Neumonía: más vale vacunarse

Neumonía: más vale vacunarse

Todos los años el invierno nos trae los típicos resfriados comunes, gripes y, en algunos casos, la temida pulmonía

CARLOS RUIZ MARTÍNEZLogroño

Las infecciones pulmonares captan el interés de la población por su capacidad de producir epidemias. Pero incluso en ausencia de pandemia, tienen un gran impacto sobre nuestra salud, ya que causan más número de afectados que cualquiera de las patologías más conocidas como el cáncer, infarto de miocardio, ictus o diabetes.

La neumonía, quizás más conocida popularmente como «pulmonía», consiste en una inflamación del pulmón, generalmente, de una parte y en casos graves de todo un pulmón o de los dos. Puede ser causada por una gran variedad de gérmenes como bacterias, virus y hongos, siendo el neumococo la bacteria que más neumonías ocasiona.

¿Cuándo se recomienda la vacuna?

1.
Mayores de 65 añois
2.
Personas con enfermedad pulmonar crónica
3.
Pacientes con Diabetes Mellitus
4.
Con Enfermedad cardiovascular crónica
5.
Hepatopatía crónica
6.
Alcoholismo
7.
Pacientes con las defensas bajas (inmunodeprimidos)
8.
Pacientes con ausencia de bazo
9.
Fístulas de líquido cefalorraquídeo y portadores de implantes cocleares
10.
Antecedentes de enfermedad neumocócica invasiva

Varios estudios españoles estiman que su incidencia viene a representar entre 5 y 10 casos por 1.000 habitantes/año. En estos estudios se observa un predominio en ancianos, aunque la edad no es la única responsable, sino más bien el padecer alguna enfermedad debilitante de base (EPOC, asma bronquial, tabaquismo, inmunodepresión, diabetes, fallo renal o hepático crónicos, etc). Entre un 20 y 30% de los pacientes requieren tratamiento hospitalario. La mortalidad en los enfermos que no precisan hospitalización es muy baja y en el resto varía entre el 5 y 20%, dependiendo de las circunstancias de los pacientes y microorganismos que la producen.

Los síntomas y signos más típicos de neumonía son fiebre, escalofríos, sudoración, tos productiva con expectoración amarilla o verde, dolor torácico, dificultad para respirar, malestar general, debilidad y pérdida de apetito.

Después de pasar una neumonía es bastante habitual no encontrarse bien del todo, con síntomas de debilidad, cansancio, ahogos con los esfuerzos y la tos, que van cediendo con el tiempo.

Para confirmar el diagnóstico se debe realizar una radiografía de tórax que revelará la zona y extensión de inflamación que hay en nuestros pulmones. En ocasiones pueden ser necesarias otras pruebas como el cultivo de esputo (para identificar los microorganismos que la causan), el escáner de tórax o la fibrobroncoscopia.

Tratamiento

Consiste en la administración de antibióticos, cuya elección, dosis y vía de administración dependerá del posible microorganismo causante y gravedad de la infección pulmonar. En los casos más frecuentes y leves con un antibiótico administrado por vía oral durante 7-10 días será suficiente. En los casos graves, que requieren ingreso en el hospital (aproximadamente el 20-30% de las neumonías) los antibióticos se administran por vía endovenosa junto a otras medidas de soporte como la oxigenoterapia, para aliviar la insuficiencia respiratoria. Con frecuencia la fisioterapia respiratoria y los fármacos broncodilatadores inhalados son útiles para eliminar secreciones y mantener los bronquios limpios y permeables.

Prevención

Las vacunas son la medida preventiva más eficaz contra las patologías infecciosas respiratorias. La vacunación consiste en administrar a una persona un preparado que contiene partes muy pequeñas o debilitadas de un agente infeccioso como un virus o una bacteria. Este agente estimula el sistema inmune del individuo para producir anticuerpos que protejan contra la infección y que, al permanecer un determinado periodo de tiempo en el organismo, lo reconozcan y luchen contra él si la persona contacta nuevamente con ese agente infeccioso. A lo largo de la historia las vacunas han salvado millones de vidas y todas las sociedades científicas coinciden en que sus beneficios superan ampliamente sus riesgos.

Las personas con enfermedad respiratoria crónica deben vacunarse periódicamente para prevenir la gripe y la neumonía neumocócica. En el caso de las infecciones respiratorias, las principales vacunas disponibles actualmente son: gripe, neumonía neumocócica, tosferina y sarampión. La vacunación es un proceso que proporciona a la persona protección o inmunidad contra una determinada infección. A día de hoy, los expertos coinciden en que las vacunas constituyen la mejor medida preventiva disponible para la protección contra las infecciones.

En el caso de las enfermedades respiratorias hay vacunas cuyo uso se ha universalizado y han conseguido reducir el impacto de la enfermedad. Tal es el caso de la tosferina o el sarampión, que en países desarrollados se administran a los bebés, con lo que su tasa de incidencia se ha reducido muchísimo. En otros casos, como la gripe o la neumonía neumocócica, el porcentaje de éxito es muy elevado, entre el 50-70%, pero no impide que algunas personas desarrollen la infección.

Sin embargo, para las personas que padecen una enfermedad pulmonar crónica y presentan mayor riesgo de desarrollar infecciones más severas en las vías respiratorias, la vacunación antigripal y antineumocócica es altamente recomendable.

En las personas que padecen asma, EPOC, bronquiectasias o fibrosis quística, cualquier infección pulmonar puede tener graves consecuencias, pues sus síntomas se agravan y desencadenan crisis o exacerbaciones que pueden obligar a la hospitalización. Las vacunas ayudan a evitar que esto ocurra en muchos casos. Además, si el paciente presenta una neumonía, las consecuencias pueden ser mortales en algunas ocasiones.

En cuanto a la vacunación antineumocócica cabe señalar el desarrollo en los últimos años de la vacuna conjugada 13-valente que muestra gran efectividad utilizando una sola dosis.

Temas

Vacunas