Tres euros el minuto de vídeo, la tarifa de los subtituladores

Nadia García Díaz ha trabajado en la traducción para doblaje de 'Pacman y las aventuras fantasmales' y 'La ciudad y la ciudad'. /  JORGE PETEIRO
Nadia García Díaz ha trabajado en la traducción para doblaje de 'Pacman y las aventuras fantasmales' y 'La ciudad y la ciudad'. / JORGE PETEIRO

Plataformas como Amazon, HBO o Netflix han multiplicado el número de producciones audiovisuales pero los traductores cada vez cobran menos

IKER CORTÉS MADRID.

Mucho se ha hablado esta semana de la polémica en torno a los subtítulos de 'Roma', la última película de Alfonso Cuarón. Rodada en México, además de transcribir los diálogos tal cual, a Netflix no se le ocurrió otra cosa que adaptar los subtítulos de la cinta al español peninsular, desatando la furia de una parte de lingüistas y espectadores que no entendían por qué en un obra filmada en español había tal necesidad. Después de las críticas, la compañía decidía dar marcha atrás y deshabilitaba la opción. Muchas de esas voces cargaban, erróneamente, contra los traductores y subtituladores, que al fin y al cabo desarrollan su tarea por encargo, una labor vital para localizar las decenas de series, películas y documentales que llegan semanalmente a plataformas como Amazon, HBO o Movistar. «Esta explosión de contenidos me ha venido muy bien. Este mundo es bastante cerrado, sobre todo a la hora de traducir para doblaje, y hubiese sido complicado entrar de otra manera», explica Andrea Peñalver, una joven conquense licenciada en Filología Inglesa de 29 años, que trabaja desde hace cuatro en el sector como autónoma. En realidad, casi todos ellos lo son. Prestan sus servicios a empresas que son contratadas por las plataformas para dar salida a un material que no ha hecho más que crecer exponencialmente en los últimos años. Lo corrobora la asturiana Nadia García Díaz, licenciada en Traducción e Interpretación de 30 años: «Llegan muchas más cosas, más variadas y de forma más regular». Fundamentalmente solitaria, la labor varía mucho en función de la empresa, el material a traducir y si el resultado se destina a la sala de doblaje o al subtitulado. En el último caso, las compañías más avanzadas cuentan con plataformas web a las que el traductor accede con su usuario y contraseña, una forma también de proteger sus propios contenidos. Allí disponen del vídeo con el subtítulo incrustado en inglés y una plantilla en la que el subtitulador debe ir traduciendo el texto. En otras ocasiones, los subtítulos se tienen que elaborar desde cero, introduciendo los tiempos. En el mejor de los casos, el responsable recibe el vídeo y el guión de postproducción transcrito, pero a veces debe conformarse con sacar los diálogos de oído o con un texto de apoyo, con la dificultad que eso implica. «En esos casos -dice Nadia- cargo un poco más la tarifa».

Y es que los precios varían mucho en función del cliente y de cada proyecto, moviéndose entre los dos y los seis euros por minuto. Nadia, por ejemplo, procura que se sitúen «por encima de los dos euros por minuto» ya que de lo contrario, no compensa. «Si es algo muy difícil o tiene mucha carga de texto, intento decirle al cliente que no es un trabajo normal. No es lo mismo un documental de animales que un 'reality' donde se habla muchísimo», reflexiona quien está especialmente orgullosa de sus trabajos de doblaje para 'Pacman y las aventuras fantasmales' y la serie 'La ciudad y la ciudad', que realizó junto a dos compañeras. Por su parte Andrea, responsable de la traducción y el subtitulado del episodio navideño de 'Las escalofriantes aventuras de Sabrina' y de la primera temporada de 'Maniac', no baja de los tres euros el minuto, lo que sería unos 360 euros por una película, pero asegura que las cosas «cada vez están peor». Va más allá la granadina Eugenia Arrés, de 37 años, licenciada en Traducción y vicepresidenta de la Asociación de los Traductores y Adaptadores Audiovisuales de España: «Se ha creado un mercado bastante diferenciado entre el cine, que está bastante mejor pagado, y lo que es televisión en donde se ha metido todo en el mismo caso: series, películas, 'realities', monólogos...». Cuenta Eugenia que lo que hacen las empresas es vender paquetes con todos los programas «al mejor postor». Por otro lado, en el proceso cada vez hay más intermediarios, así que las tarifas van bajando. «Es el cliente el que dice 'pagamos esto. ¿Lo tomas o lo dejas?'», ratifica Andrea.

Pero, ¿cómo se logra una buena traducción? Según relata Nadia se trata de respetar el original «todo lo que se pueda», pero sin mantener la literalidad de las expresiones. «Si, por ejemplo traduces una serie de adolescentes estadounidenses -continúa-, intentas buscar formas que se adapten a cómo hablan aquí los chavales». Lejos quedan aquellas adaptaciones de los noventa en las que Will Smith se hacía un Chiquito de la Calzada. «A mí no se me ocurriría poner en una serie un 'Claro que sí, guapi' porque además es una referencia temporal que dentro de unos años no va a entender nadie», comenta Nadia.

 

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