El primer examen

Un niño se aplica en el dibujo de formas geométricas con una ficha. :: r. c./
Un niño se aplica en el dibujo de formas geométricas con una ficha. :: r. c.

Inglaterra estrena una criticada prueba para niños de 4 y 5 años al entrar a la escuela. El objetivo es evaluar después a los centros. Esta medida no se contempla en España

ISABEL IBÁÑEZ

El regreso o más bien ingreso en la escuela se vive estos días en Inglaterra con malestar por una controvertida decisión del Gobierno: la mitad de los colegios ha puesto en marcha un plan piloto que se irá extendiendo al resto para evaluar a los niños de 4 y 5 años que se incorporan a las aulas; una prueba que medirá sus conocimientos y los comparará con otra realizada a los 11. El objetivo es comprobar la capacidad de las escuelas y sus profesores para hacerlos progresar. La comunidad docente se ha puesto en pie de guerra al considerar que ya está suficientemente evaluada, y los padres han organizado marchas en contra de una medida que «merma los recursos y somete a sus pequeños a un estrés innecesario» a esas edades. 68.000 familias firmaron una carta en contra del test.

Estamos hablando de una prueba que los padres no tienen derecho legal a saber que se está aplicando a sus hijos -aunque depende de si la escuela quiere informar o no- y que se realizará durante las primeras seis semanas del curso en 10.000 centros. Se saca de clase al crío para hacerle preguntas durante 20 minutos sobre «el lenguaje y la capacidad de contar, lo que aportará una fotografía del desarrollo de los niños cuando comienzan la escuela, del mismo modo que se revisan sus dientes o su vista», dicen las autoridades educativas, y añaden que la evaluación será «libre de estrés». Luego se comparará con los resultados al final de Primaria para que las escuelas rindan cuentas.

La University College London hizo una encuesta en la que el 86% de responsables de centros consultados consideraban la iniciativa «totalmente innecesaria», «sin sentido», «un plan terrible» y «una de las ideas peor concebidas que he experimentado en mis 30 años de enseñanza», según un veterano maestro. «No hay nada de malo en la forma en la que el personal de los primeros años evalúa a los niños. No necesitan una manera formal de hacer esto», esgrimía otro. Un pobre 8% la recibía con aplausos: «Al menos podremos demostrar el progreso en una escuela como la nuestra, donde el 70% de sus niños no hablan inglés al llegar».

Belén Oyarzabal es una madre española afincada en Londres desde hace 22 años. Tiene tres hijos de 14, 12 y 6 años y trabaja como azafata de British Airways. Se muestra en desacuerdo con la medida: «Me parece innecesaria. Los niños van a distintos ritmos, entran en el cole con distintos niveles, y creo que este plan no va a ayudar a la capacidad de los centros para mejorar los resultados que obtienen al final de Primaria. Ha habido muchísimos recortes en educación, los colegios no pueden tener tanto personal como quisieran. En mi caso, si cogiesen a mi hijo pequeño, que apenas hablaba y necesitó ayuda extra durante su primer año en la escuela, obtendría los peores resultados. Sin embargo, ahora habla perfectamente y cuando acabe Primaria estará al nivel adecuado y habrá mejorado muchísimo, pero no sería por el colegio en sí, sino por las clases intensivas que recibió. Entonces esta prueba no representaría bien el éxito del colegio. Supone perder recursos y tiempo». Calculan que costará 11 millones de euros.

En España

No existe una prueba similar obligatoria y específica en nuestro país para niños de esa edad, planteada de esa forma, en solitario, ni con el objetivo final de examinar al centro y sus docentes. Otra cosa son las pruebas diagnósticas que se realizan en Primaria y en Secundaria (en diferentes cursos según las comunidades autónomas, aunque lo más común es en 4º o 6º de Primaria y en 2º o 4º de la ESO) para conocer los conocimientos de los chavales. Tienen en cuenta además el nivel socieconómico: no es lo mismo un centro en un barrio de familias adineradas que uno más humilde o marginal. Tampoco tiene nada que ver la llamada atención temprana, basada en la observación del pequeño para detectar problemas de aprendizaje que puedan surgir en un futuro, como dislexia, hiperactividad... e incluso a los superdotados.

Lo que sí hay es diversidad de actuaciones según las comunidades autónomas. En Andalucía, los niños desde los 3 años y anualmente hacen una prueba de forma colectiva al inicio de curso -con los más pequeños, una especie de fichas-, para conocer sus competencias, y luego la repiten al final de cada trimestre, «para ver si avanzan en la dirección correcta; en caso contrario, los profesores aplicarán las medidas necesarias. Se trata de una evaluación continua».

Del mismo modo, un portavoz del colegio público madrileño San Juan Bautista confirma que cada año (y desde los 3) los alumnos pasan por una «pequeña» evaluación inicial para averiguar el nivel de la clase al inicio del curso, «solo para saber el punto de partida del docente, porque si toda la clase puede contar hasta tres se puede saltar ese paso sin incidir demasiado. Llevamos haciéndola muchos años y ni padres ni profesores se quejan. Y tampoco se trata de evaluar el centro».

Los colegios privados y concertados tienen sus propios sistemas de evaluación, al margen de los obligados. Pedro Argaluza, director de Primaria en el centro concertado Lauro Ikastola (Bizkaia), y Zaloa Gómez Iraola, la directora pedagógica, explican que plantean pruebas internas objetivas desde los 5 años, no antes, a todo la clase o por grupos. Se hacen en el último tercio del curso y no difieren de las tareas y ejercicios que realizan durante el año y que conocen muy bien, no le son extraños. «Pese al estrés que cualquiera de nosotros pasa cuando nos someten a un examen, aquí el alumnado ya está acostumbrado a este tipo de pruebas, y además depende de cómo se la plantees. En cualquier caso, son para consumo interno, para que la dirección y los tutores hagan el seguimiento del nivel de los niños y su evolución, y se complementan con el seguimiento de lo que hacen diariamente en las aulas, además de comparar los resultados con los de otras promociones».

En la enseñanza pública vasca no realizan ningún test o prueba a esas edades. «Esto no quiere decir que los niños no estén evaluados desde el principio -explica un portavoz de la consejería-, todo está planificado en el curriculum escolar». Como dice una madre y profesora británica, Sharon Vince: «Los maestros hacemos evaluaciones todo el tiempo, observamos a los niños mientras juegan y les hablamos en situaciones naturales, lo cual es muy diferente a sacarlos de la clase durante 20 minutos y a solas para hacerles preguntas con respuestas correctas e incorrectas».