PERIÓDICOS DE VERANO

CARLOS SANTAMARÍA ANECDOTARIO

Los periódicos cambian de piel el verano, una mutación que se observa sobre todo en la prensa deportiva nacional. Cuando acaba el 'Tour de Francia' se queda en las redacciones un aire gelatinoso, un raro silencio por el que zumba gélido el aire acondicionado mientras en las pantallas vacías de los ordenadores, brillantes y blancas como sudarios, parpadea testaruda la barrita del cursor. Leer los periódicos deportivos durante estos meses es abrazar un género nuevo, una cosa de ciencia ficción especulativa con capítulos que enganchan, seriales y culebrones sobre fichajes prodigiosos que nunca se acaban de concretar. Todavía se recuerda aquella portada de julio del 2003 en la que 'Marca' proclamaba a toda pagina 'Ronaldinho ya está en Madrid'; la hemeroteca deportiva está llena de regalos. Yo admiro profundamente a estos compañeros que ahora se ven obligados a rebuscar en redes sociales escarbando en cada foto y en cada frase. El pasado verano, el diario 'Sport' llevó a su portada la foto de Neymar y Piqué con el famoso «Se queda» anunciando a bombo y platillo que el brasileño no se iba al PSG. Los giros de argumento en la información deportiva veraniega no los supera ni el guionista de 'Perdidos'.

También la prensa generalista experimenta estos cambios estivales. Hasta hace algunos años el periódico en verano venía más ligero de polémicas, más amable, sin el plomo envenenado de la información política que hace que durante el curso normal leer algunas secciones sea tan encantador como frotarse las córneas con las hojas de una ortiga. Pero la política nunca descansa, y los veranos en la prensa tampoco son ya ese recreo entintado de agradables reportajes, noticias culturales, fiestas y apuntes de actualidad local. A pesar de todo, la intensidad de la información política desciende unos cuantos grados, y esto es muy de agradecer.

Un viejo conocido aseguraba que cuando más le gustaba el periódico era precisamente en verano «porque me compro 'La Rioja'» -decía- «y en cinco minutos me entero de todo lo que ha pasado». Una vez le señalé que en cinco minutos resulta imposible leerse el periódico entero. «Tengo un truco» -respondió él-. «Es que, en verano, todo lo que pasa está en las páginas de las esquelas y en el Teléfono del Lector». Así cualquiera.

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