Volver a ver una comedia políticamente incorrecta

Ana Belén, Juan Echanove y García Sánchez se reencuentran 30 años después para celebrar la restauración de 'El vuelo de la Paloma'

DOMÉNICO CHIAPPE

madrid. En la película 'El vuelo de la Paloma', Ana Belén se coloca una peluca que imita el peinado de Julia Otero para encarnar a un ama de casa con una vida casi rutinaria hasta que llega un galán de cine, vestido con uniforme franquista y pelo pegado en el pecho. «Era volver a mi barrio, cuando en la calle Embajadores llegaban a rodar y cómo lo vivíamos los chavalines», recuerda Ana Belén, tres décadas después del estreno. «Cuando leí el guion, me vino a la cabeza un sainete, con personajes de 'quiero y no puedo'».

Con motivo de la proyección de una copia digital restaurada de esta comedia, se reunieron en la Academia de Cine de Madrid dos de los protagonistas, Ana Belén y Juan Echanove, y el director José Luis García Sánchez.

Recordaron que, entre octubre y diciembre de 1987, el equipo llegaba en metro hasta el set y a veces comía en Casa Paco -que sale en una toma llevando chuletones-. Buenos momentos, coinciden. También un éxito, al que la productora A Contracorriente Films quiere rendir homenaje con este reestreno.

En su momento, la película reunió a 214.000 espectadores y fue nominada a cinco premios Goya, gracias a sus situaciones y humor que hoy se consideran políticamente incorrectas. Por ejemplo, el 'gag' del policía que amenaza a los extras con el grito «¡qué pasa con los negros!»; el toqueteo del famoso de turno a la mujer ignorante, que le dice que 'no' mientras busca el ascenso social pasando de un hombre a otro; o el pederasta que, como dice una de las chiquillas, le regala un 'walkman' «para tocarle las tetas»...

«La intención era sacar una 'Madame Bovary' de la simpleza del barrio», mantiene García Sánchez, que pregunta al auditorio: «¿Hay algo rechazable en la película?». Ana Belén cree que hoy no se haría una obra de este tipo: «Hemos llegado a extremos de la corrección política que coarta la libertad de creación». En la sala hay más aplausos que risas.