SURFISTA A LA DERIVA

SURFISTA  A LA DERIVA

ANTON MERIKAETXEBARRIA

Una historia de supervivencia como la que describe 'Solo' tiene el interés añadido de demostrar el indomable coraje de un surfista herido, braceando a la deriva frente a los acantilados de Fuerteventura. Arriesgada aventura situada en esa hermosa isla canaria, pero que muy bien podría haber sucedido en la magnífica barra de Mundaka (con su famosa ola izquierda), la salvaje playa de Laga, la de Pantín (en Galicia) o la de Waimea (en Hawai). Lástima que los recuerdos de dicho náufrago se diluyan en innecesarias disgresiones en forma de 'flashbacks'.

Lo más potable de 'Solo' está en la épica hazaña en sí misma, en la fuerza física y mental demostrada por el joven Álvaro Vizcaíno (tened en cuenta que la película se basa en hechos reales), surfeando sobre las aguas indómitas, cabalgando libre a lomos de las olas enfurecidas, engullido a ratos por un océano negro como boca de lobo. Se trata de una situación límite, descrita cuando el sol se oculta tras la línea del horizonte y el hedor de la muerte surge implacable de las profundidades marinas. Sin embargo, el hecho de dejarse guiar por sus instintos fue lo que permitió al citado deportista mantener su fe en la vida.

Tanto el realizador Hugo Stuven ('Anomalous', 2015) como el actor Alain Hernández ('Palmeras en la nieve', Fernando González Molina, 2015) se esfuerzan por dotar de autenticidad y verosimilitud los hechos narrados, lográndolo solo a medias. Sea como sea, el caso es que esta historia, en principio sin artificios, lejos de potenciar su componente emocional, lo estropea. Porque, de 'Solo' se podía haber extraído un drama fuerte y de alta tensión; por desgracia, Hugo Stuven y sus colaboradores lo echan todo a perder en la segunda parte de la película, que parece desentenderse de la acción pura y dura, para bucear en forzadas reflexiones existenciales que resultan un tanto impostadas.

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