Martínez de Leyva, héroe riojano de la Armada Invencible

Martínez de Leyva, héroe riojano de la Armada Invencible

Comendador de Alcuesca en la Orden de Santiago, capitán general de las galeras de Sicilia y capitán general de la Caballería de Milán, Alonso Martínez de Leyva comandó 'La Rata Santa María Encoronada' en la fallida invasión de Inglaterra hace 470 años y fue segundo de Medina Sidonia

Marcelino Izquierdo
MARCELINO IZQUIERDOLogroño

El historiador británico Michael Lewis, legendario experto en la Armada Invencible, definió con elogiosas palabras al militar riojano Alonso Martínez de Leyva, que perdió la vida en aquella desdichada aventura: «Era joven, gallardo y, desde luego, valiente. Pertenecía a la exclusiva hermandad del inglés Sydney y del francés Bayardo 'Chevalier sans peur et sans tache'; era el ídolo de su patria y de su corte: un hombre de talento y de iniciativa».

Hijo de don Sancho, quien fuera virrey de Nápoles, Alonso Martínez de Leyva nació hacia 1554, posiblemente en su señorío riojano de Leiva. Al igual que su padre, se bautizó en el campo de batalla, siendo casi un niño, en la guerra morisca de las Alpujarras. Tras obtener notables triunfos militares en Lombardía -lo que le granjeó el apoyo de Felipe II-, fue nombrado capitán general de la Caballería del Milanesado, donde continuó demostrando su valor y su pericia. Todos estos méritos contribuyeron a que el mismísimo rey lo reclutara como hombre clave de la 'Empresa de Inglaterra', que así denominaba Felipe II a la Armada Invencible en sus documentos oficiales.

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Segundo jefe de la escuadra, en caso de que algo le ocurriera al duque de Medina Sidonia, Martínez de Leyva iba al mando de la nao 'La Rata Santa María Encoronada', buque desplazaba 820 toneladas, con 419 hombres a bordo y armada con 25 cañones. Hace de esto 470 años.

Bajo la protección del militar riojano embarcaron nobles de alta alcurnia, como Alonso Ladrón de Guevara, Rodrigo Manrique de Lara, Gaspar de Sandoval, Manuel Paleólogo, Luis Ponce de León, Ramón Ladrón de Mendoza o Tomás Granvela, sobrino del influyente cardenal. Y, pese a ostentar rango de almirante, ni un solo buque de su escuadra se movía sin consultar con Leyva.

Combatió como ninguna 'La Rata Santa María Encoronada' en alta mar y a punto estuvo de abordar a una de las naves capitanas inglesas. Sin embargo, fue herido en una pierna Martínez de Leyva durante la refriega.

La desventura irlandesa

Al igual que otros buques españoles, 'La Rata Encoronada' puso rumbo a Irlanda y pese a lo milagroso de que un buque tan pesado pudiera aguantar en aquellas aguas, arribó el 10 de septiembre a las costas irlandesas. La misión sólo fue posible gracias a la ayuda de un puñado de irlandeses católicos, que se habían refugiado en España huyendo de las autoridades anglicanas. El desembarco en la intrincada bahía de Blacksod fue un alivio para Leyva, aunque no duró demasiado.

Tras varias tentativas fallidas de contactar con irlandeses que apoyaran la causa contra la reina Isabel II y la pérdida de varias decenas de efectivos, fue alertado Alonso Martínez de Leyva de que 'La Rata Encoronada' podría zozobrar en cualquier momento. Ordenó entonces el militar riojano recoger todas las armas y otras pertenencias, desembarcar con cautela y quemar la nao, para que de nada pudiera aprovecharse el enemigo.

Emprendió entonces Leyva una expedición por tierra, en busca de otras naves hispanas a la deriva, guareciéndose en castillos abandonados y otros refugios naturales por temor a un ataque de nativos irlandeses que apoyaban a la corona inglesa. Conducidos por un guía local a través de peligrosos senderos y de las abruptas montañas, logró reunir el militar riojano a unos 800 hombres, a los que distribuyó en dos fuertes abandonados, junto a la bahía de Elly Bay.

Mientras el grueso de los hombres controlaba la seguridad de la bahía, un grupo de expertos marinos se afanaba en reparar la urca 'Duquesa Santa Ana', muy dañada por los combates y la adversa meteorología. Y aunque la expedición comandada por Martínez de Leyva reflotó la nave y puso rumbo norte en dirección a Escocia, un fuerte golpe de mar inutilizó el timón y arrastró el buque a la rocosa península de Lough Erris, en la zona más septentrional de la isla, casi en la frontera que en la actualidad separa Irlanda (Eire) de Irlanda del Norte (Ulster).

Martínez de Leyva, según El Greco. :: Museum of Fine Arts, MontrEal
Martínez de Leyva, según El Greco. :: Museum of Fine Arts, MontrEal

Quiso la mala suerte que se quebrara el trinquete y que una gran astilla golpeara a Leyva y le partiera una pierna. Llevado a tierra por sus hombres en una improvisada litera, el dolor no impidió al militar riojano dirigir las labores de desembarco. La 'Duquesa Santa Ana' ya no pudo hacerse a la mar.

Tras varios días de descanso, gracias a la ayuda del clan M'Sweeney -furibundo enemigo de los ingleses-, la expedición española alcanzó el puerto de Killyberg, donde quedaba a flote la galeaza 'Girona', con 420 hombres. No había alternativa: la orden desde España era la de regresar cuanto antes, aunque no era perentoria, y con Leyva al mando de 1.300 personas.

Como todo el contingente para embarcar en el buque era excesivo, varios cientos quedaron en puerto a la espera de otra nave, mientras el grueso zarpó hacia el Norte, para rodear Irlanda y volver a la Península Ibérica. Y pese a que la travesía se complicó desde el primer momento, avanzó la 'Girona' hasta aguas de Irlanda del Norte. Si las condiciones acompañaban, en una semana o semana y media estarían a salvo.

Pero todo se complicó cuando un golpe de mar destrozó el timón y siendo arrastrada la 'Girona' contra los arrecifes de Lacada Point. El naufragio fue de tal calibre que de los 1.100 hombres de a bordo sólo 9 se salvaron. Además de Alonso Martínez de Leyva, perecieron más de 70 nobles, entre ellos su hermano Diego. Era el 28 de octubre de 1588.

James Machary, uno de los irlandeses que viajó junto a él, definía Leyva con estas palabras: «De elevada estatura, fina figura, blanca piel, cabello canosos, hablar bueno y liberal, conducta impecable y admirado no sólo por sus hombres, sino por todos los que le conocían».

Los rumores sobre la presencia del caballero Leyva en varios rincones de Irlanda tiempo después de haber fallecido, convirtieron al riojano en una leyenda en la isla.