«La vida bien vivida es arte y el arte bien ejercido es la vida»

«La vida bien vivida es arte y el arte bien ejercido es la vida»

El veterano y reconocido artista conceptual Isidoro Valcárcel visita estos días Logroño para inaugurar e intervenir en la exposición que le dedica Cultural Rioja en la sala Amós Salvador. Allí, por primera vez, se pueden ver todas sus intervenciones vinculadas con el cine

Estíbaliz Espinosa
ESTÍBALIZ ESPINOSALogroño

Para Isidoro Valcárcel Medina (Murcia, 1937) todo es susceptible de convertirse en arte, desde una escalera hasta el cine. Las experimentaciones conceptuales que sobre este último ha realizado a lo largo de su vida -y que aún está haciendo este fin de semana en Logroño- conforman el corpus de 'Isidoro Valcárcel Medina va al cine', exposición que alberga la Amós Salvador de Logroño hasta el 18 de noviembre. Coincidimos con el autor, referente y pionero del arte conceptual en nuestro país, en el momento que llegaba a esta sala y, por primera vez, contemplaba la exposición.

-¿Qué impresión tiene?

-Estoy encantado, la ambientación es muy cinematográfica, con lo cual no tengo más que motivos de felicidad.

«La obra de arte no es el objeto, sino el proceso que ha dado como resultado el objeto»

-Aquí hay obra que se remonta hasta el año 1972. ¿Cómo percibe su trabajo con el paso del tiempo?

-Uno lo cree ya sobrepasado. De repente veo 'La celosía', que filmé hace 46 años, y me parece la cosa más normal del mundo. Visto con otra perspectiva no se puede ignorar que está hecho hace 46 años y que, en cierto sentido, no ha sido imitado ni seguido.

-Usted es un apasionado del cine convencional, lo conoce bien y eso le permite interferirlo a través de acciones como éstas. En su instalación '9 películas. 26 fragmentos' (la única de la exposición que incluye retazos del cine convencional) echa mano de nueve largometrajes clásicos como 'París bajos fondos', 'Muerte de un ciclista', 'Bajo el peso de la ley'... ¿Por qué precisamente estos títulos?

-No sé si decir que son películas que me gustan, que me caen bien, que me influyeron en un momento, que me son simpáticas. Evidentemente se me puede contraponer otra lista completamente distinta pero, bueno, en el momento que lo hice elegí éstas.

-También es un apasionado de la radio, y de ahí su radiofonía de 'Un condenado a muerte se ha escapado', incluida en la exposición. ¿El apasionamiento debe preceder a una intervención artística?

-No sé si el apasionamiento como tal es lo más aconsejable pero, desde luego, sí mi criterio bien formado ya desde la infancia, en que sólo había radio. Y no yo, sino todos en ese momento éramos apasionados de la radio porque era eso o nada. Luego esa pasión no es elegida sino condicionada, pero evidentemente yo la conservo todavía.

-¿Y qué otras pasiones mueven a Isidoro Valcárcel?

-Pues todas las que se pueda una imaginar. Digamos que todas.

-Da la sensación de que el arte y la vida conviven en usted tan estrechamente que incluso, en ocasiones, llegan a fundirse.

-Sí, es que realmente la vida bien vivida es arte. Y el arte bien ejercido, qué duda cabe que es la vida. Es así.

«El respeto al público es fundamental, pero no debe limitarme ni en un milímetro la libertad de acción»

-¿Y la suya es una vida bien vivida?

-Procuro. Me parece aconsejable.

-Según usted «el arte tiene sentido cuando nos hace conscientes de una realidad personal». ¿Y por qué no de una realidad colectiva o universal?

-¿Qué universal no es personal? Es decir, yo no puedo mover un dedo sin que sea un gesto universal. Y cuando nos dicen a los artistas: 'pero eso lo has hecho tú', es cierto, pero está al alcance de cualquiera. En ese sentido, yo prefiero lo universal a lo personal, lo que pasa es que no podemos desligarnos de lo personal aunque tenga intencionalidad universal, sería una idiotez. Con lo cual es lo mismo.

-Usted ha hecho siempre lo que ha querido y como ha querido. ¿Eso tiene un precio?

-Sí, pero si se sabe a priori que tiene un precio y uno acepta ese precio es como cuando vas a comprar una barra de pan. ¿De qué te vas a quejar? O pagas y comes pan, o no comes pan.

