Un payaso en el cielo de la ópera

Pepe Viyuela. /EP
Pepe Viyuela. / EP

Pepe Viyuela se suma al reparto de una pieza que satiriza en la adicción a los teléfonos inteligentes y que se dirige a sus usuarios mas jóvenes

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Para Pepe Viyuela (Logroño, 1963) escalar al escenario el Teatro Real «es como subir al cielo». El actor, de poderosa vis cómica y orgulloso payaso en ejercicio, ha sido reclutado para sumarse al reparto de 'El teléfono, o el amor a tres'. Es una ópera cómica compuesta por Gian Carlo Menotti, estrenada en Nueva York en 1947 y cuya feroz crítica al uso desmesurado del teléfono y a la incomunicación en la era de la comunicación «toma hoy más sentido que nunca», según Viyuela.

'Mutatis mutandis', cambiando el arcaico teléfono de disco y cable rizado por el móvil inteligente, la pieza llega al Teatro Real como una divertida sátira sobre los estragos de la adicción a los 'smartphones' en nuestras relaciones, en especial en las amorosas. Una «tiranía celular» de la que son víctimas propiciatorias los adolescentes, el público al que se dirige esta ópera en la que Viyuela encarna a un personaje poliédrico pero que no canta «por fortuna para el público y para la historia de la ópera».

«Es una obra visionaria», dice Viyuela. Lo ratifica su director, Tomás Muñoz, para quien «tiene hoy más sentido que cuando fue escrita». Se articula encadenando situaciones tan absurdas como reales que pondrán a prueba el amor de Lucy y Ben, la pareja protagonista que interpretan la soprano Sonia de Munck y el barítono Gerardo Bullón. Viyuela es un jocoso maestro de ceremonias, un presentador que recuerda al Carlos Sobera que pilota uno de esos programas de citas a ciegas tan en boga a tele.

«El móvil se ha convertido en un órgano más que nos controla y condiciona todo nuestro comportamiento, y cuyo uso indiscriminado también condiciona el amor», «¿Sobrevivirá el amor a la era del 'smartphone'?», se pregunta Viyuela, que reivindicó la figura del payaso «que siempre ha sido necesaria». «Con su doble acepción, la despectiva y la tierna, nos ayuda a tomarnos la vida menos en serio y a poder vivir mejor», sostiene.

En tiempos de ultracorreción política y cuando el chiste en un bumerán que se vuelve contra quien lo lanza «el payaso aún nos permite viajar a la irracionalidad hermosa, transgresora, sincera e inocente de los niños». Unos críos que son un público implacable «y quizá el más difícil de ganar». «Quienes nos consideramos payasos queremos volver siempre a la infancia, pero de manera respetuosa. El payaso intenta parecerse a los niños, recuperar su irreverencia inocente y profunda», aseguró Viyuela, un payaso sin fronteras que ha arrancado sonrisas en escenario bélicos, en hospitales y barrios marginales.

Moraleja

De vuelta al personaje, aclara cómo su presentador acaba siendo «un espectador más que reflexiona sobre lo que está pasando en el mundo con los malditos móviles» y lo hace «a través de una historia encantadora, de un cuento precioso con una moraleja muy profunda que invita a la reflexión».

Viyuela estudió Arte Dramático cuando la escuela estaba en dependencias del Teatro Real, de modo que regresar al icónico escenario es «como subir al cielo». «Tuve la suerte de estudiar entre estas paredes y regresar aquí, es una fortuna sobrevenida, un regalo que no esperaba recibir jamás», se congratuló.

Se ha modificado levemente el libreto para incorporar el personaje de Viyuela a la trama, y apenas se ha alterado la partitura para dar cabida, en una suerte de obertura, a muchas de las telefónicas melodías digitales que tan familiares nos resultan a todos. Las interpretará la orquesta a la ordenes de Jordi Navarro en las funciones en castellano con un aria en inglés -subtitulada- que se ofrecen el 23 y 24 de marzo.

Este divertimento operístico se incluye en la programación del Real Junior, dirigida a «ese público de entre 12 y 17 años que resulta a menudo tan difícil de interesar por la ópera», según admite Joan Matabosch, director artístico del Real que ofrece un centenar de funciones infantiles para casi 60.000 chavales cada año.