LO RARO DE LO NORMAL

ERNESTO PASCUAL - PERIODISTA

Lo normal es estudiar, sacarte una carrera o una profesión, buscar y encontrar trabajo de lo tuyo, enamorarte, casarte, tener familia mientras envejecen tus mayores... Lo normal es comer perdices y ser felices para siempre. Pero luego llega la vida con su normalidad y reescribe con todo tipo de circunstancias el guión. Y las expectativas cambian. Y o te adaptas, o las preguntas te devoran.

Esas preguntas, ese abismo de frustración, es a lo que se miden las dos parejas que protagonizan 'Felicidad', la obra de la compañía andaluza Tenemos Gato que en las noches de este viernes y sábado abrió la XXI Muestra Nacional de Teatro Cómicos de Alfaro. La obra que el público que llenó la velada del viernes ovacionó sin freno sacando tres veces a los actores a saludar tras su brillante y cotidiano final.

Actores. Cuatro sobre una escena sobria, apoyada por un par de sillas y un par de taburetes. Escena que les servía también de camerino, cambiándose como si no hubiera nadie al otro lado. Raquel Mirón y Enrique Asenjo y Mónica Mayén -que sustituía a la embarazada actriz, autora y directora Cristina Rojas- y Homero Rodríguez -co autor a su vez-. Actores. Pero de una naturalidad ante la que el público llegaba a sentir incomodidad cortante por entrometerse en su intimidad. En sus discusiones. En sus problemas. En sus expectativas incumplidas.

«Si es raro que todo sea tan raro», se resignaba el personaje de Homero frente a la crisis de pareja con la treintena cumplida y la hija durmiendo en la habitación de al lado. «Ya no me deseas». «¿Me quieres?». «A veces creo que no estoy a la altura». «¿Estamos bien?». «Me lo imaginaba de otra manera».

Preguntas cotidianas después de que sonara el lacrimoso himno noventero 'Creep'. «I wish I was special». Ay, las expectativas. El público asistía a una cotidianidad cercana, relatada con un guión vivo, dinámico, ingenioso... Natural. Normal. Como si no fuese un guión. Como si no fuesen actores. Un texto que despertaba carcajadas, pero que a la vez maniataba al espectador en silencio a la butaca al sentir tan cercana la distancia entre dos hermanos, el enfado de las parejas, el miedo al futuro.

La ovación, larga, sincera. Lo normal. Fue el primer regalo de Cómicos, el obsequio que llega a Alfaro cada febrero.