La noche logroñesa del sábado fue mágica en términos de danza. No fue noche de luna llena aunque la luna de Lorca inundó el Riojafórum ... con el 'Romance Sonámbulo' ideado por Antonio Najarro.
Cuando el resultado final de una propuesta escénica es bueno en términos musicales, dramáticos, coreográficos, vestuario, iluminación e interpretación, resulta difícil encontrarle 'peros'. Si, además, el resultado es excelente y lo firma Najarro, la cosa ya entra en espacios mágicos de difícil catalogación. Considero que estas piezas debieran quedarse como gran repertorio de la danza y la cultura española.
'Romance Sonámbulo', visión lorquiana para la danza española en sus cuatro manifestaciones artísticas, mezcladas magistralmente –bolera, estilizada, folclore y flamenco– se trata de una propuesta compleja y arriesgada del mundo más delicado del poeta granadino.
Antonio Najarro toma como referencia troncal el famoso 'Verde que te quiero verde...', al que se le unen poemas nocturnos del misterioso universo de amor y muerte, para contarnos la trágica historia del joven contrabandista herido en busca de su amada gitana, con destino fatal bajo la luna verde. Un paisaje en el que también confluyen, musical y ambientalmente, las tres culturas acreditadas en Granada: árabe, judía y cristiana.
Presidido el escenario con imágenes de los jardines del Generalife, de la luna granaína, de la Alhambra y sus geométricas figuras, la coreografía que Najarro nos propone es un viaje onírico y de ensoñación a través del poemario intenso y místico que es el 'Diván del Tamarit'. Toda la Cía., seis bailarinas y siete bailarines, al servicio de la dramaturgia de Alberto Conejero embrujándonos desde la primera nota musical con la cortina bajada. Ahí comienza todo un mundo de ductilidad, de técnica y pasión que solo los grandes bailarines acometen, con éxito, guiados por un gran equipo al servicio de la creatividad de un artista como es Antonio Najarro.
Destacar la magistral partitura del maestro José Luis Montón, en una brillante interpretación –guitarra, violín, percusión y flauta– que hechiza, estremece y nos sumerge en el bello cante de María Mezcle. Lástima no poder disponer de más espacio para alabar las exquisitas interpretaciones de Daniel Ramos (Lorca) y María Fernández (La Luna) además de las de todos sus compañeros de reparto.
Maravilloso final en el que toda la Cía. nos ofreció un resumen de fragmentos que componen la coreografía de 'Romance Sonámbulo'. Un popurrí que invita al público a desadormecerse del maravilloso sueño lorquiano para regresar a la realidad de su butaca. Logroño se rindió a su potente creatividad con cinco largos minutos de aplausos, cerrados y cálidos, para la Compañía de Antonio Najarro.
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