-Y usted ha preferido no comer pan en muchas ocasiones.

-En muchas ocasiones sí. La comparación que acabo de hacer no tiene esa intencionalidad pero evidentemente el precio de todo es el precio del pan. Y sabes que si quieres sobrevivir tienes que pagarlo o te las apañas como puedes.

-Mantenerse al margen de lo establecido, de los convencionalismos, de las instituciones y el mercado se antoja a menudo frustrante.

-No es nada frustrante, es muy placentero porque uno puede ir chuleando...

-Me refiero a que cuando uno intenta ir por libre acaba dándose cabezazos con todo lo impuesto.

-Pero bueno... ya lo sabes, y no es que acabes dándote cabezazos, es que vas a dártelos. Pero esos cabezazos son placenteros. Si a mí, por ejemplo, alguien que escribe una crítica absolutamente negativa sobre 'La celosía' dice que una novela escrita en la pantalla es una chorrada, me quedo así de ancho. Vamos, que no es tan mala la cosa.

«No muevo un dedo»

-Para usted el rigor del proceso está por encima del resultado, algo que rige bien poco en nuestra sociedad, donde sólo queremos resultados y los queremos ya.

-Sí, ese es un riesgo de la obra de arte, pensar que es el objeto, cuando la obra de arte es el proceso que ha dado como resultado el objeto. Evidentemente el objeto puede ser maravilloso y todos quedarnos con la boca abierta y disfrutarlo. Eso no es nada negativo, pero no es esa la obra de arte. Esto para mí es importante y procuro vivirlo así, lo cual no quiere decir que yo renuncie a disfrutar con los objetos producidos por el arte, disfruto como el primero.

-¿Y la respuesta del público, cuánto le importa?

-Hombre, yo prefiero las respuestas positivas a las negativas. Ahora, no muevo un dedo por hacerla positiva. Hay una cuestión importantísima, el respeto al público es fundamental, lo que pasa es que ese respeto no debe limitarme ni en un milímetro la libertad de acción. Yo lo hago con todo el respeto, pero sé que al 99 por ciento le va a parecer una cosa inadmisible y hasta casi ofensiva, pero bueno... Mi acción ha sido limpia, pero claro, dentro de mi criterio.

-Usted no es nada partidario de repetir obra o exposiciones y esta muestra, curiosamente, no deja de ser una repetición de lo hecho en su día.

-Esa es la pregunta clave. Yo culpo directamente a Eugenio Castro (comisario de la exposición) porque venía en el tren diciendo, voy a un sitio donde todo lo que hay ya lo he hecho y ya lo he visto. ¿Cómo es posible que eso esté en mi cuenta, en mi debe? Y bueno, tampoco hay que ser un purista integral. Yo estoy conforme, he consentido y he colaborado al cien por cien. Nunca hubiera imaginado una confabulación como ésta, donde se reúne toda mi obra sobre el cine. Y es un choque que me agrada, tampoco hay que ser integrista en ningún sentido.

-Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Artes Plásticas (2007) y el Premio Velázquez (2015), los máximos reconocimientos artísticos en nuestro país. ¿Se siente enredado por los premios?

-Son un latazo pero, por otro lado y como generalmente van acompañados de un poco de pasta, son bienvenidos. Es una cosa un poquito absurda, pero jamás renunciaré a un premio, lo único que digo es que lo acepto y suelto mi rollo.

-¿Cómo influye el transcurso de la vida en Valcárcel artista?

-Totalmente, solo se hace aquello que se vive. Durante un paseo por la calle puedo ver una boca riego y a partir de ahí hacer un trabajo. Pienso que no se inventa nada que no esté en lo cotidiano.

-¿Y absolutamente todo es susceptible de una experimentación conceptual?

-Sí, absolutamente todo. Y hay que estar con la antena levantada siempre, eso es lo fundamental de moverse por la vida.

-¿En qué experimenta en estos momentos?

-Ahora voy a hacer una conferencia en una escalera, porque la escalera es peculiar y no puede quedarse sin sacarle punta.

-En uno de los documentales que se van a proyectar en Logroño, 'No escribiré arte con mayúsculas', aparecen distintos artistas refiriéndose a usted. ¿Le importa la opinión de los colegas?

-Me importa, pero no me someto a ella, aunque en esas opiniones puede haber ideas que yo capte. Y generalmente lo que me llega es positivo.

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