La renuncia de Darío Villanueva abre una carrera por la sucesión en la RAE

Cebrián, Sánchez Ron o Anson, entre los candidatos a liderar una institución que podría elegir a su primera directora en tres siglos

M. LORENCI

Madrid. Marejada en la RAE. El hasta ahora director de la docta casa, Darío Villanueva, anunció por sorpresa a sus colegas en el pleno del pasado jueves que no está dispuesto a presentarse a un nuevo mandato. Una decisión que no se comunicaba oficialmente, pero detrás de la cual hay quien ve malestares, incomodidades y reajustes de los bizantinos equilibrios de poder en el viejo caserón de la calle Felipe IV. La decisión de un Villanueva que habría visto desfallecer sus apoyos desata una carrera por la sucesión que quizá se torne en mar de fondo y que no se dilucidará hasta el próximo 13 de diciembre.

Ese jueves se procederá a la elección del nuevo director de la tricentenaria institución que limpia, fija y da esplendor al idioma que compartimos 500 millones de personas en todo el mundo. Entre los posibles sucesores suena con reiteración el nombre de Juan Luis Cebrián, junto a los de Ignacio Bosque, José Antonio Pascual, Guillermo Rojo, Santiago Muñoz Machado, José Manuel Sánchez Ron o Luis María Anson. Se abre también la inédita posibilidad de que una mujer se convierta en la primera directora de una institución que en sus tres siglos de historia sólo ha acogido a once damas y que negó el paso a Emilia Pardo Bazán, María Moliner, Rosa Chacel o Carmen Martín Gaite.

De las de las 46 sillas de la RAE, sólo ocho están ocupadas por mujeres. La primera académica, Carmen Conde, ingresó en 1979, 266 años después de la apertura de la RAE. Llegaron luego Elena Quiroga y Ana María Matute. Hoy, una de cada tres nuevas incorporaciones es femenina. Paz Battaner (silla s, 2015) fue la última, tras Clara Janés (U, 2015), Aurora Egido (B, 2013), Carme Riera (n, 2012), Inés Fernández Ordóñez (P, 2011), Soledad Puértolas (g, 2010), Margarita Salas (i, 2003) y Carmen Iglesias (E, 2002).

La única certeza es que el trigésimo director de la RAE surgirá de los académicos que la integran. Pueden aspirar al cargo todos los titulares de una plaza, aunque no se proclaman oficialmente candidaturas. Los estatutos señalan que para que la elección sea válida será necesaria la presencia de la mitad más uno de los académicos con derecho a voto. Si nadie alcanzara la mayoría absoluta, una semana después, el 20 de diciembre, se realizaría una nueva votación con la participación de los presentes y ausentes con derecho a voto. Entonces sólo figurarán como candidatos los tres académicos más votados en la tanda anterior.

 

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