En (triste) memoria de Lorenzo González

Ilustración de un condenado a garrote en tiempos de la Inquisición. /L.R.
Ilustración de un condenado a garrote en tiempos de la Inquisición. / L.R.

Amigos de La Rioja recuerda al judío ejecutado hace 300 años por la Inquisición | El acto tendrá lugar este mediodía en Portales, lugar donde Lorenzo González murió a garrote tal día como hoy de 1719, para luego ser quemado

Estíbaliz Espinosa
ESTÍBALIZ ESPINOSALogroño

«(...) y deseoso de que no se malograse aquella alma que había dado tantas señales de su conversión, disimuladamente di vuelta detrás del palo donde estaba el ejecutor, y le di orden para que luego inmediatamente le pusiese la argolla y diese garrote porque importaba mucho no perder tiempo, lo cual con gran presteza lo dispuso. Y teniéndolo en forma de dar vueltas al tornillo, le cubrió el rostro con un lienzo blanco y paso a darle garrote, y al mismo tiempo todos los religiosos a confortarle, predicarle y confiarle a la Misericordia de Dios».

Así transcurrieron los últimos segundos en la vida de Lorenzo González, judío ajusticiado y condenado por la Inquisición de Logroño el 24 de agosto de 1719.

Hoy se cumplen exactamente 300 años de aquel acontecimiento y así lo recordarán este mediodía los Amigos de La Rioja en un acto en memoria de Lorenzo González y tantas otras víctimas de la intolerancia religiosa de la época. Será en la calle Portales de Logroño, en el entorno del número 14, antaño plaza pública donde hace tres siglos tuvo lugar esta ejecución ante «mucho concurso de personas».

Allí estará hoy también Manuel Gómez Jiménez, logroñés promotor de esta iniciativa desde que, hace unos cuatro o cinco años, se interesara por el documento custodiado en el Archivo Histórico de La Rioja donde el escribano Francisco Pérez de Baños levanta acta minuciosa y escalofriante del cumplimiento de esta condena. Aclara Manuel Gómez que no se trata del documento original, sino de una copia literal que años más tarde, en 1797, alguien encargó a la Secretaría de Inquisición. «Considero que fue algún ilustrado, asombrado por lo que decía ese acta».

Arrepentido

El delito de Lorenzo González fue su fe judía, después de 227 años de la expulsión de los judíos de la Península. La sentencia, firmada por el abogado de los Reales Consejos Julián Ignacio Muñoz, le condenó a ser quemado vivo y, en caso de arrepentimiento (como así ocurrió), a morir en el garrote para posteriormente ser quemado su cuerpo en la hoguera y esparcidas sus cenizas al aire «para que no quede memoria de semejante delito».

De la publicación de esta sentencia, su notificación al reo y la ejecución de este último da fe Francisco Pérez Baños en un detallado y escabroso relato en primera persona, en el que incluso se atribuye el mérito de la conversión de Lorenzo a la fe de Jesucristo tras ordenar que pasasen sobre su cara una rama de ulagas encendida «para prevenirle del rigor del fuego y lo que había de padecer si no se convertía, lo cual ejecutó inmediatamente».

Condenado por 'relajado pertinaz'

Así reza la sentencia dictada contra Lorenzo González y firmada por el licenciado Julián Ignacio Muñoz. «Fallo, atento a la relación que se me ha hecho por D. Martín de Badarán, Secretario del santo Tribunal de la Inquisición del reino de Navarra que reside en esta ciudad, del proceso contra Lorenzo González, que sea declarado Relajado Pertinaz.

En cuya consecuencia haciendo le condeno a que sea quemado vivo estando pertinaz y en caso que se arrepienta a la de Garrote hasta que pierda la vida natural y su cuerpo sea quemado hasta que se convierta en cenizas y se esparzan al aire para que no quede memoria de semejante delito.

Para cuyo efecto sea conducido en una bestia de albarda al lugar acostumbrado fuera del puente de esta ciudad donde llaman los quemados, por voz de pregonero que publique su delito.

Y por esta mi sentencia definitivamente juzgando así lo pronuncio, mando y firmo».

Tras la muerte a garrote de Lorenzo, el escribano relata su paso a la hoguera. «(...) empezando a arder por todas partes y a subir la voracidad de la llama por el tablado y a arder las tablas y vestidos, y habiéndose quemado las ligaduras conque estaba atado cayó por el escotillón que estaba abierto al brasero donde se quemó todo el cuerpo y se convirtió en cenizas». Unas cenizas que se esparcieron al aire con la intención de borrar este suceso de la memoria, y que Amigos de La Rioja recupera hoy con un sencillo homenaje a Lorenzo que se perpetuará en un futuro próximo con la colocación de una placa junto a la dedicada a las brujas de Zugarramurdi.