LA TELEVISIÓN ES NUTRITIVA

TERI SÁENZ

La comida ha demostrado su potencial televisivo por cómo es cocinada ('Master Chef' y todas sus ramificaciones), dónde se cocina ('Pesadilla en la cocina') o con qué pareja se comparte lo cocinado ('First Dates'). Sólo ahora ha vuelto a confirmar que también tiene un largo recorrido cómo se come la comida. En 'Ven a cenar conmigo' el 'cenar' juega un papel secundario y el 'ven conmigo' es capital. La premisa es sencilla: un puñado de presuntos desconocidos se reúne alternativamente en el domicilio de cada uno para testar no sólo la pericia culinaria del anfitrión, sino sus buenas (o bizarras) maneras ante la mesa, su rutina, sus habilidades sociales. Las votaciones al final de los postres y la festiva sobremesa con que acostumbran a culminar las veladas van conformando el ranking que al final de la serie arroja un ganador.

Como algún otro formato que de puro simple y clonado de otros países no preconizaba más allá de una acogida menor, la oferta de Cuatro ha conquistado casi de tapadillo un hábitat propio en esa franja nona que habita a medio camino entre el final de la tarde y el arranque de la noche. Entre las razones de su magnetismo, un certero 'casting' proclive a un moderado frikismo e invitados que no dudan en reivindicar su mediocridad ante los fogones. Actores de serie B que buscan engrosar sus horas de vuelo televiso, abundantes dosis de escotes y abdominales, no pocos tatuados (as) y hasta gente corriente que podría ser el vecino de su bloque.

Durante el tiempo que lleva en pantalla se han perpetrado en 'Ven a cenar conmigo' algunos de los mayores atentados contra los libros de recetas que, sin embargo, han propiciado jugosas cuotas de 'share'. Buena culpa de ese efecto es el trabajo previo en los guiones y también el posterior de una producción generosa en subrayar los tics de los comensales, la voz en 'off' que va narrando lo inenarrable y comentarios fuera de cámara que dan un sabor canalla al conjunto. Por si faltaba algún ingrediente, cada cena se sazona con una visita de los invitados a los aposentos más íntimos del anfitrión de turno que, por supuesto, guarda en sus cajones raciones extra de ese delirio doméstico que es 'Ven a cenar conmigo'.

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