DESCORTESÍA

ÓSCAR BELLOT

Que a las cadenas les importan más bien poco los espectadores es algo de lo que queda constancia cada vez que mutilan una serie o una película cortando sus títulos de crédito. En realidad evidencian que tampoco sienten el más mínimo respeto por la obra en cuestión, que merece su emisión íntegra, del segundo uno al que corresponda. Sin embargo, una y otra vez vemos cómo cercenan el producto en aras de la publicidad, para pasmo de quienes consideramos sacrílega tamaña descortesía. La situación, moneda corriente desde tiempos ya inmemoriales en la televisión en abierto, adquiere tintes intolerables en lo tocante a los canales de pago.

Uno podría pensar que pasando por caja estaría a salvo de prácticas indefendibles incluso en canales gratuitos. Nada más lejos de la realidad. El estipendio que abonamos para disfrutar de nuestras ficciones favoritas no sirve de resguardo frente a los desmanes del programador, con unas cuantas y notorias excepciones pertenecientes casi siempre a las cadenas adscritas a los paquetes premium. Fuera de ellos se mantiene la ley de la selva que impregna la práctica totalidad del panorama audiovisual, donde la consideración por el público brilla por su ausencia.

La situación alcanza el surrealismo cuando dichos canales proceden al fundido mientras suena una de esas bandas sonoras que han contribuido a veces casi más que el argumento a encumbrar un filme como referente cinematográfico. Pensemos por ejemplo en 'Oficial y caballero' o 'La historia interminable'. ¿Permanecerían con tan singular huella en el recuerdo de los cinéfilos si no fuera por el 'Up where we belong' que entonaban Joe Cocker y Jennifer Warnes después de que Richard Gere recogiese a Debra Winger en la fábrica en la que ésta trabajaba, en el caso de la primera, o el 'The NeverEnding Story' que rubricaba el alucinante viaje por el Reino de Fantasía que emprendía Bastian sin salir de un desván en la adaptación que hiciera allá por los años ochenta Wolfgang Petersen de un libro de Michael Ende? Obviamente, no. Deberían tenerlo en cuenta quienes disponen estas y otras ficciones en su parrilla con tan poco mimo.

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