«Mi padre no fue el cocainómano que pintan»

«Mi padre no fue el cocainómano que pintan»

El hijo de Eugenio publica una biografía sobre el famoso humorista. «El peor chiste de su vida fue su tercera mujer» Gerard Jofra Escritor

ARANTZA FURUNDARENA

Eugenio medía casi dos metros. Pero su sombra es mucho más alargada. Su hijo Gerard Jofra, a sus 49 años, todavía no se ha liberado de ella. Jofra acaba de publicar 'Eugenio', una biografía sobre el célebre humorista catalán, fallecido en 2001. En ella intenta desentrañar su parte más desconocida. «Es que se han dicho muchas mentiras», protesta quien también produce un espectáculo dedicado a su padre.

-¿Qué mentiras?

-Se hizo un documental en el que yo participé con toda mi buena voluntad. Pero Eugenio no fue el alcohólico ni el cocainómano que ahí están pintando. Simplemente, tuvo un desliz en los últimos cinco años de su vida.

-¿No lo mató la cocaína?

-Noooo, por favor... Murió de tristeza, de ganas de morir. Él me lo dijo siempre: «Esto se acabará el día que yo quiera». Y cumplió.

-Pero no se suicidó. Murió de un infarto.

-Sí, pero ese mismo día, el día que nació mi hija, su primera nieta, mi padre me suelta el último dardo. Me dice que yo ya no le necesito y que él ya no quiere vivir. Horas después falleció de un paro cardiaco. Murió el día más feliz de mi vida... En el funeral no pude ni llorar.

-«No somos víctimas de verdugos sino víctimas de víctimas», recuerda en su libro.

-Exacto. Yo he puesto a mis padres por encima de mis hijas, pero era temporal, hasta acabar este libro. Tenía que intentar curarme yo. No sé todavía si estoy curado.

-¿Ha probado a ir al psicólogo?

-La terapia la he hecho participando en un documental, escribiendo, perdonando... Él decía que fue un mal padre. Yo digo que no es verdad. Simplemente, no supo hacerlo mejor. Pero me encargó una misión, agradecer a mi madre lo que él no le agradeció en vida. Por eso he escrito este libro.

-¿Fue la muerte de su madre lo que destrozó a Eugenio?

-Hombre, es que se quedó viudo con 37 años, una hija de ocho y un hijo de once, que era yo. Perdió al amor de su vida. Mi madre era un ángel. Ella era cantante y él, artesano joyero, aprendió a tocar la guitarra para conquistarla. A Eugenio lo conocía muy poca gente.

-¿Y cómo era?

-Un tío entrañable, solidario y con una infancia muy dura. Su padre le decía que no llegaría a nada en la vida. Pero su peor error fue confiar en personas que no merecían la pena. A los políticos de mi tierra les digo: «No tenéis vergüenza, un tío que ha llevado el catalán por todas partes y que todavía no se le haya puesto una calle...». Luego dirán que me quiero aprovechar... Pero yo el caché de 'Reugenio', espectáculo del que soy productor, no lo bajo por respeto a mi padre.

-A usted lo convirtió en su 'road manager' con 14 años.

-Yo acababa en junio el colegio y me ponía a acompañar a mi padre. Con 15 años estaba rodeado de gente como Gila, Arévalo... Eso es un máster de los de verdad.

-Cuenta que Eugenio lo despertaba a las tres de la mañana para que fuera a comprarle Ducados... ¿Y algo más?

-No, no, no. Nada de cocaína. Eso nunca. Pero es muy larga la lista de cosas que yo hacía por mi padre.

-¿Cuál fue el peor chiste en la vida de Eugenio?

-Casarse en un barco con su tercera mujer. Ahí perdió el control de su vida. En sus últimos años no estuvo ni bien medicado ni bien alimentado. Isabel nos echó a los hijos, nos quitó del medio. Yo pasé de ser el mánager a ser el jardinero. Y me fui. Por dignidad.

-¿Es cierto que su padre se refugió en el esoterismo?

-Le gustaba investigar. Le encantaba el hipnotismo, las ciencias ocultas... Se hizo una pirámide en casa y se metía dentro. Decía que le relajaba.

-¿De qué huía Eugenio?

-De él mismo. Los minutos antes de subir al escenario eran terroríficos. Me preguntaba: «¿Has cobrado? ¿Sí? Pues vámonos». Quería salir corriendo.

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