El restaurante
La Cortijana, medio siglo alimentando amistadesEl primer local abrió en 1975 y desde entonces, aunque el negocio se ha ampliado, sigue siendo todo un referente en el barrio
Cumplir medio siglo en cualquier negocio se está convirtiendo en algo excepcional, mucho más si se circunscribe al sector de la hostelería. Sin embargo, La ... Cortijana ha sabido aprovechar las oportunidades surgidas a lo largo de estos últimos cincuenta años y se ha atrevido a arriesgar en momentos clave para no solo mantenerse en activo, sino también para crecer en torno a un proyecto familiar que dio sus primeros pasos en forma de fonda en 1970.
Fue en ese año cuando Rufino Moreno, que mañana domingo cumple 93 años, y su mujer Blanca Jiménez decidieron acoger huéspedes en su vivienda de la calle Beatos Mena y Navarrete. Así nació Fonda La Cortijana, nombre con el que quisieron rendir homenaje a la Virgen del Cortijo, patrona de Soto de Cameros, la localidad natal de Rufino.
La Cortijana
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¿Dónde se encuentra? En la calle Beatos Mena y Navarrete, 16 (Logroño).
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Horarios De lunes a sábados, de 6 a 23.30 horas; domingos, de 8.30 a 19 horas.
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Reservas A través del teléfono 941 23 03 44.
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Página web wwww.hostallacortijana.com.
Cinco años más tarde, en 1975, aprovecharon un pequeño local de apenas 34 metros cuadrados que se encontraba en los bajos de la fonda y lo habilitaron como bar para dar servicio tanto a los usuarios hospedados como a la clientela de la zona. Blanca se puso al frente de la cocina y Rufino atendía la barra, ayudado por sus hijos Ángel y Esther, que desde bien jóvenes asumieron un rol principal en el negocio familiar –cuando sus padres abrieron el bar Ángel tenía 12 años y su hermana Esther, 16–. La Cortijana se convirtió en el bar más pequeño de la zona, con tan solo dos mesitas en la planta baja y otras ocho en la entreplanta, que se comunicaba a través de una escalera con la fonda.
Pese a las reducidas dimensiones del bar, contaba con una barra muy completa, donde no faltaban los pinchos, las tortillas y la comida de los huéspedes de la fonda, de la que se encargaba Blanca, que atesoraba una buena mano en cocina. «También preparábamos lunch para bautizos y hemos celebrado las comuniones de muchos los niños del barrio», recuerda Ángel Moreno.
Una carta muy variada
La propuesta de La Cortijana pasa por una carta muy variada, donde destacan los platos combinados, las tostas, los bocadillos –el más demandado es el de albóndigas, al que es posible añadirle más ingredientes–, las ensaladas y las tablas, que complementan a los pinchos en barra. En horario de comida se amplía la oferta con hamburguesas, perritos, raciones y su propuesta estrella, los platos mandahuevos –dos huevos fritos acompañados de patatas fritas y a los que se les puede añadir picadillo, San Jacobo, pechuga, tortilla de patata, pimiento relleno, oreja, albóndigas, lomo adobado o bacon–.
Rufino y Blanca, que se jubilaron en 1993 para dedicarse al cuidado de sus cuatro nietos (aunque el padre sigue acudiendo todos los días al bar), enseñaron a Esther y Ángel el trabajo duro y el sacrificio. Una filosofía que es la base fundamental de este negocio que ha ido creciendo hasta sus 120 metros actuales –han ampliado gracias a adquirir varios locales que han ido anexionando al bajo inicial– y que también asumieron sus respectivas parejas, Rafa y Mari Carmen.
Pero este medio siglo de historia no ha sido siempre un camino lleno de rosas. Ángel resume en dos los momentos más críticos para el negocio. El primero en 2013, cuando su hermana Esther, junto a su marido y sus hijos, decidieron iniciar una nueva etapa empresarial por su propia cuenta. El segundo, en pandemia, aunque ese tiempo en casa les permitió pasar más momentos en familia y realizar, asimismo, obras de ampliación en su otro negocio, La Cortijana Campus (Avenida de la Paz, 79), cafetería que había abierto sus puertas en 2017 y que ahora acoge también un restaurante. Y en breve verá la luz su renovado proyecto de hospedaje, un hotel de 30 habitaciones, con entrada por la calle Cigüeña –en 2007 habían transformado la fonda en un moderno hostal de dos estrellas con baño en las habitaciones–.
Ángel Moreno, su mujer Mari Carmen y sus hijos Ángel –se unió al negocio cuando terminó sus estudios en la Escuela de Hostelería de Santo Domingo– y Rubén –dejó la carrera de Derecho para sumarse a La Cortijana– son ahora los rostros de este proyecto familiar, al que se ha incorporado en el restaurante la nuera de Ángel, Sandra; su sobrina Dayana, que lleva con ellos en la cafetería desde 2015; y Juan al frente de la cocina desde que abrieron en Avenida de la Paz.
La segunda generación ha empezado a pensar ya en la jubilación, sobre todo para poder cuidar de su nieta Carmen. Lo que sí es seguro es que el legado familiar continuará en La Cortijana para seguir dando servicio al barrio de San José y a una clientela fiel, a la que le une una sincera amistad.
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