Adiós al gran capitán franjivino

Reconocimiento. Gurutz se despide de su gente tras el encuentro./
Reconocimiento. Gurutz se despide de su gente tras el encuentro.

Aunque sólo jugó unos instantes, los últimos en el Palacio de los Deportes, Gurutz Aginagalde fue el protagonista de la noche europea

Martín Schmitt
MARTÍN SCHMITTLogroño

No pudo jugar. Pero fue el primero en animar a Miguel Velasco a que siguiera apostando por Sergey para no cortar con la dinámica del equipo. Porque hasta el final, Gurutz Aginagalde, el gran capitán franjivino, mostró que es un hombre de equipo. Un ejemplo. Además, pese a que sólo salió en dos ocasiones a tratar de parar unos penaltis, era su noche. Y el Palacio se rindió a sus pies en ese instante final en el que se despidió de su gente.

Del otro lado de la valla, su familia, sus padres, sus hijas, su pareja, sus amigos, todos con camisetas amarillas con un doce en el pecho. Una bandera con el escudo de su Irún natal y muchas pancartas decoraron el pabellón para decir adiós a una leyenda, en una noche en la que fue ovacionado varias veces: cuando se le presentó por última vez, en el minuto 12, su número, el que nadie más utilizará, o al final, cuando se quedó mano a mano con su afición.

Gurutz Aginagalde jugó su último partido en Logroño y ya nada será igual a partir de ahora. Nos sentiremos un poco vacíos, nos faltará siempre algo. Nuestro consuelo será ver ondear la 12 en el Palacio.

 

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