«El patrimonio genético, cultural y paisajístico perdido tras desaparecer la huerta es enorme»

«El patrimonio genético, cultural y paisajístico perdido tras desaparecer la huerta es enorme»

Emilio Barco presenta el jueves en la UR 'Donde viven los caracoles', libro con el que reivindica un espacio para la horticultura frente al monocultivo de la vid

Alberto Gil
ALBERTO GILLogroño

Donde viven los caracoles es donde pasa cada vez más tiempo Emilio Barco. Profesor de Economía aplicada en la Universidad de La Rioja y el mayor experto agrario de la región, mamó el campo desde pequeño. De hecho su madre, agricultora, ama de casa y jornalera de la vida –como recuerda en su nuevo libro–, decidió que Emilio fuera 'ilustrado' y no pisara demasiado aquella profesión de trabajo duro, incomprendido y casi de miseria. 'Donde viven los caracoles' reúne una selección de pensamientos sobre el mundo agrario, no exentos de ironía fina, que Barco ha ido publicando durante décadas, muchos en Diario LA RIOJA. Una recomendación para leer sin prisa, a poder ser en la misma huerta, y que el próximo jueves presenta en el Edificio Quintiliano de la Universidad de La Rioja (19.00 horas).

Donde viven los Caracoles

Autor: Emilio Barco. Estilo: Prosa. Editorial: Pepitas de Calabaza. 223 páginas. Precio: 17€

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–¿Le llora el ojo como a la vaca de uno de sus capítulos cuando mira para atrás y ve la evolución del campo riojano?

–Tampoco es un libro desde la nostalgia. Cuando la gente de Pepitas de Calabaza (la editorial) me planteó recopilar viejos artículos de Diario LA RIOJA o de Piedra de Rayo, seleccionaron 23 de 115 y queríamos aprovechar que hay una cierta vuelta hacia el pasado, hacia lo rural o campesino. Llevamos 40 ó 50 años hablando del despoblamiento del mundo rural, pero lo cierto es que no hemos hecho nada y, al menos, quería recuperar un poco esa memoria.

–Pero el campesino ha 'muerto'.

–Sí. Ya lo decía John Berger hace tiempo en su trilogía 'Puerca tierra'. De hecho, la primera parte del libro es un homenaje a Berger, a aquellos campesinos duros y supervivientes que se han extinguido en el 'mundo rico' por la sencilla razón de que nadie quiere esa vida para sí ni para los suyos.

–Dice que no hay nostalgia, pero sí la intuyo cuando alude a aquellos tiempos difíciles... y mucho más sensatos

–No, a nadie se le puede desear una vida tan dura como la de nuestros abuelos. Otra cosa es el respeto por el territorio, por el medio, por el paisaje. Desde esa perspectiva, sí.

–Le da usted a la PAC hasta en el carné de identidad...

–Fui una persona creyente en Europa como construcción social y económica, pero me he vuelto muy crítico. Todas las reformas de la PAC desde 1988 me han ido descreyendo y, desde el 2008, estoy totalmente en contra. Me parece un disparate.

–¿Hasta el punto de pagar al agricultor para no cultivar?

–Así es. Un artículo del libro 'Dame PAC y llámame tonto' lo dedico a este punto. El agricultor no quiere cobrar por no hacer nada, pero es lo que hay.

–También es cómodo...

–Está claro que esta situación no gusta, pero las organizaciones agrarias quizá no han puesto toda la carne en el asador para cambiar las cosas.

–¿El vino se 'bebió' por error a la huerta?

–Para mí sí. 'Donde viven los caracoles' es un artículo que publiqué en Piedra de Rayo y la idea surgió al leer un libro de Manuel Rivas, en el que uno de sus personajes no quiere pasar por donde mueren los caracoles. Es el famoso DDT que envenenó a nuestros padres y yo quise tener un espacio, mi huerta, donde sí viven los caracoles. Ya no tiene marcha atrás, pero es una gran pérdida para la región y así lo reinvindico en el artículo 'Hortelanos: vivir pobres, pero con elegancia'. El patrimonio genético, de diversidad, paisajístico y cultural que hemos perdido con la desaparición de las huertas es enorme. El monocultivo y el dinero no nos hace ser conscientes de tal pérdida.

–¿Fue entonces cuando Rioja optó por ser una denominación grande en lugar de una gran denominación?

–Sí. Nadie se acuerda de que hasta los años 90 los viticultores no podían vivir del vino y, por las tardes, limpiaban el monte para sacar un jornal. Luego llegaron los años dorados.

–Y lo que usted denominó la 'uva virtual', la más rentable hoy en día.

–Sí. En aquellos años poca gente hablaba sobre el 'papel', de la compra fraudulenta de uvas y de derechos de plantación. La verdad es que choca leerlo casi 20 años después.

–¿Cómo ve el futuro del vino con la amenaza de liberalización, la presión del capital y los importantes movimientos de tierra que está habiendo?

–Los movimientos de capital no son nuevos. La diferencia respecto a los años 80 es que ahora son fondos de inversión que no se sabe de dónde vienen. Entonces se toreó este tema y se hizo bien. Más allá de la disputa concreta, creo que el sector es maduro y sabrá afrontar los nuevos retos. 

 

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