El milagro de convertir la barrica en arte

Iñaki Murillo, de pie y de negro,  posa en Bilbao con alguna de las barricas cedidas con responsables y artistas de FormArte. :: Andoni Rentería/
Iñaki Murillo, de pie y de negro, posa en Bilbao con alguna de las barricas cedidas con responsables y artistas de FormArte. :: Andoni Rentería

Bodegas Murillo Viteri, de Cenicero, ha donado una treintena de barricas para la iniciativa, que recogerá fondos para FormArteUna exposición solidaria en Bilbao utiliza toneles riojanos pintados por artistas con diversidad funcional

DIEGO MARÍN A.

LOGROÑO. Las Bodegas Murillo Viteri de Cenicero cuentan con un parque de barricas de unas 2.000 unidades. Cada año renuevan un 15% de ellas, que adquieren a la empresa vecina Tonelería Gangutia. Normalmente, tras la crianza del vino durante siete años, la bodega de Rioja vende las barricas usadas como muebles. «Tenemos lista de espera de clientes de hostelería que nos las solicitan para ponerlas en sus establecimientos», explica Iñaki Murillo, responsable de la bodega. Desde la puesta en funcionamiento de la ley antitabaco las barricas se han revalorizado como mesa en la parte exterior de los bares a fin de que los clientes fumadores puedan apoyar ahí sus consumiciones... y el cenicero. Y eso le dolía un poco a Iñaki Murillo, a quien le parece «un pecado» que las barricas de Gangutia acabasen como 'apoyaceniceros'.

Bodegas Murillo Viteri trabaja apostando por el reciclaje y la sostenibilidad: reutilizan el agua para el riego de los viñedos situados junto a la bodega, refrigeran los depósitos con la temperatura nocturna y ceden los corchos usados de sus botellas para construir tablas de surf. Con todo lo anterior, lo que acaban de hacer con una treintena de sus barricas no llama tanto la atención. «Qué pocas cosas se hacen en el mundo de las empresas que logren hacer sonreír a todo el mundo», reflexiona Iñaki Murillo.

La bodega riojana cedió sus barricas a la entidad sin ánimo de lucro FormArte de Bilbao, que trabaja con artistas con diversidad funcional (discapacidad psíquica o intelectual), para que estos las pintaran, de manera que, tras su uso enológico, no se convirtieran en un mueble sino en una obra de arte. «Llevamos años trabajando con Gangutia como tonelero, que hace unas barricas espectaculares, y nos daba pena desecharlas y que tuvieran un destino... poco glamuroso», recuerda Iñaki.

Muestra de arte urbano

Contactaron con FormArte, que ya había recibido la idea con ilusión, pero les convenció más aún cuando Murillo Viteri expuso una condición: «Que se vendieran y el importe íntegro se lo llevara la asociación». Coincidiendo con el evento The World's 50 Best Restaurants (los premios anuales a los mejores restaurantes del mundo) que se celebra en la capital vizcaína hasta hoy, y en colaboración con el Ayuntamiento de Bilbao y la Agrupación Empresarial BilbaoCentro, las barricas, ya transformadas en obra de arte, se han mostrado en las calles bilbaínas como una exposición efímera de arte urbano. Son barricas originales que, tras ser usadas para la crianza del vino, se han pulido y se les ha dado una capa de imprimación, además de otra de barniz tras ser pintadas. Cada una cuesta 150 euros, más la voluntad. La primera la adquirió el Ayuntamiento de Bilbao. Mediada la muestra ya se habían vendido más de la mitad de la barricas, compradas por entidades, empresas y particulares.

«Todo el mundo está súper contento. A mí me han llamado todos mis clientes de hostelería de Bilbao para felicitarme», admite Iñaki Murillo, y va más allá para convencer a los últimos compradores: «Cualquier precio que se pague es barato porque estas barricas tienen una historia detrás, una historia solidaria de la que estar orgulloso. Y, la verdad, la gente está siendo generosa con los donativos».

 

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