos, los colegiados expulsaron con roja directa a Miguel Sánchez-Migallón y a Kule Kusan (por tercera exclusión), los pilares defensivos de los franjivino, que pese a todo continuaron batallando hasta el final en busca de la machada.

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Pero fue imposible. Y eso que lo tuvo en sus manos el Logroño. Pero cada vez que ponía contra las cuerdas al Füchse Berlin, los árbitros pitaban una falta en el bloqueo a Tomás Moreira, cuando era el pivote el que recibía los 'cariños' de Marsenic y Gojun. Y en defensa, todo lo contrario. Una retaguardia impoluta y con pocos fallos fue penalizada en demasía. Pero eso no es nuevo para un equipo como el logroñés, que ayer realmente no podía entender lo que sucedía en la pista berlinesa. La imagen de desolación de los jugadores llegaba al alma.

Porque el Ciudad de Logroño se lo creyó. Y luchó. Y lo pudo ganar porque defendió como nunca. Atragantó a un equipo como el Füchse en su propio terreno y ante un pabellón repleto. Le metió el miedo en el cuerpo. Hasta que salieron al rescate Canbro y Kliko, expulsando a Sánchez-Migallón por una falta que ni siquiera era exclusión, y a Kule Kusan cuando Imanol Garciandia corría solo a la contra hacia el empate.

El Ciudad de Logroño dio la cara. Desde el inicio, además. Jugaron los franjivino con valentía, intentando sorprender a los berlineses, primero con una defensa en 5-1 y luego atacando con siete jugadores, con dos pivotes en pista. Era la declaración de intenciones de Miguel Ángel Velasco. Un Füchse Berlin de local, con un público que no paró de animar a los suyos, no iba a intimidar al Ciudad de Logroño. Y fue lo que sucedió.

Con una buena defensa, el conjunto riojano le puso las cosas difíciles a una primera línea comandada por Paul Drux (no jugó la semana pasada en el Palacio de los Deportes), Weide y Holm. El lateral izquierdo de la selección alemana y y el pivote Marsenic (Vanja Ilic es su padrino de boda) fueron los únicos que pudieron hacer daño a los logroñeses, que encontraron la manera de meter mano a los alemanes a través de los extremos. En este sentido, Javi Muñoz se mostró sumamente acertado en esa primera parte, anotando en seis de los ocho lanzamientos que disfrutó.

El tema es que la seriedad defensiva del Ciudad de Logroño permitió a los franjivino mantenerse en partido y poner en aprietos a un conjunto germano que defendió casi toda esa primera parte en 5-1. Pero los riojanos demostraron que tenían trabajada esa táctica y se fueron a los vestuarios con un 13-14 que invitaba al optimismo.

En el inicio de la segunda parte el conjunto berlinés puso una marcha más y logró abrir un pequeño hueco de dos goles. Una renta que quedó en nada después de un oportuno tiempo muerto de Velasco. Las cosas siguieron por los mismos cauces que la primera parte, aunque los riojanos empezaron a sentir el rigor de una defensa que incrementó los decibelios de intensidad.

Un partido abierto en el que las porterías tuvieron poco protagonismo (Sergey Hernández detuvo diez balones, casi el doble que sus colegas alemanes). El encuentro se iba a decantar en otros frentes muy distintos, en los que nada podía hacer el Ciudad de Logroño salvo aceptar las decisiones finales y marcharse con la frente muy alta del Max-Schmeling-Halle. Porque el equipo franjivino pudo haber perdido ayer en Alemania. Pero se marchó de la capital orgulloso del trabajo realizado, de poner contra las cuerdas a un campeón como el Füchse y de tener el convencimiento de que pasar de fase es factible.