Manuel Saiz publica un nuevo libro sobre su relación con el arte

Manuel Saiz, en 2016, en la presentación de su anterior libro. :: /Justo Rodriguez
Manuel Saiz, en 2016, en la presentación de su anterior libro. :: / Justo Rodriguez

El autor sostiene que «los artistas del siglo XXI hacen lo mismo que los de la prehistoria y esos que hacen cosas nuevas no son artistas»

J.SÁINZ

Madrid, Londres, Amsterdam, Berlín, Roma, Lisboa... Después de recorrer Europa, Manuel Saiz se encuentra de vuelta en España. Las cuestiones esenciales no varían demasiado en un sitio o en otro. Tampoco las respuestas: «Desde las pinturas rupestres -afirma-, los artistas de verdad siempre hacen lo mismo».

-¿Ya ha conseguido averiguar qué es el arte?

-A lo más que puedo aventurarme es a decir que cada día estoy más seguro de que la naturaleza del arte es imposible de averiguar, y de que, probablemente, esa sea su única naturaleza, esa imposibilidad.

«El arte es importante para muchos porque se opone singularmente a todo lo demás»

-Creo que fue Plensa quien dijo que el arte no sirve para nada y precisamente por eso es tan necesario. ¿Qué opina? ¿Sirva o no, por qué no podemos prescindir de él?

-No hay nada en el mundo que no sirva para algo. Todas las acciones humanas tienen alguna utilidad y están, directa o indirectamente, encaminadas a un propósito muy concreto: el de asegurar la supervivencia. El arte quizá sea la única actividad que se revela frente a esa labor y por eso a veces se diría que no sirve para nada. En el mismo momento en que aparece ya sirve para algo: el arte se traiciona a sí mismo en su realización. El arte es importante para muchos -y, desde cierta perspectiva, para todo, para la existencia del mundo- porque se opone singularmente a todo lo demás. Es algo que muestra el resto de las cosas del mundo en una forma en la que se ve su falsedad. El arte rompe el velo de la realidad, como se diría en la filosofía oriental. Pero ese acto, que no sirve más que para hacer la vida más difícil, más invivible, que no sirve para nada práctico, en seguida se utiliza para mejorar la realidad, y entonces deja de ser arte. Tal y como has formulado esta pregunta, no me queda más remedio que destacar que con esa afirmación Plensa se descalifica a sí mismo como artista, es decir, que lo que dice implica que lo que hace él no es arte, porque es evidente que sus obras tienen vocación explícita de servir a los intereses prácticos de bastantes personas y grupos. Así es, seguro, en lo que presenta públicamente.

-Denos un ejemplo de sus 'malos consejos para jóvenes artistas'.

-Son muchos motivos por los que los llamo 'malos consejos'. Uno de ellos es que no están formulados propiamente como consejos, como algo que se le dice a alguien con intención de darle pautas de comportamiento. Quizá lo más apropiado como botón de muestra es el (pseudo) consejo más corto de todos los que hay en el libro, que de hecho expresa esta incapacidad del arte para ofrecer soluciones: '162. Cambiarse el arte. Con el propósito de evitar cambiar el mundo, el arte se cambia a sí mismo'.

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-¿Cuál fue el peor consejo que le dieron a usted cuando empezaba?

-Evidentemente en la enunciación del título hay una ironía, y todo lo que implica se puede tomar de manera directa o inversa. Porque no se sabe qué consejo es bueno y cuál es malo, porque primero hay que definir el criterio y, además, porque nunca se sabrá si el resultado de los consejos seguidos es mejor que el que hubiera dado el ignorarlos, lo más conveniente es responder a esta pregunta con una cita de Chesterton que ilustra bien esta ambigüedad: 'Debo mi éxito al haber escuchado respetuosamente el mejor consejo, y luego ir y hacer exactamente lo contrario'.

«Mientras siga habiendo desconsuelo habrá arte, habrá artista»

-¿Espera algo nuevo de los artistas del siglo XXI?

-Quizá mi trabajo, mi pensamiento y mi persona se están volviendo más y más oscuros con el tiempo, menos dispuestos a jugar alegremente con los medios artísticos, con la historia, con los acontecimientos del mundo contemporáneo, con los avances tecnológicos, etcétera. Porque tengo una sensación cada vez más intensa de que no hay nada nuevo, de que los artistas de verdad siempre hacen lo mismo, desde las pinturas rupestres, y que siempre habrá arte y será exactamente igual; que los artistas del siglo XXI son iguales que los de la prehistoria, y esos que hacen cosas nuevas, que sin duda los hay, precisamente esos, no son artistas.

-¿Espera algo diferente de sí mismo (como artista) en el futuro?

-Hay que esperar siempre nuevas decepciones, nuevas soledades, y por el otro lado, nuevas alegrías por haberlas sobrellevado, por haberse podido despojar de lo que las hacía dolorosas. Siempre llegan nuevos verbos irregulares que aprender, como escribe Auden en un poema. Mientras siga habiendo desconsuelo habrá arte, habrá artista.