PEQUEÑAS TRAGEDIAS

CARLOS SANTAMARÍA - ANECDOTARIO

El verano va derramándose por las calles de Logroño como la lava viscosa del Kilauea. Miro a la ciudad desierta derretirse bajo un sol que suelta sus latigazos por calzadas y avenidas y recuerdo lo que contaba Norman Mailer en una entrevista, la sensación agobiante que le asaltaba cada vez que acudía de visita a casa de unos amigos. En ese apacible barrio nunca sucedía nada, era una de esas urbanizaciones como de cartón piedra, de mentira, casi un decorado de cine. «No pasaba nada ni por accidente. Todo estaba calculado. Había ahí una especie de muerte viva. Y mi sensación era que ahí podían ocurrir cosas terribles porque no pasaba nada terrible».

La principal labor que tenemos en verano es combatir el sopor, y es una batalla que se libra dentro de uno mismo. También lo dejó escrito Mailer: «Hay una clase de hombre que a mí me entristecía cuando era joven, ese que tenía que trabajar de nueve a cinco de manera aburrida y nunca era dueño de su destino». Pero claro, esto decía un tipo que fue un genio de la literatura y el periodismo, ingeniero aeronáutico por Harvad y que había combatido en Japón y Filipinas en la Segunda Guerra Mundial. Cuando le preguntaban sobre su paso por el ejército decía: «Fue la peor experiencia de mi vida y la mejor».

Las calles bostezan de aburrimiento como en un cuadro de Hopper. Un camarero recoloca la silla vacía de una terraza. Castiga el sol. La sombra del edificio es una línea dibujada con portaminas, fina como tela de araña. No hay gente, no ocurre nada, y ese vacío, como aseguraba Mailer, es la antesala de las tragedias, que duelen aunque sean minúsculas como el mordisco de un mosquito. En cualquier momento un niño me preguntará la hora llamándome 'señor', o la máquina de café del trabajo se volverá a tragar los cincuenta céntimos, quién sabe. Pequeños dramas que aturden como un perdigonazo en la feria. Mailer tenía razón; han eliminado a España del Mundial a la hora de la siesta. Ahora toca localizar nuevas emociones. El calendario me avisa de que llega San Fermín. Empieza la única semana del año en la que abro los ojos antes de que suene el despertador. Algo es algo.

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