La República del Congo confía en la vacuna experimental para frenar el brote de ébola

Ataudes de varios de los fallecidos por el ébola en Mangina, en una imagen del 2 de agosto. :: reuters/
Ataudes de varios de los fallecidos por el ébola en Mangina, en una imagen del 2 de agosto. :: reuters

Unicef avisa de que los trabajos para controlar la extensión del virus se pueden ver complicados por tratarse de una zona todavía en guerra

A. T. / AGENCIAS MADRID / KINSHASA.

Los servicios sanitarios de la República Democrática del Congo (RDC) y un equipo de expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) preparan la infraestructura necesaria para tratar de frenar el nuevo brote de ébola surgido en el nordeste del país con la administración en los próximos días de la vacuna experimental contra esta enfermedad a los posibles infectados y a todas las personas que han podido estar en contacto con ellos y con el virus.

El nuevo brote de ébola fue declarado oficialmente el pasado 1 de agosto en la región de Kivu Norte, solo una semana después de que tanto el Gobierno como la OMS certificasen el fin de la epidemia de este mismo virus que, entre finales de abril y mediados de junio, afectó al menos a 54 personas, provocando la muerte de 33 de ellos, en la provincia de Ecuador, en el noreste de este mismo país de África central.

El brote actual, que tuvo a su paciente cero y su epicentro en Mangina, una población ubicada a pocos kilómetros de Beni, una de las principales urbes de Kivu Norte, podría afectar ya a 43 personas -13 de los casos confirmados- y haber causado la muerte de 33 de los enfermos, la mayoría aún a falta de certificación analítica, según los datos proporcionados por el Ejecutivo de Kinshasa. Algunos de los positivos, además de en varias localidades de esta provincia, se habrían producido también en la vecina de Ituri.

El ministro congoleño de Sanidad, Oly Ilunga Kalenga, declaró a Reuters que van a comenzar a utilizar esta misma semana la vacuna experimental elaborada por los laboratorios norteamericanos Merck, posiblemente a partir de mañana, para tratar de frenar la extensión del brote. La decisión se ha tomado después de que los especialistas hayan comprobado, a partir de los resultados de los pocos casos confirmados, que el brote puede estar provocado por la cepa bautizada como Zaire, la única de las cinco variantes de estas fiebres hemorrágicas contra la que ha demostrado efectividad la vacuna.

Kalenga explicó que cuentan ya con unas 3.000 dosis de la vacuna almacenadas en Kinshasa -las que sobraron de tratar el brote anterior- y que la OMS les ha comunicado que les podría sumistrar hasta 300.000 dosis más si son necesarias con bastante rapidez. El ministro indicó que todos los equipos sanitarios que se desplazan a los puntos donde se han detectado casos cuentan ya con información sobre el de uso de la vacuna y, de manera especial, sobre sus especificaciones de conservación, porque para que sea efectiva no se puede romper la cadena de frío y las dosis deben mantenerse entre -60 y -80 grados centígrados.

Un buen precedente

La importante esperanza en este nuevo fármaco se debe a los buenos resultados de inmunización al virus logrados con su administración en el brote de la primavera pasada, cuando, según Médicos Sin Fronteras, organización muy implicada en esta tarea, se vacunó a 3.199 ciudadanos de grupos de riesgo y ninguna de las personas inmunizadas llegó a desarrollar la enfermedad.

Los especialistas sanitarios utilizan lo que denominan la estrategia del anillo. Administran el fármaco tanto a todos los posibles infectados como a todas las personas que han podido estar en contacto ellos y a los que han estado en contacto con este segundo grupo. También se inmuniza a los profesionales sanitarios y a otros gremios que puedan estar en contacto habitual con pacientes o fallecidos. La idea es taponar las vías de contagio de un virus que se traspasa de persona a persona por contacto con los fluidos corporales, como la sangre, el sudor o el semen.

Unicef se unió ayer a los avisos dados este fin de semana por la OMS sobre los peligros muy superiores de extensión de este brote con respecto al que se controló en julio pasado en la región de Ecuador. La gran diferencia es que los casos en el noreste de la RDC se dieron en una zona rural, de más fácil control epidemiológico. Sin embargo, Kivu Norte es un territorio plagado de grupos armados, con varios conflictos vivos, y que, además, se encuentra a pocas decenas de kilómetros de las fronteras de Uganda y de Ruanda, por lo que las personas que transitan entre estos tres países se cuentan por decenas de miles, entre las actividades comerciales y las mareas de refugiados y desplazados.

El peligro, por tanto, es doble. En primer lugar, al tratarse de una zona de guerra a los equipos sanitarios les será difícil acceder de manera segura a la población afectada por el virus. Por otro lado, la OMS ya le ha pedido a Uganda y a Ruanda que preparen planes de emergencia locales ante la posibilidad de que el brote no se pueda contener antes de que algunos casos salten sus fronteras.

 

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