Otro sueño que se hizo realidad

Fernando Riaño, con su guía Jesús Celada, en dos momentos de la competición celebrada en Suiza. :: F.R./
Fernando Riaño, con su guía Jesús Celada, en dos momentos de la competición celebrada en Suiza. :: F.R.

Fernando Riaño, con discapacidad visual severa, ganó el Mundial de duatlón de larga distancia

CÉSAR ÁLVAREZ LOGROÑO.

Nueve años después de que Fernando Riaño conquistara su primer Campeonato del Mundo de duatlón, este jarrero que sufre una discapacidad visual severa, volvió a subir a lo más alto del podio en un Mundial, pero en esta ocasión de larga distancia. Riaño y su guía, el madrileño Jesús Celada, invirtieron 9 horas y algo más de 17 minutos en cubrir los 12 kilómetros iniciales de carrera pedestre, los 161 kilómetros siguientes en bicicleta -en su caso en tándem- antes de finalizar con otros 32 kilómetros a pie.

Se hacía así realidad un sueño que comenzó a gestarse antes del verano, a partir de simples comentarios entre amigos y que tomó forma a partir de junio (aunque tanto Riaño como Celada habían entrenado mucho juntos sin un objetivo concreto).

Riaño reconoce que se enfrentaba al Mundial de larga distancia con mucho respeto: «Era la primera vez que Jesús (Celada) y yo competíamos juntos. Se trataba de una prueba de larga distancia y se nos podía hacer largo tanto física como muscularmente, pero se dieron las mejores circunstancias y todo salió bien».

La prueba empezó bien según explica el deportista jarrero: «Durante la primera parte, la carrera a pie, fuimos dosificando. En la segunda parte, sobre el tándem, nos encontramos muy bien, incluso hubo momentos en los que pensábamos que demasiado bien. El recorrido era duro pero íbamos muy bien acoplados, tanto es así que en la segunda vuelta mejoramos el tiempo de la primera y en la tercera, sólo hicimos un segundo más». En la parte final, surgieron algunos problemas. «Tuve algunas molestias en el cuádriceps y la rodilla, también mi compañero pasó por momentos malos, pero eso es habitual en una competición tan larga y exigente. En Suiza hay pocos kilómetros planos por lo que el circuito tenía continuos desniveles que endurecían la prueba. Las bajadas eran más duras que las subidas porque el suelo estaba muy húmedo y no podías alargar las zancadas porque te podías ir al suelo. La verdad es que al final sufrimos mucho, pero todo salió bien».

Tanto es así, que acabada la prueba después de competir durante más de nueve horas ininterrumpidas, y de recoger la medalla, cuando volvieron al hotel «estuvimos hablando de las cosas que se pueden mejorar. Las sensaciones habían sido muy buenas, y probablemente repetiremos experiencia».

Riaño explica que «en una prueba de tanta exigencia aprendes mucho y al final terminas sacando consecuencias. Una de ellas es que en estas pruebas la parte psicológica es muy importante porque todos flaqueamos en algún momento y ahí juega un papel muy importante el compañero». El riojano incide especialmente en el papel jugado por el madrileño Jesús Celada: «Sin él yo no hubiera podido estar aquí» y explica la importancia de pequeños detalles que, a veces, pasan inadvertidos: «En los avituallamientos, él tiene que coger para los dos porque yo no veo y me resulta prácticamente imposible coger», es por eso que resulta fundamental la compenetración con el compañero.

Una compenetración que va más allá de lo deportivo y que se traduce en la «actitud y mentalidad» común. Esa que el lunes, apenas una horas después de haber competido, les llevó a levantarse de madrugada para coger un avión en Suiza y poder llegar a Madrid a las 9, para incorporarse a sus puestos de trabajo.

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