«Me gusta que me sacudan el avispero»

Afición. «El rugby conserva valores y una ética que me gustan». :: j. alvarino/
Afición. «El rugby conserva valores y una ética que me gustan». :: j. alvarino

«El impacto del movimiento #MeToo ha sido bestial pero ahora hay que asimilar, digerir y reflexionar con la cabeza muy fría» Fele Martínez Actor

ISABEL URRUTIA CABRERA

Tenía 21 años, gafas de carey y una melena frondosa cuando ganó el Goya al actor revelación por su 'Tesis'. Hacía de chico rarillo, experto en cine gore y pornográfico. Le costó lograr el papel -«mi primera prueba con Amenábar fue terrible»- pero al final se impusieron sus aires de Gary Oldman juvenil. Desde entonces, Fele Martínez (Alicante, 1975) ha conseguido mantenerse al pie del cañón.

Lo mismo participa en el musical 'Mueblofilia', sobre un hombre que mantiene relaciones sexuales con una silla, que en espectáculos de música barroca o en un thriller para la televisión. Y como guinda, acaba de estrenar esta semana en el Teatro Reina Victoria de Madrid 'Todas las mujeres', una historia que empezó como serie y posterior película -protagonizada por Eduard Fernández- y ahora en versión teatral se presenta como un ejemplo típico del «género codazo».

- Lo de «codazo» no lo pillo.

- Pasa que mucha gente se va a dar codazos, en plan 'mira, mira'... El protagonista, Nacho, es un individuo que resulta muy familiar. Todos, en mayor o menor medida, hemos sufrido a alguien como Nacho.

- ¿Cómo lo definiría?

- Es un hombre tóxico. Alguien que no asume sus responsabilidades, un consentido al que le han dado siempre todo hecho.

- Rodeado de mujeres.

- Sí, pero no todas al mismo tiempo. Esta obra es como un pugilato. No hay respiro: ¡pim-pam-pum! Nacho quiere salir del fango pero solo sabe hundirse. Tiene un carácter sumamente infantil. Embaucador, mentiroso y manipulador. Utiliza a las mujeres como un medio para un fin. No lo puede evitar.

- ¿Nacho viene así de fábrica?

- No, no. La educación y el entorno también han influido... Se explica muy bien en la obra.

- Usted tiene un crío de 11 meses.

- Sí, los hizo el miércoles.

- ¿Qué tipo de hombre le gustaría que fuera?

- Mmm. (Pausa) Es un pensamiento recurrente en estos momentos... Yo lo quiero honesto y asertivo; o sea, un tipo de fiar y de palabra, que sepa dar un puñetazo en la mesa cuando haga falta. También sensible y curioso. Y feliz, sobre todo quiero enseñarle a ser feliz.

- Pues no corren ahora tiempos especialmente bucólicos.

- Ya. Hay mucha crispación que se gestiona como puede.

- ¿Cómo ve la fuerza del movimiento #MeToo?

- El impacto ha sido bestial. Ahora hay que asimilar, digerir y reflexionar seriamente. Algo que no se está haciendo con el rigor necesario... Hace falta mantener la cabeza fría y tomar las medidas oportunas. No se hace justicia en caliente. Y lo digo yo, que he sido de los primeros en salir a la calle para manifestarme.

- Parece que le encanta mojarse.

- Cada uno es como es. Me gusta comprometerme y defender lo que considero justo.

- Disculpe, pero no siempre se muestra tan leal a sus principios.

- ¿Por qué lo dice?

- Ha pasado de jalear al Hércules a seguir al Barça.

- Bueeeno, ja, ja. Tampoco soy tan futbolero, no se crea. Lo que realmente me apasiona es el rugby.

- ¿Llegó a jugar?

- Sí, en el Akra Barbara, que hoy por hoy es un equipazo. Guardo muy buenos recuerdos de aquella época. El rugby es un deporte de caballeros. No verás nunca insultar a un árbitro. Conserva valores y una ética que me gustan.

- ¿A usted qué le mueve en el trabajo? ¿La sed de victoria o la fama?

- Los desafíos. Me mueven los desafíos. Yo soy un culo inquieto. Me gusta que me sacudan el avispero y moverme de aquí para allá. Quiero mantener viva la curiosidad.

- ¿Y si la pierde?

- Eso es la vejez. Hay gente que es vieja con 14 años. Y yo no pienso serlo nunca.

 

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