Un mundo de luces blancas y negras

Un mundo de luces blancas y negras

La Casa de la Imagen expone 36 fotografías del autor de culto nipón Jun Shiraoka, hasta el 10 de julio

Estíbaliz Espinosa
ESTÍBALIZ ESPINOSALogroño

«Si nos acercamos a sus imágenes con una mirada distraída corremos el riesgo de no captar nada. Pero si se deja arrastrar por la presencia de formas y contornos, el observador perseverante se irá apropiando poco a poco de una imagen que parecía escapársele, para inmediatamente pasar a formar parte del universo del fotógrafo. Un poco como en la penumbra de un pasillo sin ventanas, hay que esperar a que las pupilas se dilaten antes de distinguir las paredes o poder avanzar».

Las palabras del fotógrafo Michel Dieuzaide, reconocido en el país vecino como 'Caballero de las Artes y las Letras', facilitan el acercamiento a la obra de otro grande de la fotografía, el japonés Jun Shiraoka.

Una pequeña muestra de la obra del artista nipón se expone estos días en Logroño, en la Casa de la Imagen, un lujo tan exquisito como sus propias imágenes, siempre en blanco y negro, siempre mágicas.

La muestra, titulada '¿Puede esta luz devolvernos todo el mundo?', reúne 36 fotografías de Shiraoka pertenecientes a la colección de Henry Bellan-Huchery y se podrán disfrutar durante dos meses, hasta el 10 de julio. Precisamente Dieuzaide y Bellan-Huchery estuvieron ayer en la inauguración, acompañados por Jesús Rocandio.

La exposición de Jun Shiraoka (Japón, 1944-2016) invita a compartir un trabajo poco conocido, casi confidencial, porque es difícil, íntimo y también exigente. La nutren paisajes (especialmente urbanos) e interiores, donde la mirada del artistas se proyecta de dentro hacia afuera; donde los blancos, negros y grises adquieren una textura densa, casi táctil.

El coleccionista Henry Bellan-Huchery y Jesús Rocandio.
El coleccionista Henry Bellan-Huchery y Jesús Rocandio. / Juan Marín

Y aunque sus composiciones son de apariencia sencilla, encierran las experiencias del autor y reivindican el carácter físico de sus emociones. En este sentido, Henry Bellan-Huchery explica que, a veces, «Jun Shiraoka guardaba las imágenes un tiempo sin revelar. Más tarde venía el tiempo de la oscuridad del laboratorio y recuperaba intactas las sensaciones». Y lo hacía durante un laborioso trabajo de laboratorio.

Fruto de su personal mirada a través de a cámara y desde la penumbra del estudio de revelado es el trabajo sugestivo, sutil y poético de Shiraoka.

'Un respiro'

La fascinación de Jun Shiraoka por la fotografía se remonta a sus años de profesor de Física en la universidad en Yokohama. Luego, con su cámara, se embarcaría durante un año en un viaje por Rusia, Escandinavia, Europa y Marruecos, principalmente en ferrocarril. Entre 1973 y 1979 residió en la ciudad de Nueva York, y desde entonces y hasta el año 2000 vivió y trabajó en París, donde sus impresiones en gelatina de plata en blanco y negro fueron defendidas por el Curador Jefe de Fotografía de la Biblioteca Nacional, Jean-Claude Lemagny, quien lo designó «el mejor fotógrafo de nuestro país». Shiraoka regresó de nuevo a Japón, donde falleció hace tres años.

La obra de este «autor de culto» -en palabras de Jesús Rocandio- se puede ver ahora en Logroño. Más aún, «frente a la tecnificada fotografía de hoy en día, esta exposición es un respiro», apunta el responsable de la Casa de la Imagen.

Durante la presentación de la muestra, Henry Bellan-Huchery, amigo personal y coleccionista de la obra de Shiraoka, insistió en la preocupación del autor nipón «por transmitirnos la sensibilidad de su mundo. Un mundo con sus luces, algunas negras, algunas blancas».

Precisamente de la primera estrofa de un poema de Rilke ('Huertos'), cuyos versos enseñan a ver la luz en la oscuridad, toma esta exposición su título: '¿Puede esta luz devolvernos todo el mundo?'. Jun Shiraoka fue más explícito: «Quiero captar en la película la sensación que siento cuando una brisa suave sopla en la playa al final del verano».