EL TIGRE DE ZANZÍBAR

EL TIGRE  DE ZANZÍBAR

ANTON MERIKAETXEBARRIA

Seguro que el malogrado cineasta alemán Rainer Wender Fassbinder ('Lili Marleen' (1981) hubiera sacado más partido a la biografía cinematográfica de Freddie Mercury, carismático líder de la formidable banda rockera británica Queen. Este singular músico, convertido a veces en un tigre al acecho en los bosques de la noche, está encarnado sin la exigible hondura por el actor estadounidense, de origen egipcio, Rami Malek. El verdadero nombre del icono musical que hoy nos ocupa era Farrokh Bulsara, nacido en Zanzíbar de descendencia persa, educado en India y más tarde en Middlesex (Reino Unido).

Lamentablemente, Freddie Mercury no encuentra en la desmañada escenografía de Bryan Singer el tributo que merece. Porque el autor de 'Sospechosos habituales' (1995) se muestra incapaz de bucear a fondo en la personalidad del legendario intérprete de 'Bohemian Rhapsody', 'Radio Ga Ga', 'Hammer To Fall' o 'We Are The Champions'. Pero, en los brindis georgianos una pequeña historia viene antes: He soñado que estaba en un cementerio donde todas las lápidas estaban grabadas de esta manera: 1935-1940; 1955-1960. Muy poco tiempo desde el nacimiento hasta la muerte.

En dicho cementerio estaba un hombre muy mayor. Le pregunté cómo había vivido tanto tiempo, si todo el mundo en su pueblo moría tan pronto. «No morimos pronto», me contestó. «Es que aquí, en nuestras lápidas, no contamos la vida de las personas, sino cuánto tiempo han conservado a un amigo». La promiscuidad y las traiciones afectivas mataron a Freddie Mercury, en una época donde la peste negra del siglo XX se erigió un trono a sí misma. Sea como sea, 'Bohemian Rhapsody' demuestra que los artistas del rock son gentes como las demás. Almas sensibles, afectadas por los vaivenes de la vida y las circunstancias. Y que su aplomo en el escenario no significa inmunidad en el corazón.

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