MANZANAS

MANZANAS

JONÁS SAINZ - CRÍTICA DE TEATRO

Es temporada de manzanas. Manzanas, como las diseñadas por el poeta visual Joan Brossa para los Max, son la imagen del 39 Festival de Teatro de Logroño, ya a la vuelta de la esquina. Del guacamayo chismoso y cagón de La Cubana que adornó de colorines los estridentes sanmateos, pasamos a las sanas manzanas que darán aroma a los dos meses de mejor teatro en la ciudad. Por algo siempre están en este programa de otoño algunas de las obras, autores e intérpretes que en primavera optarán a los premios nacionales de las artes escénicas. Así que, siendo temporada de teatro, mordamos la manzana.

Si me preguntan cuál escoger: todas. Lo difícil es descartar. Empezando desde el principio: 'Intensamente azules' es lo último de Juan Mayorga, el mejor y más profundo dramaturgo español contemporáneo, que además dirige a César Sarachu en este monólogo sobre la percepción de la identidad.

'La valentía' es también lo más reciente de Alfredo Sanzol, una nueva entrega de su serie personal 'La ternura', 'La respiración', 'La calma mágica'... en este caso con Inma Cuevas en el reparto.

Albert Pla vuelve con sus miedos y los nuestros en su formato de teatro musical o recital teatralizado, anárquico, anarquista o anarcoide. Pla. Y regresa también, a petición popular, la impresionante María Hervás con 'Iphigenia en Vallecas'. Yo la vería cien veces. Y mil veces vería 'Bodas de Sangre', en este caso con Oriol Broggi a cargo de una intensa puesta en escena del Lorca más hermoso.

'¿Quién es el señor Schmitt?', con Sergio Peris-Mencheta dirigiendo al omnipresente Javier Gutiérrez, tiene suficiente aroma absurdo a 'cantante calva' como para no perdérsela. Aunque, sin dudarlo, si tuviera que elegir una sola obra sería 'Moby Dick', la adaptación de Juan Cavestany a partir de la novela de Melville dirigida por Andrés Lima, con Josep Maria Pou interpretando al capitán Ahab.

De otro de mis autores preferidos, Alberto Conejero, discípulo de Mayorga, Cavestany y hasta de Lorca, 'Los días de la nieve', con Rosario Pardo interpretando a Josefina Manresa, viuda de Miguel Hernández. El teatro así es poesía. Más poesía pero descarnada, 'Ahora todo es noche', de La Zaranda; nadie como Eusebio Calonge y la gente del Teatro Inestable de Ninguna Parte para dar visibilidad a los invisibles de nuestra sociedad.

Y teatro antiguo recuperado por la impagable Nao D'Amores y Ana Zamora en 'Comedia Aquilana'. Y las máscaras de Kulunka en 'Solitudes', en la línea emotiva de la maravillosa 'André y Dorine'. Y un trío de figuras femeninas imprescindibles: 'La tumba de María Zambrano', del Centro Dramático Nacional; 'Emilia', del Teatro del Barrio reivindicando a Pardo Bazán; y 'Jane Eyre' interpretada por Ariadna Gil para el Teatre Lliure.

Me dejo alguna cosa en el barril, pero no me olvido del remate con 'Un enemigo del pueblo', de Ibsen, montada por Teatro Kamikaze, seguramente la compañía española más valiente, dirigida por Àlex Rigola y protagonizada por Israel Elejalde e Irene Escolar.

De antemano ya imagino un gran festival en el Bretón; un festín. Pero no puedo evitar recordar otro más modesto que es una maravilla y toda una heroicidad: el Festival Iberoamericano de Teatro de Logroño (FITLO), celebrado hace apenas un mes, honra esta ciudad con pequeñas obras de arte como la brasileña 'Chão de pequenos' y un filosofía de la escena independiente como lugar de encuentro y resistencia. El mínimo presupuesto y las mil horas de insomnio los combaten con la ayuda de voluntarios y un ideal: creen en el teatro. Mis manzanas son para ellos.

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