MEMORIA Y CAMUFLAJE

ALBERTO PIZARRO - CRÍTICA DE ARTE

Asier Biota ha colgado en La Gota de Leche varias obras, parte de las cuales ha titulado 'Gueules Cassées' (bocas rotas), aludiendo a las reparaciones plásticas que se le ocurrieron para dejar bellamente retratados a quienes sufrieron espeluznantes lesiones faciales en la Primera Guerra Mundial. También ha expuesto otras que son guiños plásticos a otros artistas- por ejemplo, al gran bodegonista Sánchez Cotán- e incluso he creído ver, antes del vino que nos ofrecieron y no ingerí, un retrato suprawarholiano del hoy tan baqueteado Miguel Bosé.

La exposición se encuadra en un proyecto cuyo objetivo es acercarse a dicha contienda, desde una perspectiva crítica, haciendo hincapié en el sufrimiento del combatiente. Una coyunda cultural que el pintor ha formado con los historiadores Pablo Aguirre y Sergio García Pujades, la realizadora Beatriz María y el ilustrador Armando Roldán. Tampoco es baladí el mensaje de Henri Barbusse, con que nos endiñan desde un prospecto: «El verdadero patriotismo se horroriza del que siembra el odio y la guerra». Dada la actual situación española resulta un oportunísimo aviso para navegantes (votantes).

A lo que se ve, a Biota le sigue preocupando la crisis socio-política que abrió el ya centenario conflicto. Los pocos años del artista (Logroño, 1989) hacen nos sean permitidas las comparaciones, por más que parezca tener un estilo definido, que en alguna ocasión he comparado, salvando las pertinentes diferencias, con el de Dubuffet.

Empero, sus 'gueules cassées' de ahora están confesamente inspiradas, si bien resueltas con el colorido que le es propio, en las obras de Anna Coleman y René Apallec.

Coleman, escultora, escritora y retratista, fundó, en 1917, el Estudio para Máscaras de Retrato, al objeto de fabricar prótesis que pudieran ser utilizadas por hombres desfigurados hasta la monstruosidad durante la guerra. Y Apallec, a quien se llamó 'cirujano-artista plástico sobre papel', que actuó como enfermero durante la contienda, se ocupó en sus collages de las grandes figuras de la misma, como modo de denunciar el absurdo de la carnicería y vengar a los verdaderos traumatizados. El que desfigurara los retratos de generales y mariscales, dándoles la apariencia de los soldados que enviaron al frente y resultaron espantosamente mutilados, hizo que gran parte de su trabajo lo realizara en secreto o se negase a exponerlo.

Concluidos los estudios de Bellas Artes, Biota ha recogido esos legados-plástico y satírico- e interpretándolos a su manera ha impartido una peculiar forma de justicia. Actitud que viene alentada por sus inquietudes filosóficas y literarias. (Es autor del poemario 'Detritus Vitae'.) Ha echado su cuarto a espadas contra las guerras, jugando, seriamente, a la extemporaneidad y a la ucronía; demostrado, por ende, el poder del color para camuflar el horror, lo repulsivo.

Hoy, que hijos y amantes 'borderlines' de famosos se dedican al diseño, no me extrañaría que a Biota, dado su talento, le acabasen tentando joyeros o bisuteros. A no dudarlo, las caras que pinta podrían servir como boceto de broches y dijes de vaya usted a saber qué pechos.

 

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