«El sufrimiento es parte de la gloria», dice Padilla al recibir el Premio Nacional de Tauromaquia

Á. SOTO

madrid. Dice Juan José Padilla (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1973) que el año de su despedida está siendo de ensueño. Tras recibir el cariño de las plazas de España, Padilla apura ahora la copa del toreo en América Latina. Allí, en la Monumental de México, la plaza más grande del mundo, con 40.000 asientos, se despedirá el 16 de diciembre. Y mientras tanto, el Ministerio de Cultura le concedió ayer el Premio Nacional de Tauromaquia, dotado con 30.000 euros, en reconocimiento a «unos valores como el esfuerzo, la entrega y la capacidad de superación que se proyectan más allá de los ruedos, y que se encarnan en su personalidad y su trayectoria». «Este año, no sé cómo me mantengo en pie en las plazas con todas las emociones que estoy viviendo», dice Padilla desde Monterrey, donde hoy torea. «El sufrimiento es parte de la gloria. En el toreo se sufre de verdad y se muere de verdad», asegura.

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