«El miedo es necesario»

David Beriain analiza esta noche la 'Baby Camorra' en una nueva entrega de 'Clandestino', la serie de reportajes de DMax.«Nos asusta la dualidad del alma humana»

JULIÁN ALÍA

Hemos estado por la mañana viendo a turistas españoles, americanos e ingleses comer pizza donde lo hacía Julia Roberts en 'Come, reza, ama', y después, en la otra esquina, con la camorra, que hablaba de cómo matan gente», comenta David Beriain (Artajona, Navarra, 41 años) sobre el segundo capítulo de la nueva temporada de 'Clandestino', que se emitirá esta noche a las 22.30 horas en DMax. Tras abrir fuego con los secuestros en Venezuela en la primera entrega, Beriain, que reconoce ser «una persona cobarde», se adentra en Italia para centrarse en la 'Baby Camorra'.

- ¿Qué ha encontrado?

«Yo creo que se puede encontrar humanidad hasta en el sitio más sórdido»

- Hemos visto cómo a una nueva generación de camorristas, mucho más jóvenes y con mucha prisa, casi camorristas 'millennials', que no quieren pasar por el periodo de crecimiento habitual en la escalera del crimen, ya no les interesan los códigos. Solo están interesados en el terror que puedan generar y la fama que puedan adquirir en las redes sociales. Eso es lo que llamamos la 'Baby Camorra'.

- Es la primera vez que el programa graba en Europa, pero no se ha quedado solo en Italia, ¿no?

- También hemos ido a Albania para entender las raíces de una mafia que ahora mismo es la que más crece en todo el mundo, y que está guiada por unos criterios de honor y venganza, porque la venganza en Albania es una obligación moral. Si tú matas a alguien de mi familia y yo no me vengo, soy el hazmerreír de la sociedad, aunque no sea mafioso. Hemos visto tráfico de armas, de drogas... Incluso me facilitaron una identidad falsa; ahora me llamo Emmanuelle en Albania.

- Se autodefine como «cobarde», pero no para de meterse en fregados. ¿Se ha acostumbrado a hacer un trabajo de riesgo?

- No, y no creo que nadie deba acostumbrarse. Sí es cierto que uno empieza a normalizarlo, y eso no es nada bueno. Estoy con un narco y pienso 'esta entrevista está muy bien, pero es que solo tiene diez kilos de cocaína y diez armas, y vengo de ver a uno que tiene cuatrocientos kilos y treinta fusiles'. En ese momento tienes que recordar que con una bala basta. Si ese tío dice '¿es que no me estás ni escuchando?', le basta solo con una. Por eso yo defiendo el miedo. Es necesario porque te mantiene alerta.

De otra especie

- Ha entrevistado a mafiosos, secuestradores, asesinos... ¿Le asusta sentir una especie de entendimiento con ellos?

- Yo tengo un privilegio muy grande, por la naturaleza de mi trabajo, y es que no tengo que imponerme ninguna distancia. Me puedo dar el lujo de acercarme tanto que me queme y sentir lo que tenga que sentir en ese momento, porque luego va a haber un proceso muy largo de edición; meses en los que me voy a enfriar y voy a poder calibrar el peso de mi propia experiencia. Pero sí, el mayor miedo que siento al hacer esto no tiene nada que ver con que me disparen. El abismo es cuando te pones delante de alguien que ha matado a ochocientas personas, porque es su trabajo, y te empieza a contar su historia. A ti te gustaría decir: 'aquí estoy yo, especie humana, y ahí estás tú. Y yo no tengo nada que ver contigo. Tú eres de otra especie', pero si empiezas a hablar con él, ¿sabes qué es lo que asusta?

- ¿Que no es tan distinto?

- Exacto. Que ves cosas de ti en él, y ves cosas de él en ti. Y empiezas a hacerte preguntas incómodas. Y eso es jodido, y a veces interesante, porque en eso consiste la humanidad. A nuestro nivel, yo, todos los días, soy buena persona y un hijo de puta, varias veces. Soy las dos cosas. También se ven las cosas buenas que tiene la otra persona, y no justifican las malas. El problema es ese, que nos asusta la dualidad del alma humana. Yo creo que se puede encontrar humanidad hasta en el sitio más sórdido. Esa es mi lucha, encontrar luz ahí. Lo que se ve en el programa contextualiza por qué la gente hace lo que hace. Lo contrario es decir que están todos locos, pero eso es un acto de cobardía. Yo creo en lo que decía Terencio: «Soy humano, y nada de lo humano me resulta ajeno».

 

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