Una deuda pendiente

Pedro Berges falleció el pasado día 4 en Logroño a los 60 años de edad/
Pedro Berges falleció el pasado día 4 en Logroño a los 60 años de edad

Pedro Berges ha sido, en esencia, un hombre de balonmano. Sería muy complicado tratar de comprender la historia de este deporte en La Rioja sin su tesón, trabajo y constancia.

A Pedro Berges lo recuerdo, primero, como rival en la cancha, él ya de salida, yo, casi de estreno. Después se convirtió en el entrenador del Cantabria, eterno rival del Calasancio. Más tarde fue el seleccionador de La Rioja cuando disputamos en Granada el Campeonato de España Júnior. Colaboró con Diario LA RIOJA siempre que fue necesario, en especial en la época del Corbetón, en Primera Nacional, cuando un servidor tenía que acercarse a su casa para recoger el acta del partido porque Berges estaba con la pierna lesionada. Lo último que hizo Berges fue ocupar el puesto de segundo entrenador, formando tándem con Alberto Suarez, en el recién nacido Club Balonmano Ciudad de Logroño, proyecto por el que trabajó en la trastienda durante años.

Después de todos estos años de convivencia con él puedo asegurar que Pedro Berges, por encima de todo, fue buena gente. Aficionado al deporte en general, enamorado del balonmano en particular, no dudaba en coger su moto para plantarse en Irún para ver el torneo internacional que en su día se celebraba en Artaleku, con la única compañía de una camisa, sin sitio para dormir ni preocupación por no tenerlo.

La vida fue injusta con Pedro. Jodidamente injusta. En los últimos tiempos sobrevivía. Y estoy seguro que los partidos del Ciudad de Logroño fueron grandes alicientes para seguir aquí. Como a muchos otros, en cualquiera de las disciplinas deportivas que elijan, a Pedro Berges le faltó un reconocimiento en vida. Aunque probablemente no hubiera acudido. Porque Pedro era más de estar que de ser. No le iban los focos y las primeras filas.

Si es cierto, como canta Chavela Vargas, que «amor, con amor se paga», el balonmano riojano le debe mucho amor a Pedro Berges. Aquí va el de un servidor en forma de un sonoro «Gracias Pedro, que te vaya bonito «.

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