Talento vitivinícola

Miguel Eguíluz (Bodegas Cupani), a la izquierda, escucha a su compañero y amigo José Gil (Bodegas Olmanza) en la sala de catas del Hotel Gran Vía . :: miguel herreros/
Miguel Eguíluz (Bodegas Cupani), a la izquierda, escucha a su compañero y amigo José Gil (Bodegas Olmanza) en la sala de catas del Hotel Gran Vía . :: miguel herreros

Miguel Eguíluz y José Gil demuestran con siete vinos totalmente diferentes la versatilidad de un único municipio: San Vicente Bodegas Cupani y Bodegas Olmaza cierran el primer semestre de las catas del club de lomejordelvinoderioja.com

ALBERTO GIL LOGROÑO.

La ecuación prometía y no defraudó. Viticultores jóvenes y viejos viñedos familiares, con una localidad vitícola histórica como San Vicente de la Sonsierra de referencia, era la propuesta con la que José Gil, Bodegas Olmaza, y Miguel Eguíluz, Bodegas Cupani, acudieron al club de lomejordelvinoderioja.com.

La frescura, tanto de los vinos como de sus autores, convirtió la cata del pasado miércoles por la noche en una de las mejores de las ya más de diez temporadas de este foro por el que han pasado alrededor de un centenar de bodegas de Rioja. Los viticultores detallaron las características, el 'terroir', de este municipio de 48 kilómetros cuadrados en los que prácticamente toda la superficie de cultivo es viñedo y en el que todos sus habitantes viven de la viticultura. Clima más atlántico en las zonas más altas, más mediterráneo en las cercanías del río; suelos arcillo calcáreos en general, pero con zonas de más caliza y más canto rodado en los aluviales; y diferentes formas de trabajar y entender los viñedos para una propuesta de siete vinos, todos muy diferentes entre sí: «No es fácil encontrar un municipio donde más del 80% del viñedo, incluidas las nuevas plantaciones, son en vaso», explicó José Gil. «El agricultor de San Vicente trabaja mucho». Lo dijo un viticultor, cuyo padre y tío, la familia Gil Varela, curraron de jornaleros durante décadas para otras bodegas hasta que en 1986 comenzaron a elaborar en un lagar del pueblo y en el año 2002 en las actuales instalaciones de Bodegas Olmaza con marca propia.

LOS VINOS DE LA CATA

Olmaza Maceración Carbónica 2017
5 euros
Osluna 2014
10 euros
Cupani 2015
16 euros
Cupani Garnacha 2015
30 euros
Baskunes 2014
30 euros
José Gil Vigneron (vino de San Vicente)
14 euros
José Gil Vigneron La Cóncova
20 euros

Tras estudiar enología -sin dejar de pisar la viña a diario-, José Gil comenzó a elaborar los vinos de la familia a partir del año 2011, en una trayectoria similar a la de su amigo y compañero de cata, Miguel Eguíluz: «Mi hermano y yo se lo debemos todo a mis abuelos y, especialmente, a mi padre que fue comprando viñedos y trabajándolos, incluso a contracorriente, con la idea de que nosotros podamos elaborar los mejores vinos posibles», explicó Miguel. «Mi padre -agregó- trabaja desde los años 90 sin herbicidas, con cubiertas vegetales, cuando entonces los agricultores del pueblo te llamaban 'vago' porque les gustaba ver los viñedos impolutos, pero ahora vemos que los elaboradores más prestigiosos siguen este mismo método de cultivo».

La cata

José Gil comenzó con dos de las referencias etiquetas como bodegas Olmaza. Un espectacular Olmaza Maceración Carbónica 2017, elaborado con las viñedos más viejos de la familia: «Cómo podemos presentar una cata de San Vicente sin un maceración carbónica», preguntó el viticultor a los asistentes. «Es el vino identidad de la comarca, como se elaboraba durante siglos hasta que llegaron los bordeleses en el siglo XIX».

Y, así, artesanía pura en los dos lagos de hormigón de la vieja bodega pueblo, siguen elaborando este vino la familia Gil Varela, con la peculiaridad de un importante aporte de garnacha al tempranillo y a la viura: «La garnacha siempre existía en los viñedos más viejos, mezcladas en cepas con el propio tempranillo y la viura», aclaró José Gil. Osluna 2014 es una crianza de vendimia seleccionada, un 50% con uvas de maceración carbónica y con la selección del vino 'trasnocho', el de la segunda pisada y más concentrado, y con otro 50% despalillado: «Me gusta la frescura que aporta la maceración también en los vinos criados».

Miguel Eguíluz recogió el testigo con Cupani 2015, un 100% tempranillo cuyo nombre es una sinonimia de la propia variedad de uva: «La encontró mi padre leyendo textos antiguos, concretamente de 1862, y decidimos que debíamos poner Cupani a nuestros vinos y la bodega». El vino nace de una finca, San Andrés, rodeada de uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la Sonsierra: «Son 3,5 hectáreas, plantadas en 1980 en la zona alta de San Vicente, en las faldas de la sierra». Un vinazo, con consistencia y muy buena integración de una madera fina.

Cupani Garnacha 2015 procede de otra zona, de otra parcela, donde la familia Eguíluz tiene apenas 800 cepas de garnachas centenarias con unos brazos y troncos espectaculares de metro y medio: «Nos da para 560 botellas en un año bueno y hacemos el vino cuando realmente estamos convencidos». «La primera vinificación la hicimos en 2008 pero no lo vendimos hasta el 2012 y en el 2013, como no nos gustó, no salió al mercado». De nuevo, potencia y frescura en la copa, en un modelo, el de los Eguiluz, que trabaja con varietales en lugar de con las mezclas de uva como los Gil Varela: «Buscamos la expresión de los suelos y la esencia del viejo viñedo, lo más pura posible».

Baskunes 2014 (Bodegas Cupani) es otro vino rotundo de carga frutal, etiquetado como genérico pero con una crianza en barrica (24 meses) y botella que perfectamente podría catalogarse como reserva. Procede de la misma parcela de las garnachas, en pequeñas superficies que la familia fue comprando a viejos viticultores para juntar poco más de una hectárea y, en este caso, de nuevo con el tempranillo, el cupani, como protagonista: «Es un vino más potente y complejo, con viñas de entre 50 y 75 años, y con un suelo con más arcilla ferrosa que marca mucho el perfil frutal y la propia consistencia del vino».

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